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Material inédito de Suárez en 'Abc' y honras fúnebres en toda la prensa

Avui y Ara, la prensa del "régimen", pasa del presidente que trajo a Tarradellas y restauró la Generalidad. Son diarios deportivos rendidos a la Pulga y al Tata. ¿Suárez? No les suena.

24.03.2014 10:10 h.
17 min

Prensa soberanista: el "hat trick" de Messi se enseñorea de las portadas del Ara y El Punt Avui. "A los pies de Messi" titula el primero; "Golpe de efecto", el segundo. El delantero local condujo al Barça al triunfo en el Santiago Bernabeu, una victoria histórica, loan los dos diarios. El ejército sin armas ha vuelto a hacerlo. El Barcelona siempre está a la altura de las expectativas de los periódicos nacionalistas, atentos a la información local con una delectación que no podría encontrar mejor causa: el fútbol. Este pasado domingo, Javier Sardà apuntaba en un artículo en El Periódico algunos rasgos del sistema mediático catalán, entre ellos la ausencia absoluta de perspectiva crítica respeto al Gobierno autonómico de la Generalidad debido a la política de subvenciones mediáticas. En un contexto cerrado, tendente a la unanimidad, una victoria del Barça en Madrid refleja el pan y circo de los órganos oficiosos del movimiento, como aquello de la pérfida Albión o el gol de Marcelino a la URSS.

Ya se puede morir el papa de Roma, no es el caso, que al Avui y al Ara no les cambia la portada si el Barça ha ganado en Madrid, cosa que, por otra parte, no es tan extraña ni tiene más efecto que un apelotonamiento en la cabeza de la Liga, que comanda el Atlético de Madrid de un tal "Cholo" Simeone. Así tenemos que la actualidad en Cataluña es el Tata, la pulga, el Cholo, CR7 (no es un robot, es un delantero portugués) y el pisotón en la cara de Busquets a Pepe. El eurodiputado Tremosa, junto con el inefable Romeva, llegaron a pedir a la Comisión Europea que sancionara el citado Pepe, en este caso un defensa portugués, porque en uno de esos "clásicos" le pisó la mano a Messi.

"¿Cree la Comisión que estos graves hechos, vistos por millones de personas y niños, han de quedar impunes y, por lo tanto, ser percibidos por la sociedad como neutros?; ¿considera satisfactorio la Comisión que en el Comité de Competición español nadie vaya a ocuparse de este caso de violencia en el deporte?; casos similares como el descrito han ocurrido en las últimas semanas en otros Estados miembros, como Italia y el Reino Unido. En ellos, la comisión disciplinaria ha tomado partido en menos de 24 horas y ha condenado a jugadores por comportamientos antideportivos. ¿Está satisfecha la Comisión de saber que existen tales diferencias entre Estados miembros". Este era el texto de las preguntas de los ínclitos Tremosa y Romeva, el 25 de enero de 2012, lanzadas a la Comisión. Dos eurodiputados catalanistas en acción y una concepción de Europa como Champions League y Comité de Disciplina Deportiva. Y dos portadas de la prensa local en las horas del traspaso de Adolfo Suárez. "This is Catalonia". Sobre eso, el Ara y el Avui tienen poco o casi nada que decir. "Un legado en disputa" sostiene el primero y "Figura clave de la Transición" el segundo en las franjas superiores de la portada, las que se reservan para las noticias interesantes cuyo alcance es relativo.

Suárez se ha muerto con el Toisón de Oro pero sin la Creu de Sant Jordi.

Sobre el obituario, Artur Mas ha cogido el toro por los cuernos a sabiendas de que resaltaría más bien poco entre el coro de plañideras. Reivindica el sistema Suárez, el diálogo, el consenso e incluso recuerda que fue Suárez quien rescató a Tarradellas y restauró la Generalidad por decreto. El inevitable (también ínclito e inefable, por supuesto) Francesc Homs se sacó de la manga la teoría de que al ser la reinstauración de la Generalidad previa a la Constitución el campo de acción de la institución no podía ser acotado por el texto. No dijo, claro está, que tan reveladora circunstancia se produjo por un decreto real y gracias, salvo revisión ulterior, a la osadía de Suárez. Nunca se lo perdonarán los nacionalistas catalanes, que ahora otean en Suárez al político providencial que necesitaría España para abordar con garantías el contencioso catalán. Aquí, en Cataluña, Mas es Suárez o así lo explica Marcos Pardeiro en una crónica en La Razón.

No es previsible que cuaje la equiparación, pese al rastro tecnócrata y "circunstancialista" de Mas, cuyo armazón legal no está en manos de un Torcuato Fernández Miranda, sino de Homs, que no es precisamente un Fouché.

