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El silencio de Mas es una táctica

por Roberto Giménez

03.11.2015
Roberto Giménez
4 min

Artur Mas está fuera de los flashes, pero que nadie se lleve a engaño. Es como una sierpe que muda la piel.

Si hacen memoria, desde el día de las elecciones del 27S sólo ha sido noticia en tres ocasiones. Una para decir que lo del 9N había sido una rebelión democrática contra el Estado. La otra fue cuando declaró el 15O con esa performance, o más exactamente una Agip-prop (agitación y propagada; abreviatura del ruso agitatsiya: agitación y propagada para influir y movilizar a la opinión pública). Y la tercera para decir que no tiene por qué acatar las sentencias del TSJC.

A su llegada al TSJC, Mas me recordó al Alexandr Kérenski de febrero de 1917. Ocho meses después, en el noviembre rojo, los soviets tomaron el poder

La agitatsiya delante del TSJC, en el paseo de Lluís Companys, con el acompañamiento coreográfico de cuatrocientos alcaldes convergentes empuñando su vara de mando, era un guiño a la gente de la CUP porque tenía los aromas de la revolución rusa. Mas me recordó al Alexandr Kérenski de febrero de 1917. Ocho meses después, en el noviembre rojo, los soviets tomaron el poder.

Observen los detalles: a continuación de la agitatsiya, Mas va solemne al patio gótico del Palau de la Generalitat, con hechuras de presidente de la non nata República catalana, para decir que es el único responsable del 9N. Asume toda la responsabilidad y advierte cuando los periodistas le preguntan si asumirá lo que digan los jueces, que depende.

Una semana después, en sede parlamentaria, dijo que con una Cataluña independiente ya no tendría que someterse a la Justicia española. Con ese tono solemne y grandilocuente de un Hamlet de la inmortal obra de Shakespeare. Mas es un excelente actor público. Está a la altura de Josep Maria Flotats.

Fíjense de las actitudes empleadas, todas medidas a la perfección de un profesional de las tablas: habla de rebelión democrática contra el Estado, organiza una agitatsiya, al modo y manera del teórico marxista Georgy Plejánov; que lo de acatar las sentencias, depen. Y que en la futura República catalana, las togas españolas desaparecen... Mas, el actor, consigue atraer mucha mierda.

Esta radicalidad dialéctica es la natural de una sierpe que se muda la piel porque quiere seducir a los antisistema del colectivo de Herri Batasuna, traducido al catalán, Candidatures d’Unitat Popular.

Esta radicalidad dialéctica es la natural de una sierpe que se muda la piel porque quiere seducir a los antisistema del colectivo de Herri Batasuna, traducido al catalán, Candidatures d’Unitat Popular

La estrategia de Artur Mas es la de conseguir los 68 votos que precisa para ser investido President, sólo necesita seis votos, de los diez que tiene la CUP, y como no se fía de sus embajadores él mismo es el que se arremanga la camisa y negocia: no hace falta desvirgar a los diez cupaires, sólo necesita seis. Los cuatro más castos que no se ensucien el cuerpo, y si les place al día siguiente de la investidura los diez pueden seguir haciéndole la puñeta. No le importará, si así lo desean y les da más placer.

Esa es la estrategia, y la táctica para conseguirlo es el silencio sepulcral porque sabe que su teatral oratoria les repatea. Lo sabe y por eso calla. Sólo hablará si hay fumata blanca o, por el contrario, si no hay copula y no tiene más remedio que convocar unas nuevas elecciones.

La política es más mudable que una sierpe, pero así está la partida de ajedrez, hoy.

P.D.: Este artículo fue escrito el 25 de octubre, lo he repasado antes de enviar a publicar y no he tocado una coma.

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Marino 03/11/2015 - 11:55h
A mí lo que mas me repatea de todo esto no es el silencio sino la palabra demócrata. En boca de nacionalistas, Mas y Cía, e izquierdistas desorientados me recuerda a Luis XIV: El demócrata, o si se prefiere la democracia, soy yo.
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