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El separatismo rompe viejas relaciones de amistad

por Roberto Giménez

03.10.2015
Roberto Giménez
6 min

Después del artículo titulado 'Mas & Junqueras SL: el fin justifica los medios', pensaba escribir sobre las estrategia de la manipulación política, a través de los medios de la mano de dos ideólogos tan contrapuestos como Chomsky y Goebbels, pero que tienen puntos comunes por aquello de que los extremos se tocan.

Empero, he tenido que cambiar de guión por la agradable sorpresa del cohete (850 compartidos en las redes en sólo 48 horas), del artículo publicado a toda prisa la noche electoral. Tan deprisa que no esperé al final del escrutinio, sino que acabé de escribirlo una hora antes del cierre. Tampoco me fue algo anormal, el periodismo te obliga a escribir contrarreloj, lo que te activa la sesera que segrega una agradable dosis de adrenalina que no se paga con dinero.

Desgraciadamente, estoy viviendo lo que nunca pensé que iba a vivir a mis 57 tacos: dejar de hablar de política con amigos íntimos, por culpa del 'procés'

El artículo en cuestión, 'Los separatistas no romperán España, pero han roto Cataluña', llamó la atención pero no es ninguna exageración retórica ni mucho menos un estrambote, sino una desgraciada realidad que los catalanes que no callamos para decir nuestras verdades de barquero, sufrimos en nuestras relaciones personales.

Afortunadamente, la tensión en Cataluña nada tiene que ver con los años de plomo de la vasca, en la que si no ibas de veleta en la dirección abertzale te colocaban una diana apuntando a la nuca o una bomba lapa en los bajos de tu coche. O, en el mejor de los casos, vivías con el temor a que un día te dieran un susto.

Yo era director de una revista semanal ('Revista del Vallés') que no se reprimía a la hora de calificar a los terroristas por su nombre, y recibí varias amenazas por escrito y pintadas en las paredes de mi ciudad de adopción (Granollers) firmadas por Terra Lliure, Maulets y otros grupúsculos de esa naturaleza que soñaban con importar la locura etarra a nuestra tierra. Esos adolescentes ya han crecido y hoy militan en ERC...

Advertencias y cartas amenazantes también para mi familia recibidas en casa para acoquinarme. Vano intento el suyo, porque las amenazas nunca me han coartado la libertad de expresión, pero que provocaron, entre otras, que me diera de baja del listín telefónico, o que cuando recibía un paquete con un remitente desconocido, la abriera con sumo cuidado para evitar una desagradable sorpresa.

Mi esposa, catalana de socarrel, un día me soltó, estando a solas, que menos mal que no vivíamos en San Sebastián. Le cogió tanta manía a ir al País Vasco, una tierra que me encanta visitar, que me costó muchos años llevarla para que la conociera. Esta historia tan personal la cuento en el capítulo 19 de mis 'Memorias de Director: Casi treinta años y un día'.

Desgraciadamente, estoy viviendo lo que nunca pensé que iba a vivir a mis 57 tacos: dejar de hablar de política con amigos íntimos, por culpa del 'procés'. Eso que pasaba en los años de plomo en el País Vasco está pasando en Cataluña desde hace tres años. La vida en la calle aparentemente es como antes, pero las relaciones personales se van deteriorando, lenta pero inexorablemente...

Compañeros de profesión con los que tenía una estrecha relación personal veo que se alejan, evitan el contacto y cuando les leo entiendo el porqué

Compañeros de profesión con los que tenía una estrecha relación personal veo que se alejan, evitan el contacto y cuando les leo entiendo el porqué. Han cambiado hasta radicalizarse por culpa de este nacionalismo que un bobo subvencionado calificó eufemísticamente como "revolución de la sonrisa". No veo ninguna sonrisa, sino caras agrias o distanciamiento. Con uno en concreto, excelente poeta, incluso mantenía un duelo de esgrima a través de un juego epistolar periodístico... pero eso ya ha muerto. Se nos ha agrietado el carácter. Han acabado las visitas a casa, los encuentros y hasta los saludos. Una pena. ¡Lo siento como una pérdida!