En La Vanguardia y en El Periódico despiden con más honores al primer presidente de la democracia en España. "Adiós a Suárez, el artífice la transición" titulan en el diario decano, con un editorial que arranca en portada: "El diálogo como legado". En El Periódico dicen que "Suárez ya es un símbolo". Los lectores de ambos periódicos disponen de amplia información, con artículos de todos los presidentes, expresidentes, colaboradores y ministros que quepa imaginar: Rajoy, Aznar, Zapatero, González, Roca, Pujol, Jorge Fernández, Piqué y un largo etcétera de textos repetidos en todos los diarios.

Habrá que esperar una semana seguramente para poder leer el preceptivo artículo de Gregorio Morán, cuyos ensayos sobre Suárez y la Transición son referenciales. "En los círculos de iniciados políticos -los estados mayores de los partidos- se le consideraba un seductor temerario, capaz de vender frigoríficos en los Polos y de driblar a su misma sombra. La prensa, mayoritariamente, le apoyaba y cuando le criticaba usaba el procedimiento, aprendido en el antiguo régimen, de achacar los fallos a su entorno", escribía Morán en "El precio de la transición", publicado por Planeta en 1991. Morán recuerda en ese texto el recibimiento de El País al nombramiento de Suárez, el artículo en portada de Ricardo de la Cierva que se tituló "Qué error, qué inmenso error". Después, todo cambió. También recuerda Morán quién traicionó a Suárez: "Dimitió en 1981 dejando perplejos a amigos y adversarios. Estaba convencido de que había perdido la UCD por culpa de traidores como Herrero de Miñón, de conspiradores como Fernández Ordóñez y de maniobreros como Martín Villa".

"Qué error, qué inmenso error", el artículo de Ricardo de la Cierva se publicó en El País el 8 de julio de 1976:

"El error consiste, primeramente, en haber designado a un nuevo Gobierno de Franco cuando toda la opinión política interior y exterior -ojo, digo opinión política, no simplemente clase política- esperaba, después de la cordial defenestración de don Carlos Arias, la inauguración del primer Gobierno del nuevo régimen. Y en lugar de eso nos hemos topado con un error, un inmenso error. Esto es un Gobierno de Franco, primero, por lo inesperado y desvinculado de la opinión política; segundo, por la conjunción de las fuerzas sociales que articulaban el franquismo; tercero, porque aparenta una fachada diferente del contenido y las raíces; cuarto, porque deja al margen a las fuerzas siempre marginadas; la oposición, las regiones, la media nación femenina".

Un par de años después, el 21 de abril de 1978, Francisco Umbral titulaba igual otro artículo en El País. Decía Umbral:

"Ahora, en vista de aquel funesto presagio dicho a la Historia desde las murallas de Murcia, Suárez le nombra asesor cultural y así se lo paga. Qué error, qué inmenso error. Don Ricardo de la Cierva iba camino de convertirse en el más aplicado biógrafo/hagiógrafo de Franco, pero de pronto se le murió el personaje, a medio fascículo, y como el público de los fascículos está hecho de lectores coleccionistas y maniáticos, don Ricardo siguió ya sin protagonista, por mera inercia narrativa, como sigue Curro Jiménez, dominicalmente, sin que nadie filme nada durante la semana (por más que desmientan las notas oficioso /oficiales de Prado del Rey, nutriendo sus hojas de rodaje a base de santa misa)".

Agua pasada y desmemoria. El fallecimiento de Suárez ha rescatado el antiguo periodismo funerario, un género latino, excesivo, ditirámbico y plomizo. En El País, el de hoy, titulan "El forjador de la democracia" y el editorial es sobre el consenso, un término rescatado, de brocanter. Escribe Juan Luis Cebrián que "a mí me place recordar su figura un poco chuleta y desenfadada" y aclara en otro destacado que "La Transición nunca tuvo hoja de ruta ni un programa definido".

A Suárez, en Abc, le atribuyen el invento de "otra España", una mirada más sociológica que política, la Movida. Y Esperanza Aguirre lo califica de "providencial", pero la novedad está en la publicación íntegra de una entrevista con Suárez que en su momento no entró en imprenta. Corría 1980 y los asesores de Suárez, dice el Abc, decidieron que no se publicara. Parecía un hombre atribulado. "Los políticos están cada día más separados del pueblo... Porque han acabado todos cociéndose en la gran cloaca madrileña", llegó a afirmar. Otra frase lapidaria de aquel Suárez: "En España, las cosas entran por el oído, se expulsan por la boca y nunca pasan por el cerebro".

La Razón asalta los quioscos con la bandera de España, de lo que cabe colegir que Suárez encarnaba la idea y la bandera. "Gracias, presidente", titulan en el diario de Planeta. Toni Bolaño entra en el juego de las comparaciones entre Suárez y Mas: "Sólo la soberbia de Artur Mas puede equiparar este arriesgado encaje de bolillos que perseguía el consenso, la recuperación de las libertades y las instituciones y la consolidación de la democracia con su proceso soberanista. Quizá porque no es un líder quien quiere sino quien puede".

