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Oda a los cocineros tímidos

21.11.2015 00:00 h.
2 min

Amo a los cocineros que no salen en los concursos de televisión, ni en los anuncios de coches, que no venden vinos o neveras o seguros. Amo a los cocineros que no van a congresos ni se pasan la vida hablando de lo que hacen, y que cuando van, caen en la cuenta de que lo que hacen no se puede explicar con palabras.

Amo a esos hombres y mujeres tímidos que gozan de manera salvaje e infantil con las manos en la masa, que tienen un don que no se puede descifrar ni traducir ni replicar

Amo a los cocineros a los que la lista de los mejores restaurantes del mundo se las trae al pairo. Amo a los cocineros que no hacen la pelota a los críticos gastronómicos. Amo a los cocineros que empiezan a sudar cuando ven una cámara. A los cocineros que no salen a preguntarte al comedor qué te ha parecido la comida, mientras ya miran la mesa de los siguientes comensales. Amo a los cocineros que cuando te preguntan qué te ha parecido, lo preguntan de verdad.

Amo a esos hombres y mujeres tímidos que gozan de manera salvaje e infantil con las manos en la masa, que tienen un don que no se puede descifrar ni traducir ni replicar. Amo a la persona que hace las tortillas de patatas de Casa Néstor (Donosti), pero tambien al desconocido o la desconocida que hace la tortilla que te dan gratis en la cafetería La Flor (Madrid).

Amo a los cocineros que se equivocan y rectifican y luchan y se sacrifican y sólo se sienten los amos del mundo en su cocina. Amo a Fina Puigdevall de Les Cols (Girona) porque es humilde y tímida y tiene dos estrellas en la guía Michelin pero no se le caen los anillos por hacer la mejor "escudella i carn d'olla" que recuerdo a un precio de risa y le tiemblan las manos en los congresos a los que acude a regañadientes. Pero a la que no le tiemblan las manos cuando cocina.

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tobermory 29/11/2015 - 11:42h
Totalmente de acuerdo. Con la explosión mediática de todo lo que tenga que ver con los cocineros y sus pucheros, comer en casa de uno tímido y que ame a sus comensales como sus comensales le aman, es tener mucha potra. Anoto Les Cols (Girona), gracias, y me relamo de antemano pensando en la próxima cena con los amigos en el Ática del carrer de Galileu (Barcelona). Si es difícil encontrar a un cocinero como Fina o como Borja del Ática con ese entusiasmo por lo que hacen, encontrar a un crítico gastronómico al que le guste la buena comida y que vaya de por libre, como Miquel Sen en su "Confieso que he comido", es como encontrar una aguja en un pajar. Saludos.
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