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Prohibiciones y censuras

5 min

Cuentan los cronistas que la Barcelona de los años 70 era una ciudad abierta y cosmopolita, símbolo de libertad para muchos jóvenes que dieron rienda suelta a la creatividad más vanguardista, a la literatura más provocadora, y a cualquier manifestación cultural o artística. Era una ciudad viva e irresistible a cuantos llegaban desde cualquier lugar de España.

En los 90, Barcelona le dijo "hola" al mundo desde un estadio olímpico repleto de ilusiones en un proyecto común que dejó una huella histórica en la ciudad.

La Barcelona de hoy languidece y se desliza hacia el ocaso cultural más rancio y estéril de los últimos siglos. El independentismo la ha convertido en un instrumento más al servicio del proyecto separatista que cercena cualquier manifestación cultural que no se ajuste a los dictados del régimen, llegando incluso a arruinar al mismísimo teatro del Liceo que ha sobrevivido a los más graves envites a lo largo de la historia. Cualquier excusa es buena para amenazar la libertad de expresión artística o la capacidad creativa, prohibiendo, restringiendo o amordazando a quienes no estén inscritos en la lista que les señale como "un dels nostres".

En cambio, por aquello del "hecha la ley, hecha la trampa", vía enmienda patriótica se indultaron los correbous

Hace unos años, sin ningún inconveniente y sobredosis de mal gusto, se promocionaba en las banderolas de la ciudad una exposición en el CCCB denominada "Quinquis de los 80" que recordaba a una generación de peligrosos delincuentes a los que convirtieron en leyenda cinematográfica. El Ayuntamiento de Barcelona se niega hoy a promocionar en esas mismas banderolas el retrato de un torero como imagen promocional de la muestra internacional de fotoperiodismo World Press Photo que exhibe estos días el mismo Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB).

Hace unos meses se denegó la licencia para rodar en la plaza de toros de la ciudad escenas taurinas para una película de producción extranjera provocando pérdidas millonarias y ahuyentando de Barcelona futuras iniciativas cinematográficas.

La supuesta falta de rigor histórico sirvió como excusa para negar la autorización del rodaje de varias escenas en la Plaza del Rey de Barcelona para la serie Isabel. En cambio, sí se han dado todas las facilidades para rodar en el monasterio de Santes Creus la película sobre la tergiversada historia del sitio de Barcelona en 1714.

El sufrimiento animal fue el pretexto para prohibir las corridas de toros en Cataluña. Que Barcelona fuera la ciudad con más plazas de toros de España y dispusiera de una dilatada tradición taurina no la salvó de la prohibición. En cambio, por aquello del "hecha la ley, hecha la trampa", vía enmienda patriótica se indultaron los correbous por respeto a las tradiciones populares de las tierras del Montsià.

La libertad es enemiga del prohibicionismo y supone responsabilidad y espíritu crítico

Por si no fuera bastante, esta semana, cinco grupos parlamentarios solicitan la discriminatoria prohibición del circo con animales, ante el estupor de la asociación de profesionales del circo de Cataluña entre los que se cuentan los galardonados con el premio Ciudad de Barcelona y el Premio Nacional de Cultura en la categoría de circo, concedidos el año 2010 a dos compañías circenses premiadas precisamente por sus espectáculos con animales.

La Barcelona que fue vanguardista, abierta y cosmopolita, desaparece a la sombra de un gobierno que pretende utilizarla como una herramienta más al servicio del despropósito separatista. Usando la censura para prohibir todo cuanto no les gusta o no se ajusta a su dirigismo político, a su dictadura lingüística o a su manipulación histórica. Siempre imbuidos de una falsa superioridad moral con la que hoy ya no disimulan su desprecio por lo español.

La libertad es enemiga del prohibicionismo y supone responsabilidad y espíritu crítico. Será por eso que algunos la temen tanto. Me vienen a la memoria unas palabras de Mario Vargas Llosa: "La decadencia cultural puede llevar al hombre de nuevo a las cavernas". Y no sé por qué, me he acordado del sarcófago de piedras que han construido en el mercado del Borne.

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¿Quién es... Carina Mejías?
Carina Mejías

Diputada autonómica de Ciudadanos. Ex concejal en el Ayuntamiento de Barcelona. Licenciada en Derecho por la UB y máster en estudios humanísticos y sociales por la Universidad Abad Oliba. Ha sido procuradora en los tribunales de Barcelona. Es miembro del Ilustre Colegio de Procuradores de los Tribunales de Barcelona y del Ilustre Colegio de Abogados de Barcelona.

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Olegario 25/08/2015 - 11:35h
Pasado y el presente no son realidades dispares. Es una cuestión de grado y de evolución. En los 70 adorábamos la cançó porque rompía con la copla y con el ramplonismo de Benidorm, imitaba la canción francesa y remitía al Mayo del 68. En la Barcelona olímpica dimos categoría de genial a la forma de hacer política de Maragall. En la transición concedimos aureola de izquierdismo al nacionalismo; aceptamos al mismo Pujol como mártir antifranquista y socialdemócrata escandinavo. Santificamos el trío "Llibertad, Amnistía y Estatut" como consustanciales. El error era nuestra ingenuidad. En ese tiempo se consolidaba l'Assemblea de Catalunyal, donde se decidía quién era catalán y qué condiciones debía tener; se gestaba la fagocitación del socialismo y del comunismo disponiendo a quién de las "familias" le tocaba liderarlos. Se sentaban las bases de la Cataluña que nos repugna: étnica, corrupta y ajena a las leyes.
Eduardo Pinzolas 25/08/2015 - 11:35h
La censura, que no es sino el sometimiento de la opinión pública al pensamiento único y al discurso oficial, es requisito esencial del espíritu totalitario y se hace siempre desde un plano de superioridad moral sobre lo diferente, otro rasgo consustancial a ese espíritu. Carina ha expuesto las muestras más divulgadas de esa censura que se ejerce hoy en Cataluña a cargo del poder institucional nacionalista y su pensamiento (todos saben, sabemos, que la prohibición de las corridas tenía muy poco que ver con la defensa de los animales y sí mucho con una forma de censura y erradicación de una costumbre, llamémosla así, muy vinculada a lo español). En Barcelona capital, como gran urbe con más espacios y recursos para manifestaciones culturales, todavía es necesaria la censura institucional, camuflada con excusas variopintas, para suprimir la diferencia. En la provincia interior, ni siquiera es necesaria.
Eduardo Pinzolas 25/08/2015 - 11:35h
(2)Allí ya no llega la diferencia y la poca cultura que se programa responde únicamente a los criterios de los programadores (ayuntamientos y entidades) que son casi exclusivamente representantes de la corriente oficial. Así que lo que allí impera es el folklore y el negocio de los que pronunciaron oportunamente alguna boutade graciosa para el nacionalismo y requieren recompensa: Rubianes, Toni Albà y demás oficiantes.
Juan Pérez 25/08/2015 - 11:35h
En tot cas, això a més excitant l'aventura de l'esperit creador que ha de trencar els motllos coercitius que li vol imposar la dreta governant. Ara és quan té més sentit que mai l'acció cultural contra ls valors caducs dels qui manen; ara és quan qualsevol manifestació artística que reivindiqui la llibertat de pensament, de creació i d'acció cultural no sotmesa al poder, ha de manifestar-se amb tota la força del món. És a dir, necessitem forces creatives que s'oposin a les forces de l'establishment cassolà, tot i que tinguin al darrera radios i televisions.
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