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'Imitation Game' o la inadaptación social de las mentes privilegiadas

30.01.2015 11:14 h.
8 min



Título original: The Imitation Game
Año: 2014
Duración: 114 min.
País: Reino Unido
Director: Morten Tyldum
Guión: Graham Moore (Libro: Andrew Hodges)
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Óscar Faura
Reparto: Benedict Cumberbatch, Keira Knightley, Mark Strong, Charles Dance, Matthew Goode, Matthew Beard, Allen Leech, Tuppence Middleton, Rory Kinnear, Tom Goodman-Hill, Hannah Flynn, Steven Waddington, Alex Lawther, Jack Bannon, James Northcote, Ancuta Breaban, Victoria Wicks

Del director de la magnífica 'Headhunters' (2011), Morten Tyldum, hubiéramos podido esperar una película con algo más de gancho y con un guion, si no tan trepidante como el de aquella revelación, al menos no tan apagadito como el de esta biografía (en parte biopic) parcial de un científico, Alan Turing, cuyos trabajos pioneros en lo que se llamaron 'las máquinas de Turing' han permitido a la cibernética llegar al estadio de su desarrollo actual.

El caso del desciframiento de las claves de Enigma no es la primera vez que llega al cine. El director Michael Apted, un auténtico todo terreno de la dirección, llevó a las pantallas la película 'Enigma' (2001), bastante más sosa que esta de Tyldum, y en la que, extrañamente, no es Alan Turing el matemático que lleva el peso de la investigación para descifrar el código mediante el cual los alemanes emitían sus mensajes. Parece, pues, que la criptografía no es disciplina que 'dé bien' en las pantallas. Y aún menos todos los trabajos de investigación que Turing desarrolló en el ámbito de la computación antes y después del caso Enigma.

Suele pasar con frecuencia: hay disciplinas, como todas las que tienen que ver con el pensamiento abstracto, que son realmente ingratas a la hora de llevarlas a la pantalla, porque a los espectadores nos cuesta mucho ponernos, por ejemplo, en la vivencia íntima del agitado mundo de elucubraciones que precede al Eureka! final que lleva a la resolución del problema. Siempre nos quedamos con una visión demasiada superficial de esos procesos. Por ejemplo, junto a Turing trabajan cuatro personas, de las cuales nunca sabemos exactamente qué demonios hacen y cómo contribuyen al objetivo común.Más parecen un recurso para rellenar la escena que propiamente un elemento fundamental de la trama, al menos en la parte del caso enigma que es la que más se extiende.

'Imitation Game' se centra, por su clásica de flash-backs, la historia de una mente prodigiosa poco hábil, como dicta el tópico inevitable per cierto, para las relaciones sociales. Desde esta técnica, la película, demasiado morosa sin ser por ello más detallista, a mi parecer, nos ofrece la revisitación del pasado del personaje, sobre todo de su relación adolescente homosexual con su primer amor, en el marco de la vida escolar; del mismo modo que, desde el presente desde el que se evoca, se nos narra su vida como adulto. Hay una novelización de algunos elementos de la trama con la finalidad de otorgarle un cierto pathos dramático a los acontecimientos, cosa que raramente consigue.

Lo verdaderamente importante de la película, con todo, es el presente que Turing ha de sobrellevar con una dignidad que le honra: ser acusado de mantener relaciones homosexuales, algo que abiertamente confesó cuando fue interrogado por la policía tras denunciar el allanamiento de su morada por un ladrón, como si de una reedición del caso Wilde se tratase, dado el eco público que tuvo el proceso, y que en la película se obvia.

En Inglaterra, la homosexualidad fue considerada delito con penas de prisión hasta 1967 (en Escocia, hasta 1980). Turing no se esconde y acepta la terrible condena correspondiente: entre la prisión y la castración química, escogió, incomprensiblemente, la segunda, con la consiguiente revolución hormonal que lo desfiguraría –esto, sin embargo, no se muestra en la película, aunque probablemente la hubiera hecho más interesante-, haciéndole ganar peso, contemplando el abultamiento de los pechos y otros efectos secundarios bien conocidos, como la disfunción eréctil, todo lo cual precipitó, en un corto periodo de tiempo, su suicidio.

Aunque Gordon Brown pidió perdón institucionalmente por el mal infligido al científico, hoy gloria nacional, Cameron le negó (¡en 2012!) la anulación de su condena porque cuando fue dictada, la homosexualidad era un delito. En 2013 fue la Reina Isabel quien promovió dicha exculpación.

Las películas biográficas dependen mucho, para satisfacer al público, de los actores que interpretan a los biografiados. En este caso, el peso fundamental de la película recae sobre el trabajo de Benedict Cumberbatch, quien, por suerte para ese público, ha salido más que airoso del reto. En todo momento es convincente, verosímil y capaz de transmitir la complicada y hasta misantrópica personalidad del científico, cuyo sentido del humor, irónico e incluso sardónico, se manifestará incluso en el momento de su muerte, por la referencia newtoniana que hallamos en la manera como escogió suicidarse: mordiendo una manzana en la que había inyectado cianuro, un elemento desaprovechado en la película, donde sólo se hace referencia a nivel anecdótico.

Igualmente hemos de decir que buena parte del crédito de la película ha de ir a parar al joven actor Alex Lauther, por su maravillosa interpretación del Turing adolescente, llena de sensibilidad y fidelidad. Quizá el momento en el que el director del colegio le comunica la muerte de su primer amado es probablemente el más emotivo de toda la película.ç

No es fácil ser un genio, y menos aún convivir con ellos. Eso es lo que nos narra la película, si bien hay una falta de ritmo bastante notable, lo cual deviene un lastre a veces difícil de sobrellevar, y ello a pesar del interés innegable que tiene la biografía del personaje y las perfectas actuaciones very british school de todo el reparto. Hablar de la excelencia británica en cuanto a la recreación de épocas es hablar de algo reconocido universalmente, pero es justo volver a reconocerlo y agradecerlo, sobre todo cuando en otras cinematografías, como la española, por ejemplo, es una asignatura pendiente. Y no siempre es cuestión económica, conseguir la excelencia en este terreno, sino de tener la imaginación y la documentación necesarias.

A título anecdótico, porque Alan Turing es un desconocido para la mayoría de nosotros, muchos podemos reconocer parte de sus investigaciones en el sistema mediante el cual los ordinares actuales detectan si se trata de una máquina o de una persona quien quiere dejar un mensaje en un blog o cualquier tipo de aplicación que permita el intercambio de mensajes; me refiero al conocido test CAPTCHA, una forma invertida, al parecer, de la prueba de Turing diseñada para evaluar la posible inteligencia de una máquina.

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