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La teoría de los quatre gats y del todo

5 min

Recordará el amable lector de esta volátil columna que la semana pasada hablé aquí del libro del camarada Sergio Fidalgo Me gusta Catalunya, me gusta España, entre cuyos entrevistados me cuento, y a cuya presentación en Madrid no sólo asistí sino que participé. Estuve sentada en la mesa justo al lado de Albert Boadella llevando su ya famosa mascarilla. Estaban también Jordi Cañas, Albert Castillon, Xavier Horcajo, Josep Ramon Bosch…

Le espeté que yo hace tiempo que no espero hacer negocio ninguno con los que ven anticatalanes bajo las piedras

Como ya va siendo habitual al hilo de todas estas cuestiones, al día siguiente me encontré en las redes comentarios para todos los gustos. Mayormente a favor, todo he de decirlo. Pero también alguno en contra. El del típico que te llama botiflera, vendida a España, anticatalana apestosa, etc. Por una oreja me entraba y por la otra me salía sin dejar ni siquiera humo en medio. Qué les voy a contar.

En cambio… sí que me dolió un comentario de un amigo, con el que tengo un proyecto de negocio a medias (no detallo la naturaleza del negocio para no identificar al amigo), que me escribió ligeramente alterado. Le preocupaba que mi “alineación pública con los anticatalanes refugiados en Madrid” (sic) pudiera dañar el susodicho negocio. “Ojalá me equivoque, y no seais sólo los cuatro gatos del otro día en Blanquerna”, culminaba su reflexión. Añadía que Albert Boadella le parecía “un bufón de la Cortre al que ya nadie quiere” y otros comentarios igual de halagüeños sobre otros miembros de la mesa con los cuales, a su modo de ver, yo debería evitar juntarme si no me quiero significar… y perjudicar.

Mi primera reacción podría ubicarse entre Agustina de Aragón y la Tarasca en jarras. Le espeté que yo hace tiempo que no espero hacer negocio ninguno con los que ven anticatalanes bajo las piedras. Añadí que me consideraría una triunfadora en la vida y en el business si estuvieran dispuestos a cerrar tratos comerciales conmigo todos y cada uno de los espectadores de las obras de Boadella. Pero luego me quedé mustia, claro. Como te quedas siempre que se produce un desgarro de los afectos, no un mero desafío de la opinión.

A cualquiera que me acuse de haberme vendido le reto a echar un vistazo a mis declaraciones de la renta de cuando estaba alineada con el discurso catalanista oficial y las de ahora

Yo ya sabía que mi amigo (con el que nos queremos mucho) era indepe a matar. Él ya sabía que yo estoy en lo que estoy. ¿Anticatalana yo? ¿Y refugiada en Madrid encima? ¿Refugiada de qué, coño? Tan catalana o más que el fuet de Vic es una, y por cierto que llegué a Madrid en calidad de delegada del diario Avui. No huía de nada, todo lo contrario. Me distancié de lo que me distancié (en mi opinión se distanciaron ellos, de mí y del sentido cívico y común…) yo sola, de la mayor buena fe y ahí está Montoro para demostrarlo. A cualquiera que me acuse de haberme vendido le reto a echar un vistazo a mis declaraciones de la renta de cuando estaba alineada (también de la mayor buena fe) con el discurso catalanista oficial y las de ahora, desde que empecé a desmarcarme. Les aseguro que he perdido dinero, no lo he ganado. ¿Tendrá razón mi amigo, que no ser antiespañol es malo para el negocio? Pero entonces, ¿quiénes son los vendidos aquí?

En Blanquerna esa noche se dijeron muchas cosas con las que se podrá estar más o menos de acuerdo. Yo por ejemplo puse el acento de mi intervención en que me preocupaba la posibilidad de que los catalanes y nuestro tema pasemos de ser el ombligo de España y del mundo para no importarle un bledo a nadie. Para provocar tal hartazgo que entre todos nos manden a prendre pel cul. Lo dije con estas precisas palabras. Porque va en serio. El peligro existe.Por eso insté de todo corazón a todo el mundo a no tirar la toalla, a no desentenderse, a seguir en la brecha. Para bien e incluso para mal.

