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Entre pitos y gaitas

por Santiago Trancón Pérez

05.06.2015
14 min

Los que nos oponemos al independentismo por antidemocrático y totalitario, tenemos un reto muy difícil: defender nuestras ideas con claridad y determinación y sin perder los nervios. Las provocaciones son constantes y elevan el tono cada día. Luchamos contra un enemigo que ha ido conquistando todos los ámbitos de poder e influencia, desde la escuela a los medios de comunicación, del deporte y la cultura a las instituciones del Estado. No hay espacio social y político en el que no hayan impuesto su doctrina, su dominio, su norma de conducta y sus sentimientos. Donde más eficaces han sido es en el control del orden simbólico y el desprecio a las leyes y principios democráticos. Han construido, con incansable obstinación, una imagen de Cataluña, de su historia y de su identidad, simbólica y emocionalmente irreconciliable con la idea de España y su Estado constitucional, al que deslegitiman como antidemocrático y cuyas leyes consideran injustas. Despreciarlas y no cumplirlas es señal, por lo mismo, de dignidad, valentía y atrevimiento.

Luchamos contra un enemigo que ha ido conquistando todos los ámbitos de poder e influencia, desde la escuela a los medios de comunicación, del deporte y la cultura a las instituciones del Estado

Después de más de cuarenta años de control y propaganda, los independentistas ya se sienten lo suficientemente fuertes como para intentar dar el salto definitivo: la ruptura institucional con España, cuyo primer paso se concibe como una proclamación unilateral light de independencia que acabará creando una situación irreversible. Se equivocan todos los que hacen cábalas con que si baja el souflé o retrocede el procés: la situación está peor que nunca, porque a la ola esquerro-convergente se ha unido ahora un conglomerado de izquierdas capitaneado por Colau y Podemos. Con el PP en claro desmoronamiento, con un PSOE tocando la flauta travesera del federalismo y un Podemos partidario de la autodeterminación, sólo nos queda Ciudadanos como tabla de resistencia, más que de salvación. Cierta tibieza ideológica y una peligrosa indefinición en el modelo de Estado, sin embargo, puede hacerle perder a Ciudadanos el apoyo que una mayoría de españoles le quisiera dar, algo que Rosa Díez tenía mucho más claro y que debiera asumir sin titubeos el partido de Rivera. Los admirables esfuerzos de muchas asociaciones cívicas, carentes la mayoría de apoyo económico e institucional, son insuficientes para contrarrestar el entramado omnipresente de organizaciones y medios independentistas a los que sigue yendo a parar gran parte del dinero que la Generalidad recibe del Estado.

¿Cómo ha logrado el independentismo avanzar tanto? ¿Cuál es su secreto? Lo diré claramente: su principal victoria ha sido la derrota psicológica, ideológica y moral de los demócratas. El independentismo ha sabido dominar psicológica y mentalmente a una minoría determinante, las élites de los partidos, los sindicatos, los intelectuales, los jueces, los periodistas, los empresarios y hasta las monjas. Dentro y fuera de Cataluña. Los catalanistas-nacionalistas-independentistas (todos se han ido corriendo hacia donde ahora están) han tenido suficiente habilidad e inteligencia para llevar a cabo este procés con total impunidad, con el consentimiento de esa minoría que ha sido, a su vez, la encargada de aplastar a todos los disidentes que han ido apareciendo entre sus filas. En esta maniobra de embaucamiento, dominación y colaboración ha caído tanto la derecha como la izquierda, mostrando por igual una ceguera responsable y un entreguismo suicida. Todos. Desde Suárez a Rajoy, pasando por Felipe González, Aznar y Zapatero, no han sabido nunca dónde establecer los límites democráticos, no han tenido ni ideas ni determinación ni valentía para frenar las imposiciones del independentismo. Curiosa, y alarmantemente, este proceso ha corrido paralelo (mezclado y superpuesto) al de la corrupción, ante el que se ha actuado del mismo modo contemporizador y con las mismas consecuencias demoledoras para el Estado y la democracia.

Hablo de límites democráticos, porque eso es esencialmente la democracia, la imposición de límites. Límites sobre lo que se puede decidir y no decidir, hacer y no hacer, decir y no decir, enseñar y no enseñar, propagar y no propagar. Y todo ello se establece a través de leyes y normas. Libertad, democracia y leyes son inseparables. Allí donde se conculcan las leyes, la democracia y la libertad se atropellan.

