Menú Buscar

Lluís Foix: "La independencia no se conseguirá contra España ni sin Europa"

Lluis Foix i Carnicé (Rocafort de Vallbona, 1943) extirpa del anaquel y acaricia una primera edición de La historia de La Vanguardia de Gaziel, uno de los grandes directores de la cabecera barcelonesa, española y hoy catalana a secas. También Foix forma parte de la historia del periódico. Antes de director, fue corresponsal en Londres y Washington. Tal vez por eso sostiene que el periodismo es, así su orden, leer, viajar y escribir. Apartado del febril ajetreo consuetudinario, mantiene columna en La Vanguardia y El Punt Avui, y presencia en tertulias de radio y televisión. Ha retornado a una infancia payesa de posguerra con La marinada sempre arriba (Columna 2013). "Los primeros años de tu vida moldean el carácter y crean una raíces indestructibles", explica.

23.09.2013 08:07 h.
15 min
Lluís Foix, periodista, ex director de 'La Vanguardia'
Jordi Bernal

La sanidad y la educación, pilares del Estado del bienestar, parecen haber pasado a segundo plano en la agenda política y mediática actual.

Siempre he dicho que la cuestión nacional y la social tenían que ir, como mínimo, al mismo ritmo. En estos momentos se está hablando mucho de la causa nacional, pero no de las cuestiones sociales. Y hay menos presupuesto para causas necesarias. Pienso que si un país no tiene resueltos estos temas desde un punto de vista conceptual, no puede avanzar. Porque si la sanidad, la enseñanza y la investigación no funcionan, no llegaremos lejos. La semana pasada, por ejemplo, el rey de Holanda hizo públicos los presupuestos y reconoció que no podían pagar. Así que el problema en Cataluña no es a quién tendremos de vecinos más allá de nuestras fronteras, sino que se trata de construir una sociedad donde la gente pueda vivir con dignidad, con una cierta equidad y con igualdad de condiciones.

¿El modelo del Estado del bienestar se ha agotado o debería transformarse?

El papel del Estado a partir de los años 80, con las teorías liberales o ultraliberales, ha ido menguando. Y entonces ha entrado la iniciativa privada, que en muchos aspectos es positiva, pero que, si la dejas actuar sin control, lleva a desigualdades y a mayores diferencias sociales. Es lo que está pasando. Es cierto que el Gobierno actual tiene una tendencia recentralizadora notable, pero no me parece lo más peligroso. Es peor la tendencia privatizadora en sanidad, básicamente en sanidad, porque en la enseñanza ya existía. Este hecho provoca que cada vez haya más personas desprotegidas.

¿Qué le parecieron las palabras de Esperanza Aguirre sobre que se tiene que catalanizar España?

Es una idea que forma parte del catalanismo político, que, desde Valentí Almirall hasta hoy, tiene dos ejes básicos: más autogobierno para Cataluña y modernizar España. Cuando Esperanza Aguirre dice en Barcelona que "hay que catalanizar España", en mi opinión, está disparando el trabuco contra Rajoy, Montoro, Wert y todos los que están más próximos a la vía de Cospedal. Pienso que más que catalanizar España, lo que hace falta es intentar continuar viviendo en una sociedad en la que se mantengan las tres cosas que tan bien han ido a lo largo de los últimos 35 años: libertad, progreso y paz social. Es el gran mérito de estos años en democracia. El progreso que, por ejemplo, se ha producido en el sur de España o en Cataluña es una prueba del buen funcionamiento de estos tres factores. Y si ahora falla una de estas cosas, entraremos en otra deriva completamente distinta.

Cataluña es la única Comunidad Autónoma que todavía no dispone de ley electoral propia. ¿Ayudaría a una mejora del sistema democrático y a corregir el descrédito de la clase política acordar una ley electoral con listas abiertas y doble voto como tienen otros países europeos?

