Ni Dios ni Mas nos lo va a quitar

por Roberto Giménez

25.08.2015
Roberto Giménez
4 min

El colega Rafael Núñez escribía el 20 de agosto, en este portal, un interesante artículo titulado '¿Unionistas, españolistas, constitucionalistas?' en el que planteaba un debate con el método socrático de ironía-dialéctica-mayéutica; en roman paladino: pregunta-respuesta-parto.

El esquema socrático quedó incompleto porque hubo respuesta a la pregunta, pero no el alumbramiento (parto) de una palabra exitosa, imposible de encontrar en el diccionario de la RAE que tiene 91.333 entradas en su última edición de octubre del pasado año.

Llamarles soberanistas o independentistas es una ventaja dialéctica, porque equivale a otorgarles palabras que conceptualmente son positifas: soberanía o independencia

De ese parto quiero hablar, pero cambiando las reglas del juego semántico planteado por el hábil periodista. No voy a rehuir del parto, pero a su tiempo. Al corolario de mi planteamiento. Al final.

Al rival, ni agua (no me gusta llamarles enemigos porque entre ellos tengo algunos amigos, de los que hablar de este tema queda prohibido, para preservar nuestra amistad forjada antes de esta epidemia).

Llamarles soberanistas o independentistas es una ventaja dialéctica, porque equivale a otorgarles palabras que conceptualmente son positifas: soberanía o independencia. Nadie cuestiona estos dos conceptos filosóficos, todos queremos ser soberanos y no dependientes.... Ambas ideas argumentalmente son positifas...

No hay que darles ventaja, sino endosarle una palabra con regusto amargo, negatifo, que no sea peyorativa, ni mucho menos un insulto (quien insulta se descalifica). Y esa idea es la de quien quiere separarnos del resto de los españoles. O sea, los separatistas.

El problema de esta palabra que funciona tanto como sustantivo como adjetivo, es que fue usada hasta la nausea por el franquismo. Salvo cuando era utilizada por los coros y danzas de la Sección Femenina, la dictadura calificaba separatistas a todos quienes izaban la senyera que estaba en un cuarto del escudo franquista.

Este inconveniente ha pasado a mejor vida después de cuarenta años de lao muerte del dictador. El franquismo está en el Museo Arqueológico de la Historia del pasado siglo.

Debemos llamar a quienes nos quieren separar, como lo que son, con el sufijo, separatista. No hacerlo así es darles ventaja dialéctica

De hecho, TV3, La Nostra, utiliza en su libro de estilo esa palabra para calificar a los ucranianos pro rusos que luchan por separarse de Ucrania para volver a la madre Rusia. La tele utiliza esa palabra fea para calificar a los terroristas que pretenden separarse del Estado al que forman parte... TV3 no les llama independentistas, siéndolo, sino que salvaguardan esa palabra que tiene resonancias positifas en su universo mental.

Es un planteamiento semiótico. TV3 es altamente profesional. Por esta misma razón debemos llamar a quienes nos quieren separar, como lo que son, con el sufijo, separatista. No hacerlo así es darles ventaja dialéctica.

¿Y nosotros, catalanes no separatistas, cómo nos definimos?

No me considero unionista porque no estoy separado; ni españolista porque no soy seguidor del RCD Espanyol, ni tampoco constitucionalista, porque, aunque lo sea, nacionalmente no me identifico con una Constitución. Mi patria es algo más que una Carta Magna, que una Ley, por bonita que sea. Es algo más íntimo. Se lleva en el corazón.

No me gustan los ismos ni los istas que, como todos los sufijos acabados en itis, equivalen a irritación, una inflamación. Una patología (lo explico con más detalle en mi artículo ‘Por qué no soy nacional-ista’).

¿Qué soy? ¿Qué me siento? Como he nacido en Cataluña, y mi mujer y mis hijos también (en Lleida están enterrados mis abuelos); todos nos sentimos lo que somos: catalanes y españoles. A palo seco.

Y ese sentimiento nacional no nos lo va a quitar ni Dios... ¡Ni Mas!

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m.a. 26/08/2015 - 10:10h
Hace ya tiempo que le estoy dando vueltas al asunto. Yo tampoco me siento nada especialmente. Una ex amiga, por razones obvias, me espetó en nuestra última conversación, que se sentía catalana. Bueno, supongo que son así, con subidón de ego. Ahora bien, por lo que manifiestan ser y, sobre todo, por lo que prponen hacer, la voz que me sube a la boca es, sediciosos.
jsm 26/08/2015 - 10:10h
Muy bueno. Una pega: escribir Lleida, cuando el artículo está escrito en español
Mateos 26/08/2015 - 10:10h
[jsm]: "Reproche" similar al que comenta le hice a este mismo autor por otros anteriores artículos suyos en español en que escribía Catalunya en lugar de Cataluña. Lo cierto es que, y este mismo artículo es un ejemplo, ya no lo hace. Quizá es debido a una "costumbre", pero probablemente también "rectifique" en lo que hace a Lérida, Gerona o similar, lo que es de agradecer y reconocer.
Roberto 26/08/2015 - 10:10h
Mateos: no he rectificado, sino me han rectificado. No cambio tan fácilmente de opinión. Tampoco me he quejado, porque para mi es secundario. Ya explique el por qué. Así que no me repito. Un saludo.
Mateos 26/08/2015 - 10:10h
[Roberto]: Su explicación fue esta: Roberto 30/07/2015 - 20:09h Mateos: "tiene razón en que si escribimos en castellano el nombre es Cataluña, lo escribo con 'ñ' siempre, excepto cuando critico al nacionalismo. Porque no me gusta dar esa bala que para mi no tiene más importancia a mis contrincantes. Digamos que es una táctica de combate dialéctico". Mi respuesta fue esta: Mateos 30/07/2015 - 21:50h Roberto: "Agradezco su respuesta. Haga lo que quiera (ya no se lo reprocharé más). Sin embargo, en mi opinión, cuando se critica al nacionalismo es precisamente cuando hay que ser más cuidadoso. Escribir Catalunya escribiendo en español, creo yo, es precisamente dar munición al "enemigo". No veo yo a ningún "cebolludo" escribir España cuando escriben en catalán; es más, en todo caso, dirán Estado Español. Reflexione.... quizá lo vea de esta manera". Ver: http://cronicaglobal.elespanol.com/es/notices/2015/07/amar-a-espana-desde-la-cuna-22955.php#select . Un saludo.
Olegario 26/08/2015 - 10:10h
Al pan, pan; al vino, vino.
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