Así sea para hacer recuento: ¿quiénes son los quatre gats y quiénes la mayoría silenciosa, o no tanto?

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¿Quién es... Anna Grau?
Anna Grau
Periodista y escritora. Ha sido delegada de 'Avui' en Madrid, corresponsal de 'Abc' en Nueva York y ha sido o es colaboradora de TV3, Catalunya Ràdio, RAC1, COM Ràdio, RNE, TVE, Telecinco, Antena 3, 13 TV y Televisión de Castilla-La Mancha. Actualmente firma desde Madrid en 'Abc' y en el digital 'Cuarto Poder'. Es autora de tres novelas y del ensayo 'De cómo la CIA eliminó a Carrero Blanco y nos metió en Irak' (Destino, 2011).
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Ramonsalvat 25/08/2015 - 11:18h
Si esser coherent amb principis tant basics com la solidaritat, l’estimació a les persones mes que als patriotes, al país mes que a la pàtria , em comporta quedar-me entre “els quatre gats”, assumeixo, gustosament, aquest risc. Però certament, si fem un recompte acurat de tots el qui vivim en aquesta Catalunya i de quants son els incondicionals a la causa de la “la nova pàtria dels elegits”, el gats cada dia que passa, és multipliquen.
JoaquinM 25/08/2015 - 11:18h
Ánimo sra. Grau, que estas cosas son obviamente cansinas y dolorosas, y así es la vida. Pero dejarse ganar por estos catetos ventajistas, por estos manipuladores e ignorantes de la Historia, por estos carcundios, sería demasiado. Nos quieren quebrar la naturalidad del sentimiento de compartir un país (patria, que decían tranquilamente los catalanes como los demás españoles), pero España no es ningún invento, y sí lo son los delirios Cata-Orwellianos de la secta pujoliana o el monaguillo Bilbeny.
JDuck 25/08/2015 - 11:18h
Apreciado Sr. Salvat: respetuosamente considero que decimos lo mismo (o casi) de manera distinta. Me parece que son cada vez más los gatos silenciosos, y los que sólo protestábamos ronroneando en pequeños círculos amistosos, que ahora hacemos marramiau cada vez más fuerte y en coro felino. He topado con algunas personas paranoides, y todas ellas tienen un denominador común: acusan a los demás del mal que no quieren reconocer en sí mismos, y siempre quieren tener la última palabra. Lo más prudente es no hacerles caso y seguir el propio camino. Algo parecido ocurre con la mascarilla de Boadella frente a la paranoia institucional. Por otra parte, los mayores enemigos del ébola son las personas que la han superado, inmunizándose y propagando inmunidad. De manera parecida, los mayores enemigos de las mafias son los disidentes que se han largado y denuncian las perversas estrategias que han conocido en su estancia, aunque se les insulte, como ocurre con Anna Grau.....
JDuck 25/08/2015 - 11:18h
….Las zancadillas pueden proceder de más de un lado, pero sea como sea, a seguir dando Caña! (renoi, qué he dit!), cada cual a su manera, cada cual desde su situación, cada cual según su buen pensamiento social y político. A un “gato viejo”, digno hijo de su padre amenazado por ETA por negarse a pagar tributo terrorista, también han intentado zancadillearle, pero les salió mal la jugada, y ahora está ocupando el lugar que meritoriamente le corresponde como eurodiputado, representando a muchos españoles, incluso a quienes votaron una lista distinta a la que él encabezaba. Endevant doncs, i millor tots junts que separats, fent camí cap a la llibertat i la genuïna democràcia, siguiendo el lema plural de SCC, que se va extendiendo por toda Epaña.
jbm1966 25/08/2015 - 11:18h
Y cuántas amistades más se romperán conforme este conflicto se agudice (que creo que aún se agudizará más cuando los indepes vean que pierden su mejor oportunidad)
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