Desde el punto de vista demográfico, Cataluña tiene una ventaja y una anomalía, ya que está constituida por el área metropolitana de Barcelona y por el resto de territorios. Se optó por primar el voto de las zonas menos pobladas para que hubiera una representación territorial equivalente al peso de dichas zonas en el desarrollo del país. Esto los americanos lo han resuelto muy bien. Tienen la Cámara de Representantes de acuerdo con la demografía y la del Senado de acuerdo con los distintos estados. La ley electoral que tenga Cataluña debería ponderar estos aspectos. A mi juicio es democráticamente muy discutible y no creo que sea positivo que el voto de un ciudadano de Figueres valga el doble que el de uno de Molins de Rei. Al mismo tiempo deben buscarse fórmulas, como las que tiene Alemania, para que los habitantes de los territorios menos poblados estén representados y puedan defender sus intereses. La circunscripción directa y las listas abiertas me parecen buenas medidas. En cualquier caso, me parece una anomalía que el Estatuto del 1979 recoja que en un plazo breve se presentará y se aprobará una ley electoral, y que después de más de 30 años aún no la tengamos. Entre otras cosas porque si se quiere ir hacia un proceso de consultas y referéndums, no se podrá seguir sin una ley electoral nueva.

¿Es favorable a una consulta independentista?

Soy favorable a una consulta, pero a consecuencia de un debate previo. Es bueno que haya un debate y si existe una parte importante de la sociedad que quiere una consulta difícilmente podrá evitarse. Cuando se tenga que hacer, y en mi opinión tiene que ser lo antes posible, todas las partes, tanto los favorables como los contrarios a la independencia, deberían exponer antes sus argumentos, discutir la pregunta y ponerse de acuerdo según la ley. ¿Según la Constitución? No lo sé. Pero sería bueno que se preguntara a la gente si quiere o no la independencia. Que se le pregunte y saldremos de este monotema que arrastramos desde hace meses y que seguiremos arrastrando. Esta situación nos impide hablar de otros problemas.

En los medios de comunicación catalanes, el debate del monotema no parece estar muy igualado. Los que no son favorables a la independencia no tienen tanta presencia en ellos.

Es cierto que en la masa crítica mediática hay más argumentos, más informaciones, más opiniones y más tertulianos a favor, no ya de la consulta, sino de la independencia directamente. De ahí la necesidad de un debate previo y de pasarlo por las urnas. Se tiene que llevar la situación a un ambiente de convivencia, donde no haya ni buenos ni malos catalanes. Siempre digo, y lo he escrito, que la independencia no se conseguirá contra España ni sin Europa.

Pues todo indica que tanto España como Europa no están por la labor.

No sé lo que acabará sucediendo. Pero ahora mismo estamos dando vueltas sobre un mismo tema sin tener interlocutores en España ni en Europa. Tendríamos que ser un poco más racionales y valorar qué aliados podemos tener. Carles Viver Pi-Sunyer, presidente del Consejo Asesor para la Transición Nacional [de la Generalidad], reconoció que ahora mismo estamos solos. Al presidente de la Generalidad no lo ha recibido, que yo sepa, ningún presidente de países europeos o de otros continentes. Y cuando vino el presidente de Flandes declaró que no recomendaba la independencia. ¡De Flandes! En cualquier caso, en Cataluña ha crecido en los últimos años el sentimiento independentista. Este hecho domina los medios de comunicación. Ahora bien, tiene que pasar por las urnas. Porque en las últimas elecciones existía la idea de que Artur Mas alcanzaría una mayoría excepcional y perdió 12 escaños. Hagamos unas elecciones plebiscitarias y a ver qué ocurre.

La Vanguardia hizo un giro soberanista que tras las últimas elecciones parece haber corregido. ¿A qué se ha debido el cambio en la línea editorial?

Aquí hay unos medios públicos, los de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales, con una línea bien clara. Por su parte, La Vanguardia es un diario que nace en 1881. Por eso la comparo con esos barcos que bajan por el Rin siempre por el medio del río y que nunca se acercan a las orillas. Si excepcionalmente se dirigen a una de las orillas enseguida corrigen el rumbo y vuelven a navegar por el centro. Así que creo que hasta las pasadas elecciones, La Vanguardia jugó a favor de los vientos del Gobierno de la Generalidad, pero después se ha producido un cambio. El lector de periódicos lo ha percibido. Y sé que La Vanguardia, ya que la conozco bien, no irá nunca hacia posiciones radicales, extremas, que puedan producir una frustración o puedan salir mal. También es cierto que la influencia de los periódicos ha cambiado. Actualmente, en la sociedad pueden tener más incidencia ciertas opiniones en las redes sociales que el editorial de un diario.

¿Cree que deben mantenerse las subvenciones públicas a los medios de comunicación?