La democracia no puede permitir la propagación de la mentira, el desprecio a la verdad sobre hechos históricos fundamentales, el insulto, el incumplimiento de las leyes, la destrucción y burla de los símbolos comunes, la exhibición y manifestación pública de sentimientos de odio, la imposición de una lengua, el adoctrinamiento ideológico separatista en la enseñanza, la utilización del dinero y las instituciones públicas para intereses y fines disgregadores, particulares y partidistas, la creación de estructuras paralelas de estado (policía, embajadas, oficinas tributarias...), etc. Todo esto está ocurriendo hoy en Cataluña con el consentimiento de los poderes del Estado y los responsables políticos, algo democráticamente repugnante. Todos los países de nuestro entorno europeo tienen muy claros los límites democráticos y no los confunden ni con la libertad ni con la tolerancia. Resultaría inimaginable que en Francia, por ejemplo, el presidente Hollande recibiera pasivamente pitos e insultos de una masa que gritara “franceses... hijos de puta” mientras sonara la Marsellesa, y que a su lado el presidente del Languedoc sonriera satisfecho y engreído. ¿Qué pasa en nuestro país? ¿Somos más demócratas que Francia, Alemania o Italia por consentir y minimizar estos hechos con argumentos de conveniencia, templando gaitas y poniendo paños calientes?

No se puede llamar a la cobardía cautela, a la claudicación apaciguamiento, a la dejación astucia, moderación a la debilidad. No denunciar la deriva antidemocrática y totalitaria del independentismo, no combatirlo con todos los medios y renunciar a imponer y defender la ley es convertirse en responsable y cómplice activo de la destrucción del Estado y la democracia, causando un daño inmenso a todos los españoles. No se puede banalizar ni el mal ni el daño que han causado y están provocando los actuales responsables políticos con su entreguismo y consentimiento. No se puede ser demócrata y renunciar a defender la democracia, la libertad y la ley. Todo esto no es normalidad ni prudencia política, sino miseria ideológica, psicológica y moral.

Oigo a los expertos, los prudentes, los irenistas, los arriolas: ¡No es para tanto! Si fuera un suceso aislado, aceptaría la llamada a la contención

Desde hace más de treinta y cinco años, sobre todo cuando Pujol llegó al poder, hemos ido asistiendo a una progresiva degradación del sentido de la democracia (recuerden Banca Catalana) que ha ido penetrando en todos los ámbitos hasta volver a muchos, ciegos e insensibles. El desarme ideológico y psicológico se ha basado en la constante amenaza y chantaje del victimismo, la segregación y la destrucción de los opositores, las trampas lingüísticas, el doble lenguaje, la falsificación de la historia, la intimidación emocional, la manipulación de los sentimientos de pertenencia, la explotación de los miedos y complejos de la clase política, la creación de poderosas redes de corrupción, la compra de los medios de comunicación, etc. Muchos españoles han interiorizado ya la derrota, empezando por los partidos políticos hasta ahora mayoritarios, pero también los otros poderes e instituciones del Estado, incluida la monarquía. ¿Como es posible que el Rey, que es el Jefe del Estado, haya soportado resignadamente los abucheos en el final de la Copa que lleva su nombre, gritos, gestos y pitidos que directamente insultan y ofenden a todos los españoles y también a su persona y la institución que representa? ¿Qué consejeros tiene? ¿No está entre sus poderes y atribuciones constitucionales el no consentir ni soportar semejante humillación y desprecio? ¿No podría haber abandonado el estadio y dar así un ejemplo de dignidad, mostrando que no es una figura meramente decorativa? ¿Habría actuado así un Presidente de la República? Ha sido patética la reacción de Pedro Sánchez llamándole para mostrarle su apoyo... ¿Pero qué patochada y qué cinismo es éste? ¿Que el Rey necesita llamadas de apoyo y consuelo, pobrecito, cuando es incapaz, él, el gobierno y la oposición, de defender e imponer la ley, ignorando el sentimiento de agravio y ofensa de la mayoría de españoles, incluida una mayoría de catalanes? ¿Con qué estúpida arrogancia se puede despreciar este sentimiento de indignación generalizado y justificado? ¿Tan poco importa este sentimiento y sí, en cambio, el no provocar a los independentistas?

Es deplorable la reacción de los políticos y los medios de comunicación, síntoma cegador de la degeneración mental y psicológica a la que han llegado. Libertad de expresión, repiten unos. Gamberrada, falta de respeto y mala educación, cacarean otros. Triste, lamentable, declaran los más duros. Y luego viene ese paripé de la Comisión contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte, a la que le sobra todo el nombre y le falta simplemente determinación, para sacar un melifluo comunicado no se sabe si de condena o de disculpa. Se repite lo del 9N. Y Mas y los independentistas creciéndose y culpando al Gobierno por provocar y amenazar... Hasta se atreven a decir que “el Rey ha estado muy discreto y en su lugar, como le toca”. Le marcan al Rey lo que le toca y no le toca, por si acaso. ¡Eso sí que es tocarle (y tocarnos) los cataplines!

