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En defensa de Rajoy

Francesc Moreno
9 min

En relación con la jornada de ayer en Cataluña, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, está recibiendo, aunque por razones contrapuestas, críticas casí unánimes de las fuerza políticas, incluidas las de sus propios correlegionarios en Cataluña. Desde el independentismo se denuncia que Rajoy impugnara ante el Tribunal Constitucional (TC) el nuevo 9N, es decir la pseudo votación de ayer. Mas, Junqueras y Forcadell han utilizado gruesas palabras contra Rajoy. El ecosocialista Joan Herrera incluso ha cambiado su disposición inicial a no votar por falta de garantías por la de votar 'sí-no' como forma de protestar contra Rajoy.

Políticamente, la decisión de Rajoy es la más sensata. Impedir la votación, además de los riesgos de incidentes violentos, habría implicado convertir una fecha que el independentismo recordará como un fiasco para sus intereses, en una fecha histórica

En sentido contrario, desde las filas constitucionalistas se lamenta que no se haya aplicado la ley con todo su rigor y que se haya permitido, de facto, la realización de una consulta en la que la participación de la Generalidad fue más que evidente. Dos personas con las que suelo coincidir, Francesc de Carreras y Joaquim Coll, han sido también muy críticos, dando por muy malherido el Estado de derecho.

Entiendo las críticas de los constitucionalistas hacia Rajoy. Son muchos años de desamparo en Cataluña, y la reacción emocional al ver que un flagrante fraude ley se consuma son lógicas.

Pero ni jurídicamente, ni, sobre todo, políticamente, coincido con las críticas.

Jurídicamente, la jornada no se suspendió, no se sellaron las urnas, ni se impidió que abrieran colegios públicos para la votación. Pero el hecho que no se tomaran medidas cautelares no significa que las denuncias presentadas hayan pasado a mejor vida. Los tribunales deberán ir tramitando las denuncias, y veremos cuál es el final de la película. El TC no ordenó, al menos que se sepa, actuar a la Fiscalía. Los juzgados ordinarios actuaron con prudencia al no impedir las votaciones. En este sentido suscribo al cien por cien las declaraciones del ministro de Justicia.

Políticamente, la decisión de Rajoy es, sin duda, la más sensata. Impedir la votación, además de los riesgos de incidentes violentos, habría implicado convertir una fecha que el independentismo recordará como un fiasco para sus intereses, en una fecha histórica. En el referente máximo del victimismo. Mas se habría convertido en el héroe máximo, en un mito para el secesionismo: se nos impide votar porque somos la gran mayoría del pueblo catalán, sería el santo y seña del nacionalismo. La imagen internacional de España habría sufrido, y mucho, y entonces sí, el independentismo habría tenido más oportunidades de prosperar.

Pero la realidad es que la jornada, como era previsible, movilizó a los independentistas, a algunos extranjeros convertidos en apóstoles de causas ajenas, y a unos miles de menores bien adoctrinados en sus colegios y con ganas, lo que es muy loable, de participar en lo que se les vendía como una jornada histórica. Y los resultados de la movilización dieron las cifras que se esperaban. Acudieron a votar, a grandes trazos, los seguidores de CiU, ERC, ICV-EUiA y la CUP, con la sorpresa de que un 20% aproximadamente no votó por la independencia.

El Periódico adelantó la cifra de entorno a dos millones de participantes hace más de una semana. El nacionalismo lleva obteniendo entre un 30% y un 40% del censo electoral en todas las elecciones autonómicas, como muy bien explica Carles Castro. También acudieron a votar, además de algún despistado, bastantes personas que no quisieron significarse como no votantes en pueblos y ciudades donde la presión social en favor del independentismo es asfixiante.

Los independentistas son los que son, están estancados y no son la mayoría de los catalanes. Esto se ha vuelto a poner de manifiesto

Ya sabemos que las encuestas del CEO, también en este tema, no resisten la prueba de la realidad. Los independentistas son los que son, están estancados y no son la mayoría de los catalanes. Mucho menos una amplia mayoría. Cataluña no es un pueblo unánime, como pretenden los voceros del nacionalismo, y se ha vuelto a poner de manifiesto. Y, por cierto, Barcelona y su cinturón metropolitano continúan siendo un agujero negro para el nacionalismo, por muchos esfuerzos que se hagan para evitarlo. Aunque esta vez, para confundir a personas de buena fe, se hayan disfrazado de defensores de lo que ellos llaman "derecho a decidir". Los resultados esta ahí.

Así pues, mi conclusión es que, llegados hasta donde hemos llegado, la prudencia de Rajoy ha sido lo más sensato. Otra actitud habría deteriorado profundamente la imagen de España en el extranjero. La movilización independentista es minoritaria, pero lo suficientemente importante como para no ser tratada como un mero asunto de orden público.