Es un fenómeno que sucede en toda España y en buena parte de Europa. Así que, si hay que suprimir subvenciones públicas a los medios, suprimámoslas a todos. En occidente se está produciendo una complicidad excesiva entre el poder político, el mediático y el financiero. ¿De quién es Libération, el gran periódico de la progresía francesa? Del banquero Edouard de Rothschild. ¿De quién es The Washington Post, que hizo caer un gobierno? De Jeff Bezos, propietario de Amazon, que lo ha comprado como quien se compra un juguete. ¿De quién es The Times? De Rupert Murdoch, un empresario con serios problemas con la justicia. Además, la información en tiempo real ha provocado que se pierda distancia. Se está produciendo un cambio de paradigma pero soy incapaz de diagnosticar a dónde vamos. Otro fenómeno que preocupa mucho a los estadounidenses es que Al Jazeera emite en abierto en todos los EEUU. Por ejemplo, para informarme sobre la guerra de Siria miro la BBC pero también Al Jazeera, ya que sus imágenes del conflicto son mejores. Por lo tanto, creo que debemos analizar los problemas de manera global y después sacar conclusiones que nos puedan afectar a nosotros. No se pueden dar por hechas ciertas cosas, como por ejemplo que si Cataluña se independiza seguirá en el euro. Tenemos que negociar con el Gobierno español, tal y como están haciendo los escoceses con Londres.

Los escoceses llevan ventaja.

Fíjate que hasta ahora hemos ido a Bruselas y no nos ha recibido nadie. ¿Por qué? Porque el Ejecutivo español no ha querido. En cambio, el presidente autonómico Pujol iba por el mundo y todos lo recibían.

Tal vez porque su discurso era otro.

Si nos fijamos, el discurso actual ha pasado del derecho a decidir a la independencia. Me parece bien, pero ha cambiado en un año. Incluso la Via Catalana no es lo mismo que la independencia, cuando todos sabemos que los que asistieron a la concentración fueron para apoyar la independencia. Esto es muy propio del país. Digo algo pero en verdad estoy diciendo una cosa distinta.

El derecho a decidir como eufemismo.

El derecho a decidir lo tenemos todos. Es un derecho pre democrático. Desde el punto de vista del derecho comparado no está en ninguna parte porque es propio de ciertos derechos individuales. Aquí el tema no es el derecho a decidir sino que se trata de saber si los catalanes queremos o no separarnos de España y formar un Estado.

La Constitución no lo permite.

Sí, pero todas las constituciones se cambian. La de EEUU, por ejemplo, está formada de enmiendas. Creo que desde el Gobierno central se debería haber tenido más cintura política y más sintonía con la realidad de este país y con elementos fundamentales como la lengua. ¿Qué les costaría decir que el catalán forma parte de la cultura española o al menos que es una lengua que también está amparada por la Constitución?

Creyéndoselo o no, es lo que vino a decir Esperanza Aguirre...

Desde el siglo XIX, Cataluña ha condicionado la política española. La influencia catalana está presente en la I República, la Semana Trágica, que provoca la caída del Gobierno de Maura, la asamblea de parlamentarios, el golpe de Estado de Primo de Rivera, la II República, el 6 de octubre, el inicio de la guerra, el franquismo, la Constitución del 78, que tiene una marca catalana... Pero esta influencia no se ha querido reconocer. Y desde 1870 no ha habido ningún presidente del Gobierno español que fuera catalán.

Ahora el foco está sobre Cataluña y llegan pocas noticias del País Vasco.

En el País Vasco nace un grupo terrorista, pero el problema vasco no es constitucional porque ellos crean España. En cambio, los catalanes hicieron un pacto que ha durado más de 500 años y que para mí puede durar el tiempo que haga falta. Si en el año 79 u 80 hubiéramos pedido el concierto [económico], tal vez ahora estaríamos como el País Vasco, pero la sociedad catalana es distinta. Es muy legítimo querer tener un Estado propio, sin embargo pienso que podemos seguir adelante manteniéndonos en esta red, más o menos articulada, de la UE.

Comentar
aferret2@moviments.net 25/09/2013 - 21:41h
Bastant d'acord. Qüestió nacional i qüestió social en el mateix pla. Més debat, no votar sobre un tema en el qual hi ha una manipulació enorme. Modernitzar Espanya. Que s'hi estigui de gust.
LARRA 25/09/2013 - 21:41h
UN HOMBRE CON SENY
¿Quiere hacer un comentario?