En las comidas o cenas con otros amigos, incluso reuniones familiares, hay un acuerdo implícito de no hablar de política, solicitado explícitamente por nuestras propias mujeres que, afortunadamente, son más inteligentes. Como decía el filósofo Julián Marías, a los hombres nos interesa lo que pasa, a las mujeres lo que queda; lo cual demuestra una mayor inteligencia, porque tenemos que preservar la antigua amistad por encima de estas contingencias.

Hace cinco años, en una cena de verano, unos días después de la sentencia del TC sobre la inconstitucionalidad de algunos puntos del Nou Estatut, un amigo barcelonés me dijo que no se atrevía salir de Cataluña por miedo a que le rayaran la carrocería o le pincharan las ruedas de su coche, porque llevaba la vieja matrícula con la B. Cuando le oí, no se lo dije por respeto y aprecio, pero pensé: este hombre tiene un grave problema mental.

Desgraciadamente, este grave problema mental se ha multiplicado en esta odiosa siembra de cizaña que han esparcido los sembradores del separatismo.

Este artículo no tengo claro si voy a colgarlo en mi página de Facebook...

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Antonio 04/10/2015 - 22:49h
Es esperanzador que caigan del guindos ahora muchos. Pero esto ya pasaba hace muchísimos años, pero preferisteis mirar para otro lado, llamabais fachas a los que se oponían o lo pensabais, o simplemente, vivisteis de la cosa.
Marino 04/10/2015 - 22:49h
Hemos llegado a un punto que no solo se deterioran las relaciones personales por discrepancias ideológicas de corte nacionalista. Entre personas de izquierda y derecha en Comunidades Autónomas sin problema nacional ocurre lo mismo. Y todo porque desde el púlpito ideológico se han dedicado a señalar como causa de todos los males al adversario político, lo que ha sido entendido por sus votantes con extrema radicalidad. Eso sí, luego ellos se prologan libros, asisten a fiestas, cacerías, comidas, etc. Ahí no importa la división ideológica. Así de tontos somos. Además en Cataluña está el tema del pesebre, bueno también en el resto de España. Y no es un tema menor para políticos, sindicalistas y subvencionados. Lo de pinchar las ruedas es un peligro real consecuencia de todo lo que expongo. También a la inversa si la matrícula es de Madrid. Hacen con nosotros lo que quieren. Y de sonrisas nada. Solo valen mientras se consigue algo.
Marino 04/10/2015 - 22:49h
Dijo el alcalde de Nueva York que es imposible hacer entender algo a alguien cuando su supervivencia, sueldo, ingresos, prestigio, etc. dependen de que no lo entienda. Trasládese esto a las personas afectadas por esta afirmación en las Comunidades Autónomas gobernadas durante décadas por políticos de idéntica ideología, con su pesebre bien montado, y lo entenderemos todo. Ya sea el mal funcionamiento de las instituciones, los medios de comunicación afines y sometidos, la ausencia de división de poderes, mal funcionamiento de la Justicia, funcionarios, laborales y sindicalistas agradecidos...En definitiva: La Partitocracia.
Escudero 04/10/2015 - 22:49h
Miles de antiguas amistades quedaron rotas ya en Cataluña ya a partir de los años 80, cuando la droga del pujolismo comenzó a enfermar mentes que hasta entonces habían sidi liberales y abiertas. La droga del nacionalismo, catalanismo o secesionismo (que es lo mismo con distintos plazos) transforma completamente a las personas y afecta más cuanto más incompetentes, mentecatos y pillos son los individuos (as) afectados, ya que les convence de que son superiores y con más derechos que su vecino al sentirse soldaditos atacados de una guerra que solo existe en sus cabezas
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