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Rompiendo el país

5 min

Siempre he pensado que si algún valor añadido tiene Cataluña, ese es la capacidad de integración para con los recién llegados y la consecuente cohesión social que eso genera. No es baladí aquella frase acuñada, según parece en las entrañas de la Asamblea de Cataluña, en los albores de la Transición, que decía: es catalán quien vive y trabaja en Cataluña y que después, como tantas cosas, hizo suya Jordi Pujol.

En el libro se constata que las principales olas migratorias del siglo XX han sido determinantes para la Cataluña actual

Sin embargo, de un tiempo para acá el clima político en Cataluña, poco a poco, se va haciendo irrespirable. La máquina de expender carnets de buenos y malos catalanes funciona a destajo. Por eso, el libro recientemente publicado bajo el titulado Catalunya al mirall de la immigració. Demografia i identitat nacional (L'Avenç), ha llegado como agua de mayo. Se trata de una obra de Andreu Domingo que analiza la evolución de la población catalana desde principios del siglo XX hasta la actualidad. Es una fotografía de la Cataluña actual a partir de la inmigración. Un libro exhaustivo que, como dice la socióloga Judit Carrera, a partir del caso catalán, recorre muchos de los debates políticos, jurídicos y culturales vinculados a la inmigración en las sociedades occidentales de las últimas décadas.

Desde mi punto de vista, la importancia de libro la constituye el retrato demográfico que hace de Cataluña, la fotografía real de quiénes somos. Cuando estamos viviendo una época de tanta especulación e incertidumbre, reconforta hallar una constatación plausible de nuestra realidad demográfica, puesto que y sin la cual no se puede tener una idea correcta de la sociedad en que vivimos.

No se puede entender la evolución de Cataluña sin la inmigración. Ésta es tierra de tránsito, pero también de acogida resulta poco cuestionable. Además, en el libro se constata que las principales olas migratorias del siglo XX han sido determinantes para la Cataluña actual. Sin los tres grandes movimientos migratorios del siglo XX, el del primer tercio de siglo, el sucedido durante el franquismo y el más reciente, de finales de los años noventa y principios del siglo XXI. Cataluña no hubiera pasado de los 2 millones de habitantes en 1901 a los 7,5 millones actuales.

Los resultados de la seudo-consulta del 9N (más de cuatro millones de ciudadanos nos quedamos en casa) deberían ser tenidos en cuenta a la hora de elaborar un proyecto de futuro para Cataluña

Estos datos y otros como los resultados de la seudo-consulta del 9N (más de cuatro millones de ciudadanos nos quedamos en casa) deberían ser tenidos en cuenta a la hora de elaborar un proyecto de futuro para Cataluña. Sin embargo, Artur Mas (tal como anunció, de forma tácita, en su Conferencia en el Auditori el pasado 25 de noviembre) ha abdicado de presidente de todos los catalanes y ha decidido serlo sólo de una parte: aquellos que aspiran a un estado propio. Y si bien, eso es absolutamente legítimo en un líder de un partido político, es inadmisible en un presidente que lo debe ser de todos los ciudadanos.

Una cosa hay que reconocer: Mas, al fin, ha puesto las cartas boca arriba y ha aparcado la ambigüedad que venía utilizando desde el 25N de 2012. Ahora ya sabemos cuáles son sus intenciones: programa único de los partidos con aspiraciones soberanistas, elecciones plebiscitarias, 18 meses de aquelarre independentista y después otra vez elecciones. Mientras seguirán los desahucios, la sanidad empantanada, las listas de espera creciendo, la educación bajo mínimos y los servicios sociales en proceso de extinción.

Siempre he sentido desconfianza por los salva patrias, pero cuando además se dan aires mesiánicos me inspiran pavor. Estoy absolutamente convencido de que Artur Mas fracasará en sus aspiraciones, porque como decía Guerra (el torero) “lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible”. En cambio, es muy posible que pase a la historia como el personaje que se cargó la cohesión social, rompiendo así la convivencia del país.
Son cosas que aunque parezcan increíbles, suceden.

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¿Quién es... Bernardo Fernández?
Bernardo Fernández

Diputado autonómico del PSC entre 1999 y 2006. Técnico en Restauración de pieles y ex gerente de una empresa dedicada a la restauración de pieles. Afiliado al PSC desde 1980.

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Pepitox 25/08/2015 - 11:21h
Desde el primer párrafo el artículo cae en una gran falacia: que Cataluña es tierra de integración y cohesión social. Llevo algo más de 4 años viviendo en Cataluña y más bien lo que he visto es todo lo contrario: división social, etnolingüística, e incluso bastantes expresiones de racismo (vayan ustedes al interior y verán lo normal que es hablar de "catalans" y "castellans", aunque estos últimos vengan de Murcia o de Andalucía). Que personas que llevan 50 años viviendo en Cataluña empiecen aclarando que "yo no soy catalán, pero..." (la cantidad de veces que he oído esto) es muestra de que Cataluña es lo contrario de una tierra de integración. Con esas bases, el resto del artículo carece de interés.
JuanPerez 25/08/2015 - 11:21h
"No se puede entender la evolución de Cataluña sin la inmigración. Ésta es tierra de tránsito, pero también de acogida resulta poco cuestionable." Deixant de banda que la frase est`pa mal construïda, que hi manca un "Que" inicial per donar-li sentit, el que jo vull comentar és la petició de principi que hi ha a la frase: Dona per fet que Catalunya és o deixa de ser independentment dels qui l'habitan i, per tant, la construeixen dia rere dia. Aquest esencialisme falta a la veritat. NO hi ha tal cosa, tret d'en ments malaltisses, com una Catalunya feta que "acull" immigrants. Fem Catalunya cada dia i mai no és igual, tot i que tingui una història, però viure a la història en comptes de a la Catalunya real, ja veiem el que suposa de desfeta de la racionalitat i d'avifament de l'odi.
JoaquinM 25/08/2015 - 11:21h
Sería de agradecer más exactitud en la terminología. El título del artículo es equívoco, puesto que obviamente el país que está actualmente amenazado de ser quebrado es España (la rotura social interna en Cataluña sería una suerte de "daño colateral" asumible para los separatistas). Esto de hacer un artículo entero sobre el problema separatista y no referirse ni preocuparse en ningún momento por el conjunto del país que se quiere romper, como si fuera un problema de nada más que de los catalanes, ya cae en lo enfermizo. Es básico conseguir salir del imaginario solipsista pujolista-vanguardista y que los catalanes comiencen a ver que su país no se acaba en el Ebro sino que sigue mucho más allá, hasta Cádiz y Finisterre, y luego por mar hasta las Canarias. El plan separatista no es de libertad para los catalanes, es de reducción vital en todos los sentidos: reducción empobrecedora de su comunidad política, cultural e histórica compartida con el resto de españoles.
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