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Philomena o 'el rostro humano de la noticia…' La mirada respetuosa de Stephen Frears hacia la complejidad de lo real

Crítica Cinematográfica

05.05.2014 11:02 h.
7 min



Título original: Philomena
Año: 2013
Duración: 98 min.
País: Reino Unido
Director: Stephen Frears
Guión: Steve Coogan, Jeff Pope (Libro: Martin Sixsmith)
Música: Alexandre Despla
Fotografía: Robbie Ryan
Reparto: Judi Dench, Steve Coogan, Charlie Murphy, Simone Lahbib, Anna Maxwell Martin,Neve Gachev, Sophie Kennedy Clark, Charlotte Rickard, Nichola Fynn, Cathy Belton.

Nadie puede discutirle a Stephen Frears haberse ganado a pulso una reputación indiscutible en el séptimo arte. Desde Mi hermosa lavandería, que podía verse como un homenaje gradecido al Free cinema que tantas puertas renovadoras abrió en la cinematografía inglesa –fue ayudante de dirección de Lindsay Anderson en If, por ejemplo, pasando por la desafiante y magnífica biografía de Joe Orton, Ábrete de orejas (así titulada ridículamente para evitar tanto el juego erótico del título Prick your ears, en el que ears es anagrama de arse, 'culo' y prick es argot para 'pene' como el uso idiomático que en argot ha de traducirse por 'Empálmate') y acabando en películas tan recordadas como Las relaciones peligrosas, Los timadores, Alta fidelidad o la reciente The Queen, tan exitosa.

Así pues, la propia firma del film es ya un poderoso incentivo para pasar por taquilla, y, como era de esperar, la película no solo no defrauda las expectativas que pudiéramos haber tenido en función de su largo historial de éxitos, sino que añade uno más a una larga y fecunda carrera. Con la edad, sin embargo, Frears ha modulado aquella mirada irreverente con que despellejaba el mundo burgués desde la descripción de seres que habitaban en los márgenes de la sociedad y ahora nos ofrece un asunto de mucho interés y de enorme actualidad en España: el caso de los niños robados a sus madres en las instituciones religiosas o en los hospitales por unas monjas, supuestamente caritativas que no dudaban en vender a muy alto precio aquellas criaturas que les eran arrebatadas a sus madres y en mantener, como en el caso de la película, sometidas a esclavitud laboral a las madres de cuyos pecados de lujuria eran el fruto esas criaturas.

Como vemos, podríamos movernos en un terreno abonado para la explotación de la sentimentalidad, pero la elección del personaje a través del cual iremos descubriendo la historia de esa madre que quiere reencontrarse con el hijo que le arrebataron, un periodista al servicio del gobierno laborista de Tony Blair, caído en desgracia, y que acepta escribir un reportaje sobre un 'asunto de interés humano', un género totalmente alejado de su dedicación política (es especialista en historia y política rusa), permite al espectador asistir a una curiosa unión de contrarios en pro de una causa común que acabará, como exige el guión, transformando las posiciones de partida de ambos personajes, la madre y el periodista: la primera, religiosa y comprensiva con la actuación de las monjas que la acogieron cuando niña y que incluso llega a justificar que dieran a su hijo en adopción porque eso le permitía tener un futuro que ella no podría haberle ofrecido; el segundo, un ateo confeso para quien esas monjas representan la maldad en estado puro.

Que ambos personajes hayan de viajar, primero a Irlanda, donde transcurrió la adolescencia y primera juventud de la madre –en unas escenas prodigiosamente recreadas, con ese don que tiene la industria inglesa para las ambientaciones de época, con un detallismo y una verosimilitud incomparables– y después a Washington, porque su hijo, adoptado por una familia norteamericana, llegaría a trabajar en la administración Reagan antes de morir de sida, nos sirve en bandeja una convivencia entre dos mundos totalmente alejados: el del flaubertiano corazón sencillo que es Philomena y el del resabiado, burlón y altanero high brow periodista político: ambos interpretados exquisitamente por Judi Dench y Steve Coogan, quien también firma el guión de la película, amén de ser productor, de ahí la cuota de pantalla que se reserva, para satisfacción del espectador, no obstante, porque la creación del desengañado periodista en sus horas profesionales más bajas está a la altura de la interpretación magistral de Dench.