Mis coincidencias con Rajoy se limitan a su actuación de los últimos días frente a la consulta. La cuestión ahora es si Rajoy, Sánchez y otros políticos españoles y catalanes habrán aprendido algo. El problema de Cataluña no es contentar al nacionalismo con más concesiones que no servirían más que para fortalecerlo -lo explica muy bien Stéphane Dion-. Debe racionalizarse el Estado autonómico e implementar las mejoras que se consideren necesarias para hacerlo más eficaz, incluida una reforma de la Constitución si fuera precisa. Debe adaptarse a nuestra integración en la UE. Deben evitarse duplicidades y controversias constantes. Pero no ceder al nacionalismo para que dentro de un tiempo vuelva a la carga fortalecido ante un Estado inexistente (la "hacienda propia" es clave).

Pero lo esencial es revertir la hegemonía ideológica del nacionalismo. Su control de los medios de comunicación, de todo el tejido asociativo catalán. Se debe acabar con el incumplimiento sistemático de las sentencias sobre el aumento del castellano en las aulas, en defensa de los derechos y libertades de los que lo tienen como lengua materna y de los intereses de los catalanoparlantes que no pueden acabar con un conocimiento claramente suficiente de un castellano culto que les sirva para ser más competitivos en la vida. Para ello, el Gobierno español de turno debe implicarse, como lo ha hecho, en sentido inverso, el Gobierno catalán durante 35 años.

Si los catalanes no nacionalistas no somos capaces de articular una mayoría política, la mayoría social se irá desintegrando

Pero los catalanes no nacionalistas también debemos despertar. Si no somos capaces de articular una mayoría política, la mayoría social se irá desintegrando. Y al final, la Cataluña interior y los que viven de la administración catalana vía subvenciones, contratos o sueldos, acabarán obteniendo su objetivo a pesar de que el mismo perjudique objetivamente a la mayoría de los catalanes.

Es lógico que los políticos negocien y lleguen a acuerdos. Pero sin abandonar a su suerte a la mayoría de la población catalana, tratada como moneda de cambio de vergonzosos pactos políticos. Si el 9N sirviera para despertar algunas conciencias en este sentido, me sentiría más que satisfecho. El independentismo se ha descarado antes de tener las bazas ganadoras. A ver si alguien se pone las pilas.

Y, por último, lo que mejor iría a los intereses de los catalanes no independentistas es lo mismo que al resto de los españoles: que se aborden las reformas pendientes, que se acabe la inacción frente a problemas como la corrupción, la financiación de los partidos, la falta de políticas sociales, etc., que hacen que el país se encuentre en una muy compleja encrucijada, marco perfecto para que los populismos de uno u otros signo acaben llevándose el gato al agua.

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¿Quién es... Francesc Moreno?
Francesc Moreno

Presidente del Consejo Editorial de CRÓNICA GLOBAL. Licenciado en Derecho. Ha sido profesor de Derecho financiero en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de Derecho mercantil en la Universidad de Barcelona (UB). Ha sido vicepresidente de La Seda de Barcelona. Fue el editor de El Debat y Tribuna Latina.

