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No encontrarás trabajo

6 min

Un amigo me contaba que cuando él era pequeño, allá por los 80, el catalán le resultaba una lengua muy antipática porque los profesores repetían constantemente que tenían que aprenderla porque si no, no encontrarían trabajo. A él, que acabó hablando francés, inglés, italiano y alemán, le resultaba insoportable aprender una lengua bajo lo que le sonaba como una amenaza. Desde luego, sus antiguos profesores no ganarían nunca el premio a pedagogos del año pues si algo tengo claro tras haber dedicado parte de mi trayectoria académica y profesional a la enseñanza del español como lengua extranjera es que la mejor manera de aprender un idioma es por amor: amor a un país, a una cultura o, sobre todo, a una persona porque nadie estudia con más entusiasmo que aquel que quiere conocer la lengua de la persona de la que se ha enamorado.

En todo caso, el argumento que daban estos profesores no es baladí y sirve para ilustrar perfectamente la situación de Cataluña en la que el catalán es la lengua del poder y de las clases altas por lo que el uso de esta lengua es necesario en tanto que ascensor social. Esto lo estudia muy bien Thomas Jeffrey Miley, profesor de Sociología en Cambridge, en su imprescindible libro Nacionalismo y política lingüística: el caso de Cataluña (2006), fruto de su tesis doctoral. En él se explica, por ejemplo, que aunque el 38% de personas tienen el catalán como primera lengua, el 80% de la élite de la administración pública es catalanohablante, cifra que asciende hasta el 89% en el caso de los parlamentarios catalanes. Con semejantes cifras no es de extrañar el apoyo mayoritario a la inmersión lingüística entre nuestros políticos.

El catalán es la lengua de las élites políticas y económicas aunque, curiosamente, en Cataluña se habla poco de ello

Miley recoge también las conclusiones del estudio La transformació de la societat metropolitana que afirman que si bien en el 52% de los hogares que pertenecen a categorías socioprofesionales altas todos su miembros se declaran catalanohablantes, la cifra se reduce al 18% en los hogares que pertenecen a categorías socioprofesionales bajas. Cabe recordar que en el área metropolitana vive casi el 65% de la población catalana por lo que estas cifras resultan especialmente significativas.

Con estos datos y muchos otros que aparecen en el citado libro, podemos constatar que el catalán es la lengua de las élites políticas y económicas aunque, curiosamente, en Cataluña se habla poco de ello, entre otras cosas porque según el discurso creado y difundido desde el poder, el pueblo de Cataluña -ese "un sol poble"- lucha unido en un férreo bloque por la defensa de la lengua catalana y la construcción nacional. Desde luego, nada más lejos de la realidad como demuestra el hecho de que tras años de inmersión lingüística obligatoria, solo el 13% de los castellanohablantes cambien al catalán como lengua de uso, pero ellos a lo suyo, que para eso son los que mandan y tienen los medios de comunicación y los mecanismos de propaganda a su servicio.

Volviendo a mi amigo y a la amenaza de "no encontrarás trabajo", uno de los efectos más perversos de la "normalización lingüística" -¿en serio alguien ve normal que pretendan imponerte un idioma?- es que, en numerosas ocasiones, lo que acaba es provocando un rechazo a la lengua que se pretende defender pues esto se hace a costa de, subliminalmente, mostrar que la lengua materna de la mayoría de los catalanes no es la adecuada para desenvolverse en Cataluña. Además de no ser suficiente para lograr un empleo, como no es lengua vehicular en la escuela y tiene menos presencia en las aulas que el inglés, se transmite la idea de que tampoco es una lengua válida para la cultura. Esto parece confirmarse con la ausencia de autores que escriben español del nuevo portal web 'Lletres Catalanes'. A nadie con un mínimo de criterio literario se le ocurriría prescindir de autores catalanes como Ana María Matute, Vázquez Montalbán o Juan Marsé, pero parece que "Catalonia is different" y luego pasa lo que pasa cuando te invitan a la Feria del Libro de Fráncfort, decides no contar con los grandes nombres y los organizadores acaban bastante enfadados porque esos eran, precisamente, los que ellos quería allí y no un "equipo de segunda" como se escribió en el prestigioso Frankfurter Allgemeine.

No faltará quien saque a relucir que el catalán debe gozar de mayor protección como desagravio al trato recibido durante el franquismo. Por supuesto, lo que pasó durante la dictadura con respecto a las lenguas y a las libertades fue terrible, pero de ninguna manera sirve para legitimar políticas injustas casi cuarenta años después de la muerte Franco. Y es que, como bien dice Fernando Savater, las lenguas tienen dos grandes enemigos: los que las prohíben y los que las imponen. Que no se nos olvide.