No se trata de dos caracterizaciones tópicas cuyos rasgos más evidentes se ofrecen en choque continuo para que el espectador asista a una lucha de clases: la enfermera amante de las novelas románticas frente al licenciado en Oxford –Oxbridge, se empeña en decir la protagonista todo el rato, para desesperación del lector de T.S. Elliot…–, sino de la difícil convivencia entre dos seres humanos que irán mostrándose ante el espectador con sus debilidades y grandezas, desnudándose en sus actos y sus palabras para comprender, y sobre todo respetar, la posición del otro.

Si el periodista le abre los ojos sobre la cruda realidad del interés mercantil que tenían las monjas en los hijos de las internas y en ellas mismas, sometidas a un régimen de trabajo que nada tenía que envidiar, anacrónicamente, a la explotación de los chinos en los talleres clandestinos de nuestra ciudad; ella le enseña la flor exquisita y espinosa de la ética: perdonar a quien nos ha ofendido para que el odio no nos envenene de por vida hasta los mismísimos umbrales de la muerte.

La película está estructurada como una investigación biográfica muy hábilmente dispuesta, porque cuando pudiera parecer que todo se ha resuelto de modo 'natural', es cuando emerge el verdadero sentido de la búsqueda. El hecho de que la película esté basada en una historia real ajena a nuestra realidad mediática, añade un elemento de interés muy notable a la historia, y le permite al espectador emocionado –sí, también es una película justificadamente kleenéxica, porque la historia y la interpretación de Judi Dench sitúan al espectador ante dolorosísimas emociones y consuelos genuinos– ampliar su búsqueda de información, tanto en la dirección del periodista que escribió el libro sobre Philomena Lee, Martin Sixsmith (Philomena, Editorial Suma de Letras), como en el de las prácticas esclavizadoras de algunas instituciones católicas, nada católicas. Hay películas que, más allá del legítimo entretenimiento a que aspira el séptimo arte, se convierten en profundas experiencias humanas. Ésta es una de ellas.