Oigo a los expertos, los prudentes, los irenistas, los arriolas: ¡No es para tanto! Si fuera un suceso aislado, aceptaría la llamada a la contención. Pero este acto forma parte de una cadena de hechos que refuerzan la impunidad y el envalentonamiento con que actúa cada día, y con más descaro, el independentismo. Se trata de un acto masivo de hostilidad, de provocación, de insulto público, orquestado, jaleado y promovido por instituciones públicas y organizaciones subvencionadas. Un acto premeditado de agresión y desprecio, que contribuye a propagar el odio y los enfrentamientos, y que aprovecha una competición transmitida a millones de espectadores. Todo esto califica y amplía el delito. Si abuchear a un futbolista negro es acto racista que conlleva sanciones, ¿qué es un pitido masivo, estruendoso, seguido de insultos y gestos contra los españoles, el Rey y el himno nacional? Y esa gigantesca pancarta con el lema Jota ke irabazi arte (Dale duro hasta vencer), la misma que han usado los terroristas de ETA, ¿qué pasa, que era una llamada a la convivencia pacífica, y por eso no se ha enterado esa rimbombante Comisión, a la que, por cierto, acuden dos altos cargos policiales uniformados y llenos de medallas? ¿Qué pintan ahí y qué defienden? ¡También aparecía otro militar lleno de medallones detrás del Rey en el palco del Barcelona!

A Felipe VI empiezan a llamarle el Rey Prudente. A lo mejor tenemos que recuperar aquello del Rey Pasmado o quizás Abducido. Todavía me queman en la retina esas imágenes donde se le ve al volante riéndose con Mas, su copiloto. ¿Metáfora de España? Claro, que no podemos echarle a él una culpa que es de casi todos, incluidos muchos ciudadanos. Una vez me comentó un ex-jefe de la Casa Real que el propio Juan Carlos ya había asumido que un día u otro Cataluña se independizaría. Es el que dijo aquello de “Tranquil, Jordi, tranquil”. Si ya ha llegado el derrotismo y la interiorización del fracaso de España como Estado democrático a la cúspide de tan alta torre, no es de extrañar el sentimiento de indefensión de gran número de ciudadanos. Yo, ante semejante futuro, me la jugaba con un gesto de valentía. Si me pidiera consejo, yo le daría una hoja de ruta que le llevaría, infaliblemente, o a la de derrota final, o al asentamiento de una de verdadera democracia, no sólo en Cataluña, sino en toda España. Cualquier cosa menos continuar templando gaitas (gallegas) mientras otros soplan pitos.

