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La encrucijada catalana

Francesc Moreno
5 min

Poco a poco van haciéndose evidentes algunas consecuencias políticas del 27S, más allá de los típicos análisis interesados de la noche electoral.

1. La DUI, aunque nunca fue una alternativa realista, pasa a mejor vida, incluso en las declaraciones de muchos de los más fervientes defensores de la independencia exprés. Los que entonaban el "Adeu Espanya" van a tener que esperar mejor ocasión para ver materializado su anhelo.

Los que entonaban el "Adeu Espanya" van a tener que esperar mejor ocasión para ver materializado su anhelo

2. Como consecuencia del punto anterior, y a pesar de los intentos de mantener la moral de la tropa, empiezan a aflorar síntomas de desmoralización y frustración entre los partidarios de la independencia. Esto va para largo y a algunos les cuesta asimilarlo.

3. El papel determinante de la CUP en la reelección o no de Artur Mas y, en cualquier caso, su papel de árbitro de la situación ha generado una reacción cercana al pánico entre el centro derecha independentista, que se creía que controlaba el proceso y había apostado por una clara victoria de Junts pel Sí que le permitiera gobernar el proceso sin condicionantes. El artículo de la directora adjunta de La Vanguardia María Dolores García expresa a la perfección este sentimiento.

4. La reacción de la prensa europea ha sido muy crítica con el independentismo. Europa nos mira pero, en general, nos mira mal. Si todas las regiones ricas de Europa actuaran igual que los nacionalistas catalanes, la UE estallaría inmediatamente; es el mensaje más repetido.

5. Entre los no independentistas pueden establecerse tres bloques. El síndrome de Estocolmo parece haberse instalado entre los llamados partidarios de terceras vías en sus distintas formulaciones. PSC y Podemos quieren solventar el problema con más concesiones al nacionalismo. Reniegan de cualquier imputación a quienes malversan fondos públicos aplicandolos a fines no propios de sus competencias; desde el 9N, al Diplocat, pasando por la AMI, entre otras actuaciones, en lugar de dedicarlos al pago puntual de las farmacias, la mejora de la sanidad, etc. Este planteamiento sólo puede provocar el reforzamiento del nacionalismo y permitirle que en su próximo desafío, que llegará, tenga más armas para ganar.

Querer solventar el problema con más concesiones al nacionalismo sólo puede provocar su reforzamiento y permitirle que en su próximo desafío, que llegará, tenga más armas para ganar

El segundo bloque estaría formado por el PP y los partidos y movimientos a su derecha que parecen instalados en el inmovilismo, al menos hasta que pase el 20D. Este planteamiento parece condenado al fracaso y, probablemente, ese deseo será abandonado por el propio PP.

El tercero, y para mí el único razonable, está representado por Ciudadanos, que defiende la reforma del Estado, su mejora, sin negarse a reformular el Estado autonomico pero no sólo en favor de las pretensiones nacionalistas, con, por ejemplo, un nuevo sistema de financiación, sino tambien para acabar con el adoctrinamiento en las escuelas o el incumplimiento de las sentencias en materia linguística.

Con este panorama, el único escenario esperanzador es que los no independentistas confluyan en una propuesta de reforma de la Constitución que mejore el funcionamiento del Estado de las autonomías y reconozca una especificidad catalana pero sin entreguismos que impliquen fortalecer el movimiento independentista de cara al futuro. Si en Cataluña no se reestablece el normal funcionamiento del Estado de derecho, si las escuelas continúan siendo centros de adoctrinamiento, si no cambia el panorama en los medios de comunicación catalanes, cualquier concesión no será más que una concesión gratuita que nos llevará a repetir el pulso en peores escenarios para los no independentistas.

Y, entre los independentistas, la gran duda es si en la coalición de Junts pel Sí los todavía partidarios de la globalización y de un acuerdo que solvente el sistema de financiación acabarán subordinados a las posiciones antieuropeas y anticapitalistas. Algunos comparan la situación catalana con la griega. Pero allí la coalición de Syriza con la derecha nacionalista ha optado por no romper con Europa. La CUP esta más cerca de Varoufakis que de Tsipras. Veremos lo que ocurre aquí. Lo más probable es que haya nuevas elecciones en pocos meses. En todo caso, preparémonos todos para convivir con el conflicto durante muchos años.

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¿Quién es... Francesc Moreno?
Francesc Moreno

Presidente del Consejo Editorial de CRÓNICA GLOBAL. Licenciado en Derecho. Ha sido profesor de Derecho financiero en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de Derecho mercantil en la Universidad de Barcelona (UB). Ha sido vicepresidente de La Seda de Barcelona. Fue el editor de El Debat y Tribuna Latina.