En El Mundo, el titular es "Adiós al mito de la Transición". En el editorial afirman que desaparece una "noble forma de hacer política":

"Con Adolfo Suárez desaparece una figura clave de la Historia de España, uno de los grandes, el hombre que fue capaz de dirigir a España desde un régimen autoritario a un modelo de democracia plena en un tiempo récord y hacerlo en paz, lo cual no quiere decir sin víctimas, sino sin la temida repetición de un enfrentamiento violento entre los españoles. El país había asistido al final del régimen franquista con una gran incertidumbre sobre el futuro, con un indisimulado temor a ese futuro, pero también con la determinación no formulada públicamente, pero compartida por todos, de no volver a repetir el horror de una guerra civil".

En el mismo diario, Raúl del Pozo, confiesa que fue escritor de discursos de Suárez cuando lo del Centro Democrático y Social (CDS) y entrega una necrológica épica: "Lo apoyé porque no hubo español más difamado que él después de la muerte de Franco. Le silbaban en la zona nacional, le llamaban traidor, tenía que bajar la ventana de humo para que no le insultaran. Lo odiaban por habernos quitado de encima la losa de la Dictadura, por haber legalizado el PCE, por haber autorizado el aborto y la fiscalidad de país democrático. La última vez que le vi estaba yo acompañado por el doctor Szerman. Le esperábamos en el hoyo 9; la gente le aplaudía. Le dije: 'Adolfo, cómo te quieren'. 'Sí -contestó- me aplauden, pero no me votan'. Era un bello león al que se lo comieron los cristianos, la derecha y los militares. El 23-F se enfrentó como Gary Cooper a los malos. Tengamos el consuelo de que nuestro Lincoln es un astro poniente que será más radiante en el futuro". Lincoln, ni más ni menos, el padre de la patria.

Más pausado es el artículo de Jiménez Losantos, que anota claves y responsabilidades:

"Hoy vemos claro que el golpe del 23-F -el de verdad, no la mamarrachada siniestra de Tejero- no iba contra la democracia sino contra Suárez, legítimo presidente del Gobierno. Al dimitir, lo desorientó aunque no pudiera desactivarse. Pero el golpista Gobierno Armada no lo debía componer gente de la extrema derecha, sino de AP, de UCD, del PSOE y del PCE. Como decía ayer M. A. Mellado, el único gobierno de unidad nacional que ha estado a punto de llegar al Poder es el que logró reunir Suárez contra sí mismo. Del 23-F al 11-M nos hemos acostumbrado a la conspiración institucional y a la manipulación informativa. En honor de Suárez, que se ahorró el 11-M, cabe decir que la casta política que lo liquidó es la que está liquidando España".

Así fue, un gobierno de concentración. Aquella lista de Armada y aquel Tejero diciendo que no había tomado el Congreso de los Diputados para que hicieran ministro a González y Carrillo. No es material inédito, precisamente.

Joaquim Coll ocupa la página noble de opinión de El País, pero no es para hablar de Suárez, sino para abordar el presente del proceso soberanista. Titula su pieza "La estrategia del desbordamiento" y asegura:

"El líder de CDC no busca celebrar la consulta sino únicamente apuntarse un gesto de enorme trascendencia para el nacionalismo: ser el primer presidente de la Generalidad que ha convocado oficialmente a los catalanes a autodeterminarse. Sabe que el Estado va a anular la consulta y que, aunque el Gobierno [autonómico] catalán se empeñase en llevarla a cabo, no pasaría los mínimos democráticos exigibles a nivel internacional (Víctor Andrés Maldonado, "¿Un referéndum democrático?"; El País, 28 de febrero de 2014). Pero eso a Mas no le preocupa. Siempre podrá argumentar que él cumplió su promesa, pero que Madrid se lo impidió. Con ese triunfo simbólico, su deseo es sortear el 2015, con la incógnita primero de las elecciones municipales y luego de las generales".

Y añade: "Aquí es donde la estrategia de la ANC está diseñada para desbocar la retórica oportunista de Mas, forzándole a anticipar elecciones tras las cuales, una mayoría independentista, declare la secesión. Aunque no haya cita con las urnas, no cabe duda de que el solo gesto de firmar la convocatoria de la consulta va a alentar muchísimo el desbordamiento popular que persigue la ANC, pudiéndose crear un escenario insurreccional en el que la entidad pase a encarnar la voluntad del pueblo. Algo de eso ya vimos en 2012 cuando de alguna manera el poder de decisión pareció transferirse a la calle".

La caricatura del artículo presenta a Mas con una cerilla encendida al lado de una mecha. Es de la dibujante Eulogia Merle. Tal vez no se necesiten tantos Suárez como menos pirómanos.

24 de marzo, Santa Catalina de Suecia.

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