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Bruno1 25/08/2015 - 11:22h
35 años de pedagogía del odio a España no se revierten en una rueda de prensa diciendo: us estimem molt. Es cierto, el tejido asociativo ha creado un caldo de cultivo propicio para llega a esto: centros excursionistas, deportivos, esplais, asociaciones profesionales...todos han puesto su grano de arena en la formación del espíritu nacionalista.
Pepitox 25/08/2015 - 11:22h
Estoy de acuerdo en todo con el Sr. Moreno. Siempre he defendido que la estrategia de Rajoy, digamos, de "ignorar" el asunto catalán era buena y creo que sigue siéndolo. el 9N, se digan ellos mismos lo que se digan, lo único que ha hecho ha sido contar los votos nacionalistas que hay en Cataluña, que son los de siempre y son los que son. Así que de "fábrica de independentistas" y de "el 80%", nada de nada, por mucha foto anecdótica de gente disfrazada cutremente de guardia civil que sacaran votando ese día. Es cierto que a la mayoría social nos convendría estar más organizados políticamente y tener opciones de que en Cataluña consigamos que haya alternancia política real (uno de los criterios que definen a las democracias), pero eso depende de la responsabilidad de los partidos y hoy día el único con esa idea clara es Ciutadans. (sigo)
Pepitox 25/08/2015 - 11:22h
(sigue) Ni en el entorno socialista (no hablo del PSC al que apuesto por ignorarlo completamente), ni en el entorno "Podemos", ni siquiera en el PP (que en el fondo lo que desea es pactar con CiU un programa ideológico en el que coinciden al 100%) hay esa idea de ser una alternativa real en Cataluña. El Podemos controlado férreamente por Pablo Iglesias es absolutamente ciego en este sentido, sobre todo si analizaran que su voto mayoritariamente está en la mayoría social no nacionalista de Cataluña. En estas circunstancias, no son opción. Y ese es el drama: que nuestro espectro político se ve reducido por la estupidez de los partidos que piensan que hay que pedir perdón y contentar al nacionalismo. Suerte que está Ciutadans que, aunque imperfecto -yo lo querría mucho más sensible en lo social, mucho más a la izquierda que a la derecha donde mira más últimamente-, es la única alternativa.
EduardoPinzolas 25/08/2015 - 11:22h
Mi primera reacción, el domingo mismo, fue emocional y tenía mucho de frustración e impotencia al ver culminarse una ilegalidad institucional, pero a la reacción emocional debe sucederle la reacción puramente cerebral. Precisamente en una cuestión que aglutina tanta emocionalidad o visceralidad, la acción política (que debe basarse en lo racional) se convierte en un ejercicio de alto riesgo y difícil comprensión, al menos a corto plazo. Lo cierto es que, aquí, el Gobierno no tenía la opción entre una decisión buena y otra mala, sino entre una mala y otra menos mala. Difícil decisión, en cualquier caso. Dejar hacer ha supuesto permitir una ilegalidad, flagrante si se quiere, con todo lo que eso conlleva de menoscabo del estado de derecho y, sobretodo, establecer un precedente peligroso. Por otro lado, el mundo, especialmente la UE y las cancillerías europeas, han visto lo que hay: una chapuza partidista, con nulas garantías democráticas y legales,
EduardoPinzolas 25/08/2015 - 11:22h
(2)y lo más importante: que el apoyo social al independentismo no alcanza el 30% de la población. Impedir la votación a última hora (lo que sólo podía hacerse con presencia policial en los colegios por orden judicial) tenía varios riesgos de indudable consideración: 1. un deterioro de la imagen de España en parte de la opinión pública internacional a tenor de la información de medios extranjeros no siempre (como se ha visto en estos años) rigurosos, bien informados y carentes de sensacionalismo. 2. provocar incidentes violentos o como mínimo escenas de tensión entre votantes y fuerzas del orden. 3. conceder al nacionalismo argumentos y fotos que muchos anhelaban. 4. facilitar un incremento de los independentistas en base a una reacción emocional (no debe olvidarse que mucha gente, joven en su mayoría, vive esto de forma similar a una rebeldía adolescente contra la autoridad o como un enfrentamiento entre el débil y el poderoso, con las naturales simpatías hacia el débil;
EduardoPinzolas 25/08/2015 - 11:22h
(3)y tampoco debe olvidarse cómo ha calado entre mucha gente la identificación entre soberanismo y democracia vía el caramelo del “derecho a decidir”, incluso en gente supuestamente formada y hay muchos ejemplos conocidos). No tengo del todo claro qué decisión era la mala o la menos mala, pero puedo comprender que el Gobierno tomara la que tomó.
sensato 25/08/2015 - 11:22h
Si señor. Con el adversario nacionalista-independentista hay que jugar como ellos lo hacen. Inteligencia,tactica,estrategia. Ahora voy, ahora no voy, ahora subo,ahora me planto._
EduardoPinzolas 25/08/2015 - 11:22h
Coincido con el análisis que hace Pepitox de los partidos catalanes. Creo que si Ciutadans se ha estancado en su crecimiento o incluso ha perdido expectativa de voto, ha sido básicamente a favor de Podemos y por no poner el suficiente énfasis en las custiones sociales. Creo que debería compaginar más el discurso antinacionalista con el social y escorarse hacia posiciones claramente socialdemócratas para competir con Podemos y ofrecer una alternativa clara a los votantes de izquierda huérfanos, en especial a los hartos del PSC.
Ruetrousseau 25/08/2015 - 11:22h
El energúmeno RS no se si cree sus propias histórias, ahora parece ser que el 80% de los catalanes están a favor de la independencia y de que quien calle otorga. Si así fuese, le suguiero que pida a sus amigos nacionalistas de convocar eleccionees plebiscitárias. Con el 80% a favor no tardaría un segungo .... Soñar es gratis pero ni siquiera eso, RS es simplemente un provocador a sueldo pagado con nuestros impuestos
leborgne 25/08/2015 - 11:22h
Está claro que el Sr/Sra RS sabrá algonquino, pero no tiene ni idea de aritmética: el 80% del 36% es menos del 30% (haga ud mismo la multiplicación). Esos son los catalanes que han votado el dueto sí-sí y son favorables a la independencia. El 70% por ciento restante de los potenciales electores del "proceso participativo" (tiene bemoles lo de los eufemismos y neologismos que usan estos independentistas) no parece interesado en la cuestión o no está a favor de independizarse. ¡Menos especulaciones retorcidas,RS, y más hard facts!...
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