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Me llaman unionista

4 min

Cualquier conflicto necesita previamente definir a sus partes. Saber quiénes son los nuestros y quiénes son los otros. Incluso en la simetría más perfecta de un tablero de ajedrez, las piezas se encuentran estigmatizadas: las negras y las blancas, dispuestas unas frente otras, para avanzar, paso a paso, con el objetivo de acabar con el bicromatismo.

En Cataluña hoy el individuo político, yo, yo misma, debo asumir un rol en relación con el otro como parte de una reacción que ayude a distinguirme

El hecho de establecer colectivos ayuda a conformar los conceptos de mayoría, pertenencia y, muy especialmente, de otredad. La antropología social y cultural abordó en el siglo XIX la alteridad cultural y social, desarrollando teorías sobre la importancia de la existencia ajena (el otro) para articular la existencia propia (nosotros). Por ello la otredad está muy ligada a la noción de identidades nacionales. En un sentido filosófico, Hegel afirma que cuando se perciben diferencias entre tú y el otro se crea un sentimiento de alienación que se intenta resolver mediante la síntesis. El francés Sartre nos dirá que "el infierno es la mirada del otro".

La otredad actúa como estrategia conceptual limitadora, como frontera colectivizadora. En la otredad no existe el individuo, sino cuatro paredes en las que la admisión se determina mediante una serie de apriorismo segregadores.

No sé ustedes, pero yo nunca pensé en mí misma bajo el letrero luminoso de unionista. Sin embargo, parece ser que de un tiempo a esta parte, yo, yo misma, he sido compelida a formar parte de esta cuota. Para entendernos, resumo: en Cataluña hoy el individuo político, yo, yo misma, debo asumir un rol en relación con el otro como parte de una reacción que ayude a distinguirme. Yo, yo misma, como colectivo. Yo. Andrea Levy, unionista.

Mis matices, mi singularidad, el yo que me conforma, pasa a un segundo plano. Mi contraposición con el otro me ha identificado. Poco importa a partir de ese momento mi opinión, las ideas con las que yo pretendo mostrarme, el desarrollo de mi explicación. La etiqueta sintetiza. Lo verdaderamente complicado viene sin embargo cuando me dicen: es que Sra. Levy es usted poco unionista. Entonces, yo, yo misma, corro desesperada en busca del manual del buen unionista, para seguir las pautas que hagan que no me descarrile y poder formar parte, yo, yo misma, de este colectivo que permite distinguirme. Hago broma, pero ya me entenderán…

Las sociedades más potentes son las más plurales. Las que saben atraer las diferencias, las que han hecho de la diversidad su razón de ser

La libertad en su sentido más profundo es situar al individuo por encima del colectivo. Por ello, es profundamente equivocado que se colectivice a los ciudadanos en función de sus sentimientos. Yo me siento española y catalana y muy especialmente barcelonesa, pero no quiero por esto ninguna etiqueta que me configure que no sea la mía propia. Yo he compuesto mis sentimientos, mis identidades. No necesito pertenecer a una masa que me uniformice ni quiero deshacerme de mis diferencias. Al contrario, el ágora política necesita de una razón crítica diversa, que multiplique ad infinitum la pluralidad de opiniones, que haga florecer al individuo frente al dogma.

Las sociedades más potentes son las más plurales. Las que saben atraer las diferencias, las que han hecho de la diversidad su razón de ser. Así que si les pretenden clasificar, colectivizar, agrupar, o rejuntar... digan las palabras de Saramago: "Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos".

 

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¿Quién es... Andrea Levy?
Andrea Levy
Vicesecretaria de Estudios y Programas del PP catalán. Licenciada en Derecho y Diplomada en Protocolo y RRII. Abogada y apasionada de la literatura.
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Pepitox 25/08/2015 - 11:31h
A mí no me importa la etiqueta. Yo soy muchas cosas, pero si me llaman "unionista" me es completamente igual. Otra cosa es la etiqueta con ánimo de desprecio, como cuando a mí me han llamado "colono" por venir de otra región de España. Pero "unionista"... pues a mucha honra.
Ramon Salvat 25/08/2015 - 11:31h
Unionista, colono, botifler, traidor, gente con auto odio, españolista, opresor, colaboracionista y muchos mas adjetivos que durante bastantes meses algunos tendremos que aguantar. Pero quiero creer que, quizás, al final se impondrá el sentido común.
Eduardo Pinzolas 25/08/2015 - 11:31h
La Ilustración, la Revolución Francesa, la caída del antiguo régimen y la aparición del liberalismo provocaron la desaparición de la sociedad estamental y la consolidación política del individuo o ciudadano como sujeto de derechos y deberes en relación con el poder público. En ese individualismo político, reconocido y garantizado jurídicamente por el constitucionalismo, se encuentra la base esencial de las democracias modernas. Los alemanes, secularmente antifranceses y poco amantes de la democracia liberal, contraatacaron pronto el modelo y Herder propuso la idea del “Volksgeist” o “espíritu del pueblo” en contraposición al cosmopolita “espíritu individual”. La idea consistía en la existencia de unos rasgos espirituales inmutables, anteriores y superiores a la persona y la gestación de su idiosincrasia individual, que eran constituyentes de la comunidad o pueblo y que se manifestaban en afinidades diversas de índole fisiológica, cultural, psicológica, etc.
Eduardo Pinzolas 25/08/2015 - 11:31h
(2) Este concepto filosófico sería el germen del nacionalismo romántico identitario al que, muy singularmente, J. G. Fichte comenzaría a dotar de cuerpo doctrinario político. Es sabido que es el nacionalismo político el que, en esa dialéctica social organicista, comienza a dotar a las naciones, entendidas en esa delimitación identitaria y cultural, de carácter de sujeto jurídico-político soberano e incluso a anteponer “el sujeto nacional” al “sujeto individual” en la ostentación de derechos políticos. Consecuentemente, y casi como legitimación, tiende a otorgar a ese “yo colectivo” el máximo de características posibles del “yo persona” y esto implica uniformizar, reducir al mínimo las diferencias interpersonales en el seno del pueblo y acrecentar y remarcar al máximo las diferencias entre unos pueblos y otros.
Eduardo Pinzolas 25/08/2015 - 11:31h
(3) Uniformizar es, entonces, suponer una comunidad de voluntades, intereses, sentimientos, lengua, valores culturales y otras cosas que iguala entre sí a las personas y, por supuesto, tratar de instaurar en la realidad esa comunidad supuesta. El concepto de otredad o alteridad sólo cobra verdadera importancia en su sentido organicista o colectivo. Y de la misma manera en que se uniformiza el “nosotros”, también se uniformiza el “vosotros” y el “ellos”. La pluralidad interna es el obstáculo a suprimir. El objetivo: acercarse lo más posible a “un pueblo como un solo hombre, un solo pensamiento, una sola voz, una sola voluntad” De ahí a la implantación de un estado totalitario hay un paso y por eso los nacionalismos derivan casi siempre en actitudes totalitarias.
Olegario 25/08/2015 - 11:31h
En definitiva, para entendernos, hay conflicto cuando alguien pone en movimiento la dinámica de ellos y nosotros, que acaba derivando en ellos o nosotros. Así se genera el guerracivilismo. Hay que hacer una aclaración más: los inductores que lanzan el desafío, o ganan o se atienen a las consecuencias. Esto último, en Cataluña, ni se ha contemplado por los incitadores, porque creen que la legitimidad social les pertenece, atrevida presunción...
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