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¿Quién es... Sonia Sierra?
Sonia Sierra
Doctora en Filología española y profesora de Lengua y Literatura españolas en Barcelona. Miembro del colectivo Puerta de Brandemburgo. Concejal de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Barcelona.
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MCL 25/08/2015 - 11:25h
La lengua catalana y su imposición, que no su aprendizaje, fue siempre un arma política. Habia que homogeneizar a la poblacion porque los ciudadanos de lengua materna catalana eran ( y siguen siendo) minoria. No tenia sentido decir que eran Una Nacion con lengua "propia"( el catalán) si mas de la mitad de la poblacion hablaba la "impropia", ( el español).No haber considerado este hecho nos ha llevado donde estamos.
MonnerSans 25/08/2015 - 11:25h
El artículo me ha parecido muy acertado. Pero yo le aportaría una pequeña matización: Durante el franquismo la lengua catalana y las entidades para su promoción y defensa sufrieron mucho menos de lo que sucede ahora con la lengua castellana. Así, cabe recordar que, ya en 1945, se crea la primera "escola catalana" que usaría el catalán como lengua vehicular(concretamente la Escola Virtèlia, que recogería a buena parte de los alumnos -entre ellos Jordi Pujol- del Colegio Alemán cerrado tras la derrota de los nazis en dicho año). A ésta le seguirían otras muchas escuelas(Escola Thau, Escola Mireia, etc...). Así mismo, y pocos años después, se fundaría Omnium Cultural, se instituirían el Premi d´Honor de les Lletres Catalanes o el Premi Nadal, nacerían numerosas e importantes publicaciones, tanto para adultos (Ej: Serra D´Or), como para niños (Ej: Cavall Fort), se crearía el "circuit català" de TVE (¿para cuándo un "circuito castellano" en TV3?), y así muchos más ejemplos similares.
Olegario 25/08/2015 - 11:25h
Sonia da en el clavo. ¿Quién duda de las infinitas utilidades de una cuerda?. Sin embargo, es palabra tabú en casa del ahorcado.
MiquelEscudero 25/08/2015 - 11:25h
Molt bé, Sonia. És estrictament així: "la mejor manera de aprender un idioma es por amor: amor a un país, a una cultura o, sobre todo, a una persona".
Juan Pérez 25/08/2015 - 11:25h
Des de que pels mateixos anys 80 va començar, primer la "normalització" lingüística i després la immersió, vaig defensar una idea que, a la llarga, la realitat m'ha confirmat: els pitjors enemics de la normalització del català són els professors de català. Perquè, tret d'algunes, però poques, excepcions, van fer molt antipàtica l'assignatura amb aquella hiperdedicació a l'ortografia que mai no sembla que arribi a tenir bons resultats. si afegim, a sobre, l'esquerp posat patriòtic de superioritat de tota mena, a qui pot estranyar que el català no tiri endavant i molt menys que pugui en un termini raonable acostar-se a la força expansiva del castellà? Com ho va dir Branchadell, el català és la llengua oficial, però el castellà és, pels nanos,la llengua de la llibertat. Interrogada una d'aquestes professores sobre Marsé, es va despatxar amb una resposta que se'm va quedar clavada com un diagnòstic tumoral: Això és subcultura!
Pepitox 25/08/2015 - 11:25h
Empecé a estudiar catalán en Madrid, por amor (el mismo amor que describe perfectamente Sonia). Aprendí muchísimo y lo disfruté tanto que aún tengo vivo el recuerdo como si fuera ayer, a pesar de que han pasado algunos años ya. Después vine a trabajar a Barcelona y el catalán yo no fue una lengua de amor, sino de obligación: la exigencia del famoso "nivell C". Hice el curso (mi segundo curso de catalán, después del de Madrid). Por motivación (por mi parte) y por estilo (ahora lo explico), el curso pasó sin pena ni gloria, aunque me saqué el título, que parecía ser lo único que contaba. En Madrid la profesora y los alumnos teníamos la motivación del "amor" (ella a su lengua, los demás a aprender la que es la segunda lengua más importante de España), en Barcelona la profesora mezclaba de manera obscena su obsesión por "la llengua" (ya no era amor, era política) con improcedentes comentarios políticos. Era lamentable (sigue)
Pepitox 25/08/2015 - 11:25h
(Sigue) Era lamentable, sobre todo recordando la maravillosa experiencia de aprender catalán en Madrid, sin presiones ni tensiones. De hecho, en la época de aprender catalán en Madrid usaba mucho más el catalán cuando iba episódicamente a Cataluña que desde que vivo en Barcelona. En cuanto llegué aquí (y con la patética experiencia del curso "obligado" del "nivell C"), me di cuenta de que ante la obligación, yo decidía. Solo hablo en catalán con quien a mí me da la gana. Y, por supuesto, en las instituciones (y trabajo en una de ellas), siempre, exclusivamente, en la lengua oficial por la que opto, el español. Una vez contada mi historia, simplemente decir que el artículo de Sonia es, como suele ser, extraordinario.
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