Menú Buscar

La cuadratura imperfecta

5 min

Parece que los que formamos parte de la sociedad catalana vamos a tener el “privilegio" de contemplar como se concretan y se concentran dos de las tendencias dominantes en una Europa herida por una economía sujeta a los vaivenes de las finanzas transnacionales, los complejos identitarios y un populismo que huye de nuestra propia contemporaneidad o que busca refugio en anacronismos históricos.

A pesar de las enormes cantidades de dinero público, de la manipulación mediática, del adoctrinamiento, este movimiento liderado por el multipartito único CiU/ERC/CUP está en franca decadencia

Por un lado nos encontramos con un nacionalismo de raíz cultural y lingüístico que hace bandera (cuasi oculta) de una hispanofobia con la que jalear a esa capa de población tendente a enarbolar lo de “primero los de casa, primero los míos”, claro está que la cuestión radica, precisamente en determinar quién forma parte de esa línea imaginaria que delimita a unos y a los otros y, sobre todo, saber quién tiene la potestad de la determinación, de ahí la obsesión por el control mediático y educativo, porque, precisamente de ahí está el núcleo sobre el que pivota el programa de ingeniería social puesto en marcha hace ya décadas por los próceres nacionalistas encabezados por el ¿ex-molt honorable? Jordi Pujol.

Bien es cierto que, a pesar de las enormes cantidades de dinero público, a pesar de la manipulación mediática, a pesar del adoctrinamiento, este movimiento liderado por el multipartito único CiU/ERC/CUP (con editoriales únicas al servicio de la causa) está en franca decadencia, si observamos los resultados de la tan orgiástica como ilegal “consulta” del 9N con los votos recibidos en el 24M, vemos cómo el apoyo del electorado va en retroceso, imagino que las prioridades de los ciudadanos no son las mismas que los obcecados con construir, inventar y fantasear historias o narraciones tan innecesarias como dañinas.

Pero aquí no acaba el relato, la nuestra es una sociedad compleja, y como decía más arriba, sometida a tensionamientos interesados, tendentes a la polarización de los postulados, al blanco o negro dependiendo del interés del momento, y mientras, en las calles y los barrios más castigados por la crisis sus habitantes se saben perdedores de una apuesta de la que no eran precisamente los principales protagonistas, y en este contexto surgen las propuestas del populismo de izquierdas, aquél al que se le paró el reloj más o menos en la misma hora que al nacionalismos esencialistas que lleva décadas gobernando Cataluña.

El problema radica en que lo que podría ser un toque de atención a la clase política, a los partidos tradicionales, a los que tienen la responsabilidad de estar donde estamos, se ha convertido en un Caballo de Troya del secesionismo, los ciudadanos estamos ante una pinza en la que dos opciones minoritarias –el independentismo y el populismo- parecen unidos para romper con el estado de Derecho (Ada Colau solo quiere cumplir con aquellas leyes que le interesan, lo mismo que el nacionalismo) y con España como lugar común y referente simbólico, si al primero ya lo conocíamos, el segundo, bajo la piel de cordero de la regeneración se esconde el mismo afán por culpabilizar a ese chivo expiatorio llamada España y los españoles de todos los males de Cataluña, esa inquina hispanofóbica y ese complejo de inferioridad identitaria tan propia de las izquierdas españolas.

Esta cuadratura imperfecta del círculo secesionista, en la que el nacionalismo ha penetrado en el llamado “cinturón rojo” de Barcelona camuflado de izquierda rompedora, parece vislumbrar dos “procesos” independentistas paralelos, el creado por el establishment del nacionalismo conservador de CiU con Artur Mas a la cabeza y otro de raíz más extremista aún, el que ese oxímoron de ser de izquierdas y nacionalista llevará las riendas de un caballo conscientemente desbocado por unas élites conservadoras cuya avidez no tolera cortapisas ni poderes frenen sus ambiciones. La pista más clara de este nuevo escenario es el nerviosismo mostrado por nuestro Presidente y actual agitador político Artur Mas cuando ya amaga (y suplica) una salida honrosa al Estado o cuando acusa a la Sra. Colau de ir contra los interés del “prusses” de su “prusses”...

Artículos anteriores
¿Quién es... José Rosiñol?
José Rosiñol
Jefe nacional de ventas en una empresa de alimentación de Cataluña. Desde 2010 escribe en 'Periodista Digital' y actualmente participa en tertulias radiofónicas en Ràdio Estel y Radio 4G. Publica artículos en 'El Confidencial' y 'Abc'. Forma parte del colectivo Puerta de Brandemburgo. Es vicepresidente segundo de Societat Civil Catalana.
Comentar
Marino 25/08/2015 - 11:13h
Así es, enhorabuena por el artículo. Primero los de casa o, como cierto partido político lleva o llevaba como lema: Los españoles primero, faltando solo añadir: "para todo", significa ultraderecha si ese partido político es de ámbito nacional. Cuando el discurso se disfraza de identidad, reparto entre los de aquí, secesión de los mas ricos respecto a los mas desfavorecidos...no es ultraderechista sino muy progresista ¡porque es nacionalista! Y el nacionalismo periférico no puede ser retrógrado. Con decir que el que nos ha hecho independentistas es Rajoy por no entender, someter, machacar... a Cataluña es suficiente. Ahora no se quiere reconocer ni el odio ni el adoctrinamiento pero por mucho que lo intenten ocultar ahí está y a la mínima salta. Es lo común entre el nacionalismo de derechas y de izquierdas. Eso y mantener unos los privilegios del poder y otros acceder a él para repartir privilegios con los pobres de aquí. De eso va todo.
¿Quiere hacer un comentario?