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Juan Pérez 25/08/2015 - 11:28h
Pues si ha percibido semejante tonillo impertinente, nada puedo hacer yo ante tal audición, pero sí quiero manifestarle, m.a., que en modo alguno las he pronunciado sino con el tono neutro de una petición a la que Vd. responde y que, en consecuencia, le agradezco. Después de la lectura atenta de su exposición, veo que estamos más cerca en cuanto a nuestros juicios críticos se refiere de lo que pudiera parecer por el "desencuentro" crítico inicial. Es más, incluye Vd. algunos elogios que yo no comparto. Y estoy de acuerdo con Vd. en que está sobrevalorada la actuación de Judi Dench. Discrepo, no obstante, en que la finalidad última de la película sea lo de la denuncia de las prácticas corruptas de la Iglesia católica, que constituyen, de hecho, un lugar común. Yo al menos vi la película como un "encuentro" de dos mundos separados por abismos que, si no se salvan en la película, sí que se buscan, para atravesarlo, algunos puentes, frágiles, que nos permitan
Juan Pérez 25/08/2015 - 11:28h
cruzarlos, es decir, no perder la esperanza de que el diálogo entre tan desiguales sea posible, porque ello nos acercaría irremediablemente, si no estamos ya en ello, a una versión meramente eonomicista del despotismo ilustrado. Choque de psicologías, de clases, de temperamentos y de naturalezas, todo eso me pareció el tema de la película. Y ahí sí que la referencia a los hechos verdaderos es absolutamente indiferente. Sobre todo para un público no inglés que, como en mi caso, lo desconocía todo del tema. En esta situación, pues, ¿qué diferencia hay entre ficción y realidad? Ninguna. Gracias por haberse tomado la molestia de compartir conmigo y los comentaristas de G sus opiniones, de innegable interés. Afectuosamente, Juan
MiquelEscudero 25/08/2015 - 11:28h
La he pogut veure ja, i he de dir que em va agradar més del que m'imaginava abans d'entrar al cinema. Humana, ferma, tendra, amb sentit de l'humor davant l'adversitat i la desgràcia, ben interpretada i ben oferta.
Olegario 25/08/2015 - 11:28h
Lo que está muy bien es incluir en C.G. estos textos de crítica y orientación cinematográfica. Se agradece. Que se repita, please.
Juan Pérez 25/08/2015 - 11:28h
Olegario, si clica a la secció de Cultura, hi trobarà fins a 13 crítiques de pel·lícules -si no recordo malament- ja publicades i 2 d'obres de teatre. Gràcies per la part del "piropo" que em toca...
m.a. 25/08/2015 - 11:28h
A J.P. "Em satisfà moltíssim trobar opinions contràries a la meva, i més encara que me les argumentin. Gràcies." ...Percibo un tonillo algo impertinente en su forma de pedirme, exigirme explicaciones sobre mi comentario. Me limito a expresar mi opinión sobre diferentes temas sin pretender entrar en ningún tipo de debate con otros comentaristas. Aún más si utilizan coletillas como por la presente. Atentamente
m.a. 25/08/2015 - 11:28h
¡Qué peligro tienen las películas con mensaje! Una “buena” película con mensaje, debe estar, además, basada en hechos reales. Pero no nos cansamos de repetirlo: cualquier objetivo que tenga una obra artística es respetable, pero no debe olvidar que su esencia es la propia condición artística. Stephen Frears pone el piloto automático en Philomena y nos entrega una cinta con mensaje, de fuerte crítica a la Iglesia Católica, pero que no pasa de ser un ejercicio rutinario creado para satisfacer al espectador biempensante. Frears se basó en el libro de Martin Sixmith sobre una mujer mayor que decide buscar a su hijo.A veces nos preguntamos por qué no se hace un documental con historias reales de este tipo. Esa es la forma más honesta de denunciar. Si optamos por la ficción, debemos respetar otras premisas. Pero con un documental se llega a menos gente… Y se gana menos pasta. “Estaría bien que el Papa viese esta película. Me interesa su opinión“, comentó Frears durante la pre
m.a. 25/08/2015 - 11:28h
presentación de su película durante el Festival de Venecia. Judy Dench, que interpreta a la protagonista de la historia, dijo así mismo, que “el objetivo de la película es hacerla justicia”. A Philomena. Bien. Correcto. Loable. Pero, peligroso. Si una cinta parte de estos supuestos (atacar a la Iglesia Católica y homenajear a una de sus terribles víctimas), tiene que esforzarse mucho para no caer en la rutina de telefilm, tiene que poner mucho de su parte para no ser otro cuento moralizante de buenos y malos. Y Frears no ha sudado mucho con ...Philomena. Corrección, contención, amabilidad, y mucha autocompasión. Personajes dibujados con tanto cuidado para que empaticemos con ellos que nos resultan artificiosos. a relación entre el periodista arrogante y la mujer mayor y religiosa es el elemento catalizador del relato. Su primer encuentro en un café muestra que ambos se encuentran a años luz. La historia, por supuesto, acabará uniéndolos, hasta el punto que podemos vislumbrar el diál
m.a. 25/08/2015 - 11:28h
a A P, No me había dado cuenta que Vd. es el autor del artículo, lo que me ha causado una mayor indignación. No se puede estar en misa y repicando. O autor, o comentarista. Sólo faltaría que cada vez que se hace un comentario, el articulista nos pidiera explicaciones. Y aún si fuera con la debida cortesía, pero en su caso ese tornillo melifluo resulta particularmente molesto. Otro asunto, el mío fue escrito en español, lengua que supongo conoce, y sin saber si yo entiendo catalán, lo utilizó para pedirme explicaciones. Atentamente.
m.a. 25/08/2015 - 11:28h
Cuando un director hace una Película, que no un documental, aunque se base en hechos reales y a partir de un libro, tiene licencia, es más, debe hacerlo, para darle la vuelta como a un calcetín siempre que se respete el trasfondo de la historia, o sea que no vale el "guión se ajusta a hechos reales"Previsible",el proceso de reconversión del periodista, la última secuencia en que Dench vuelve a contar historietas. "Diálogos tontos", esas historietas, la escena con el camarero, el asunto del albornoz (una Sra. de su perfil es ávida lectora del Hello!) La inconsecuencia, acaba de descubrir la tumba de su hijo, después de todo el periplo, y en dos minutos contando historietas. El acentillo de Dench a lo My Fair Lady, a la caza del Oscar. Escenas buscando la complicidad barata del espectador, típica de filmes edulcorados,con sus molestas risillas. El mismo día vi en Canal una sobre una niña soldado africana, película que no reportaje, y aquello sí era una lección de cine, sin concesiones.
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