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Marino 06/10/2015 - 23:10h
La solución pasa por ganar a los nacionalistas en la calle. Que el "clamor" antinacionalista sea noticia. Porque está visto que para algunos lo democrático es la calle y los argumentos peregrinos. Perdone que lo traiga a colación pero ver a un periodista argumentar que si él e Inda se cansan de comer pollo pueden "decidir" unilateralmente dejar de hacerlo me pareció tan pobre que sentí vergüenza ajena. Porque si quería poner un ejemplo debió decir: Inda y yo, cansado cualquiera de los dos de comer juntos todos los días, uno cualquiera puede dejarlo. Bien. Pero no puede decidir, tras proponer dejarlo, que las comidas en común continúen. Eso es cosa de los dos. Pero así argumenta el nacionalismo y por eso, por la miseria intelectual que vemos repetir en los medios públicos, y los intereses en dejar decir mientras me apoyen en Ayuntamientos, CCAA o la capital, es por lo que es tan difícil reformar España tal y como Vd. propone. La reforma de la Constitución se atisba en términos de cesión
EduardoPinzolas 06/10/2015 - 23:10h
“Una propuesta de reforma de la Constitución que mejore el funcionamiento del Estado de las autonomías y reconozca una especificidad catalana”. Creo que no costaría mucho llegar al acuerdo de que la única especificidad catalana es el poseer una lengua regional vernácula distinta del español (y acaso un derecho civil) y esa especificidad es compartida por otras regiones españolas. Cada región española tiene su propia especificidad histórica y de tradición cultural. ¿Acaso alguien defendería un trato político y económico privilegiado para Castilla en base a su especificidad histórica o cultural? Por lo demás ¿qué diferencia a un catalán medio de un madrileño, un sevillano, un parisino, etc. en materia de costumbres, vida laboral, aficiones, vestido o cualquier otro aspecto cotidiano?, ¿no viven prácticamente de la misma forma?, ¿no tienen las mismas necesidades básicas y no básicas?
EduardoPinzolas 06/10/2015 - 23:10h
(2)No veo la menor justicia en reconocer especificidades (sólo algunas) con consecuencias políticas que deriven en un estatus político diferente y en diferencias de trato económico, es decir, en privilegios y desigualdad de derechos entre los ciudadanos. Por lo mismo, no se me alumbra en qué puede consistir “reconocer constitucionalmente la especificidad catalana” más allá de lo ya reconocido ahora mismo. Tampoco se me ocurre qué fin práctico pueda tener si no se trata de justificar nuevas concesiones. Y, si se trata de darle el carácter jurídico de “nación”, ¿qué hacemos entonces con la nación española y la soberanía del pueblo español?, ¿qué otras “naciones” peninsulares y soberanías habrá que instituir?, ¿no sería eso ya como cortar el queso y esperar que las porciones, en pura lógica, acaben separándose? Creo que deberíamos pensar coherentemente en las consecuencias antes de lanzar alegremente determinadas propuestas. Los políticos son contumaces en ese pecado.
mimartin 06/10/2015 - 23:10h
Las "especifidades " y el "respeto a la cultura y a la lengua", son los más efectivos mantras del nacionalismo, tanto que incluso los que defienden la soberanía española no se atreven a negarlas abiertamemnte. Como has dicho, un santanderino y un tarraconense comparten el 90% de lo que es imoprtante en sus vidas. Pues todos pertenecemos a al cultura occidental en su versión mediterránea y cristiana. Todos hablamos dialectos del latín y tenemos una historia común.Aun con los denodados esfuerzos de la Generalitat y otras oligarquías locales, yo sigo sin ver esa especifidad y esa cultura diferenciales. ¿Ven de forma diferente u tío de Gerona y uno de Burgos a Leonardo di Caprio, un Iphone, a Hitler, a Yves Saint Laurent o a Ferrà Adriá? Todo nuestro patrimonio cultural es común. Pero yo estoy abierto a que alguien algún día, por ejemplo Ferret o RS (Roger Sans), me ilustre sobre esas diferencias.. hasta ahora, en 5 años nadie lo ha hecho.
Olegario 06/10/2015 - 23:10h
Pujol: "el catalán no sirve para nada, sólo sirve para ser catalán". Esa es la clave, la diferencia que blinda un beneficio. El beneficio, el meollo de la cuestión no es otro que esconder el conflicto de una Cataluña minoritaria pero dominante, que se otorga la legitimidad social, y una Cataluña mayoritaria, ninguneada, sojuzgada, antes compuesta por charnegos y ahora por "nouvinguts". La principal herramienta de dominio es la lengua, después los apellidos y, en la cúpula, "las familias". Lo mismo podría ser la casta, la religión, la piel, la sangre azul. No pierdan el tiempo en las excusas de la "buena educación", vayan al meollo, y si les asusta la idea de "lucha de clases", quédense con la expresión de "diferencia de intereses".
Escudero 06/10/2015 - 23:10h
Como tantas veces, planteando como diálogo y negociación lo que no son otra cosa que concesiones y claudicaciones a los nacionalistas. La solución que se plantea en el artículo como la única razonable consiste en reformular el Estado en ciertos aspectos favor de las pretensiones nacionalistas (nada menos que mejorándoles la financiación) y a cambio exigirles nada más y nada menos que no adoctrinen en las escuelas o que cumplan las sentencias en materia lingüística; o sea, que cumplan la ley en estos aspectos. ¿No será mucho pedir? Tampoco se incluye como grupo entre los no independentistas, a un grupo de cientos de miles o de varios millones de ciudadanos de Cataluña, que no tienen ningún síndrome y que lo que quieren es que se cumpla la Ley (todas, no solo las lingüísticas) y la Constitución (toda)
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