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JoaquinM 25/08/2015 - 11:13h
Gran artículo, y qué razón tiene cuando teme la falta de solidez ideológica de Ciudadanos. El otro día consulté su programa en su página web, y quedé espantado al ver que defienden el llamado "principio de ordinalidad" (?!!!), es decir, que el dinero que los ciudadanos reciban del Estado dependa de su territorio al fin y al cabo, y no de lo que necesiten. Que las regiones más ricas nunca puedan recibir menos dinero por habitante que las más pobres (¡pero más sí, eh!). ¿Y que sucede si una región pobre, por causas diversas como insularidad, o por dispersión de la población, necesita más dinero para ofrecer los mismos servicios? Pues AJO y AGUA, según el programa de Cs. Es decir, sometimiento completo al concepto territorial nacionalista de la asignación de los recursos. Es decir, que en lugar de "Ciudadanos", mejor que se cambien el nombre a "Territorios". Mientras Ciudadanos mantenga esto en su programa, JAMÁS los votaré, probablemente me quede en casa unos cuantos años.
JuanPerez 25/08/2015 - 11:13h
La temptació apocalíptica de vegades té arrels personals, més que r3es per allò del got mig ple o mig buit. Tantes raons hi ha per defensar que el prusés no xuta com, i en això l'article és prou eloqüent, pel contrari, que ens acostem a la fi de'Espany tal i com l'hem coneguda, per la Història i per la part que ens ha tocat viure. M'ha sobtat, per exemple, que en una anàlisi tan seriosa en cap moment hagi parlat Trancón de la construcció subvencionada d'aquesta hegemonia secessionista, i de com bona part d'ella, si no tota, té uns peus tan fràgils com la recepció a temps de la subvenció o no. Amb l'amor a l'euro, que no pas a Europa, que hi ha fins i tot entre els secessionistes, dubto seriosament que sense la financiació pública tot aquest enrenou hagués tirat endavant. Crec que es tracta d'una malversació flagrant, i de fet, Mas està acusat per un TSJC massa polític i que no vol mullar-se, ficar-s'hi en una aventura inhabilitadora que potser estan frenant des de Madrid,
JuanPerez 25/08/2015 - 11:13h
(y2) , tot seguint la teoria que això s'acabara tot sol, per les seves pròpies contradiccions, que en són moltes, com ara mateix la pregunta de Duran ha evidenciat, o la rebel·lió de BeC contra l'esperpèntic full de ruta de Ciu i DRC. Aquests són els articles que m'agraden, els que donen peu a la respectuosa controvèrsia.
Aleph 25/08/2015 - 11:13h
Sr. Tarancón: Tiene Vd. todos mis respetos. Fue de los primeros que lo vio claro hace 34 años. Dice Vd. que tiene una hoja de ruta para esta situación. Yo estoy dispuesto a seguirla; yo ya no se salir de esta situación, expóngala que creo que muchos vamos a apoyarle. Se lo merece.
EduardoPinzolas 25/08/2015 - 11:13h
Lo importante, y lo más positivo, es que el Estado todavía tiene los medios para acabar con esto “en una tarde”, como decía hace unos meses no recuerdo quién, creo que un cargo o ex-cargo socialista. Bien es cierto que se ha concedido y consentido hasta lo inaudito y, por lo mismo, ahora habrá que esforzarse mucho más para recuperar algo del terreno perdido. Ya veremos qué sucede tras las autonómicas y cómo actúan los secesionistas, sobre todo ante las generales y el período de cierta inestabilidad o provisionalidad y vacío de poder que abre ese proceso electoral. No dudo un pelo de la falta de valentía de éstos si fueran necesarias actuaciones contundentes como la intervención de la autonomía aplicando la Constitución, más bien los veo como en el 34. Eso sí, hay que perder el miedo a la contundencia y abandonar la contemporización. La solución global del problema es mucho más trabajosa y larga, por supuesto, y sigo pensando que hay que empezar por la educación,
EduardoPinzolas 25/08/2015 - 11:13h
(2)imponiendo legalmente el fin de la inmersión y un currículum de contenidos mínimos común en todo el estado. El otro día leía que la futura alcaldesa de Badalona, Dolors Colomer, cupaire y activista de la ANC, es profesora de ciencias sociales en un instituto de secundaria. ¿Qué enseñará a sus alumnos? Y es sólo un botón de muestra de entre miles de los que tienen en sus manos la formación de los niños y adolescentes. O se ataca el problema del adoctrinamiento escolar de una vez o la desintegración de España será inevitable algún día.
JuanPerez 25/08/2015 - 11:13h
FA temps, Eduardo, que proposo la creació d'un examen d'Estat per a poder tenir el títol de Batxiller avalat per l'estat, comú per tots els estudiants de l'estat. Quan comencessin a veure que, amb la immersió els seria gairebé impossible acabar obtenint el títol, poca cosa es necessitaria perquè els progenitors posessin el crit al cel contra el sistema que impedia
JuanPerez 25/08/2015 - 11:13h
FA temps, Eduardo, que proposo la creació d'un examen d'Estat per a poder tenir el títol de Batxiller avalat per l'estat, comú per tots els estudiants de l'estat. Quan comencessin a veure que, amb la immersió els seria gairebé impossible acabar obtenint el títol, poca cosa es necessitaria perquè els progenitors posessin el crit al cel contra el sistema que impedia
JuanPerez 25/08/2015 - 11:13h
(Perdó) que els seus fill poguessin continuar els seus estudis sense acreditar un perfecte coneixement no només de la llegua oficial d'Espanya, sinó dels continguts que ara, amb la autonomització del sistema, queden molt per sota del que fora desitjable que dominessin com a coneixements cabdals d'un batxiller. A veure qui s'atreveix...
EduardoPinzolas 25/08/2015 - 11:13h
Completamente de acuerdo, Juan, los resultados de esa especie de "reválida" podrían ser muy significativos de las diferencias de exigencia y conocimientos que impone el actual y atomizado sistema educativo español. Si a eso se suma la imposibilidad de seguir una carrera o estudios superiores en tanto no se hubiera superado esa prueba, podría constituirse en la piedra de toque para empezar a cambiar muchas cosas, desde la propia e imprescindible presión de los padres y la sociedad en general. Es indudable que muchos vociferarían y lloriquearían ante ese "acto de guerra" contra Cataluña, pero la única consecuencia es que acabarían afónicos y con los lagrimales secos. Nada más. Y ello habría de ir acompañado de la inhabilitación por vía judicial de aquellos que se negasen a aplicar las normas y sentencias. Lo primero que pasaría es que se lo pensarían dos veces antes de desobedecer.
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