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El señor Espinàs no lee periódicos españoles

6 min

Dice que no es porque no sean interesantes, sino porque se cansó de leer opiniones en contra de Cataluña. Lo dice en un artículo publicado el pasado 13 de junio en El Periódico de Catalunya. Bien, admitamos (a modo de hipótesis) que tiene razón, que cada vez que en el resto de España se escribe algo sobre Cataluña sólo es para decir cosas malas de este territorio y de sus gentes. Lo que llama la atención es que en un ejercicio de cinismo impresionante, que estoy convencido que lo hace de forma inconsciente, producto de la superioridad moral que los catalanistas se autoatribuyen como premisa no discutible por nadie, y menos por ellos mismos, trae a colación la profunda reflexión del señor Xavi Hernández, conocido solamente por su maestría en jugar al fútbol, que dijo que los que se molestan con la pitada al himno nacional deberían preguntarse por qué ocurre eso. Ciertamente, el examen de conciencia es un ejercicio de modestia muy recomendable para ir por la vida. Pero ¿Y los indepes? ¿Ellos están exentos de hacer lo mismo? ¿No les iría bien hacerse su propio examen de conciencia y preguntarse por qué en el resto de España se escriben cosas que no agradan al catalanismo?

Durante mucho tiempo, en los periódicos madrileños se deshacían en elogios hacia Cataluña y su clase política, alabando el buen sentido y la prudencia del “nacionalismo moderado”

Planteando la cuestión desde el ángulo contrario: según la versión oficial del nacionalismo institucional, visualizada en la risita tonta del presidente de la Generalidad mientras se abucheaba el himno nacional, el mal trago que sienten muchas personas al ver menospreciado un símbolo de su país es un tributo necesario, por muy amargo que pueda aparecer, a la libertad de expresión de los demás. ¿Y los indepes? ¿No deberían en justa correspondencia leer impertérritos lo que se escribe sobre Cataluña desde los medios que no tienen obediencia catalanista? Llevando la cuestión al extremo del absurdo: ¿no debería el señor Gerard Piqué escuchar los insultos que recibió en León con espíritu deportivo, asumiendo que forma parte del derecho a la libertad de expresión? ¿no se debería considerar parte del paisaje que cuatro tontos pongan en el twitter alguna burrada sobre Cataluña?

Puede parecer esto una guerra del “y tú más”. Pero modestamente, me gustaría darle una explicación al señor Espinàs. Y si no le convence, le propongo que haga la comprobación empírica buscando en las hemerotecas para saber si fue antes el huevo o la gallina.

Durante mucho tiempo, en los periódicos madrileños se deshacían en elogios hacia Cataluña en general y su clase política en particular, alabando el buen sentido y la prudencia del “nacionalismo moderado”. Seguramente muchos en esto último lo hacían por apuntarse a una moda y sin saber realmente de qué estaban hablando. Pero con el tiempo empezó a cundir un sentimiento de estafa. Se había dicho que Cataluña no era independentista, que bastaba con atender sus moderadas aspiraciones de autogobierno. Se aprobó una Constitución y un Estatuto a partir de los cuales en Cataluña rige un nivel de autogobierno que no existe en muchos países con larga tradición democrática, con toda la capacidad para llevar a cabo una ingeniería social que conduzca a medio plazo a que el castellano, que muchos ciudadanos de Cataluña, después de aprender el catalán, lo tenemos como lengua natural, se vaya residualizando. Y aún así, el primer punto del orden del día de la política española seguía siendo la insatisfacción de los autodenominados nacionalistas, amenazando con radicalizarse. Mientras, una élite político-mediática lleva dedicándose a sembrar resentimiento hacia el resto de España desde sus tribunas subvencionadas con dinero público, desembocando toda esta labor de agitación en macromanifestaciones impensables en otros tiempos y exhibiciones de energumenismo colectivo como vejar a un himno nacional, cosas que en el resto de España y también en Cataluña, con toda razón se sienten como una bofetada.

Y para que no se me acuse de calumniador pondré dos ejemplos que me vienen en este momento a la memoria, aunque los hay a miles: la señora Rahola, aprovechando que se establece una medida económica, concretamente una subida del IVA en la que estaban incluídos los productos culturales, hablando de una España negra que desprecia la cultura y que se niega a abandonar el pozo de barbarie en que está sumida porque es donde se encuentra a gusto. El señor Junqueras diciendo que cuando Cataluña sea independiente se darán instrucciones a España para que pueda enderezar su economía.

Es innegable que desde el resto de España mucho de lo que se escribe sobre Cataluña está hecho con mucho desconocimiento y bastante incultura a veces. Pero que desde Cataluña hay una élite político-mediática que habla del resto de España con una prepotencia que se la pisan, también. Por tanto, señor Espinàs, el problema es más complejo de como usted lo plantea.

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¿Quién es... José Miguel Velasco?
José Miguel Velasco
Responsable de Organización de la agrupación de Ciudadanos en el Prat de Llobregat (Barcelona). Ex presidente de Acción Cultural Miguel de Cervantes.
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gelabert 25/08/2015 - 11:12h
Suscribo lo que sostiene Sr. Velasco y, me permito añadir mi modesta reflexión sobre el caso. Parto de una idea general que doy por cierta: en todos los colectivos amplios hay un porcentaje de gente de valía excepcional y otro de, permítase denominarlos así, brutos. Y entre ambos extremos grados (imposibles de medir individualmente ¡y además mudables!) diferentes de inteligencia, honestidad, respeto al prójimo, etc.. Desde esta idea lo fundamental en estos conflictos es definir a quién definimos como interlocutor, a quien imaginamos enfrente cuando polemizamos. ¿De qué español habla el Sr. Espinàs cuando pontifica sobre los españoles? ¿Del jornalero que apenas acabó estudios primarios? ¿Del investigador con curriculum internacional? ¿del falangista irredento o de quienes lideran las mareas blancas de la sanidad madrileña? Y, desde luego, lo mismo vale en sentido contrario. Ud. Sr. Velasco interlocuta en este artículo con dos "intelectuales" reconocidos en Cataluña (Espinàs y Rahola)
gelabert 25/08/2015 - 11:12h
(2) y eso le honra pero también desde nuestras posiciones (¡es imposible que no sea así!) hay quienes eligen como interlocutores a los brutos iletrados e irrespetuosos que en Cataluña son. Y ese comportamiento, paréceme, solo puede llevarnos a una espiral de odio y desprecio que sería la derrota de quienes, como creo que Ud. y yo, somos catalanes y españoles y creemos que juntos y mejor es posible, necesario y conveniente.
jbm1966 25/08/2015 - 11:12h
el señor Espinàs puede hacer lo que guste. Por mi parte, nunca he leído ni voy a leer ninguno de sus libros. Es que no me interesa nada de lo que dice. Por otra parte, si considera que criticar el nacionalindependentismo es criticar a Cataluña, mal vamos. Esta confusión es de necios. Dicho sea con propósitos pedagógicos. No es un mal catalán: muchos medios españoles también insisten en esa confusión. O sea, señores y señoras: VAMOS A SEPARAR LO QUE ES CATALUÑA DE LO QUE ES EL NACIONALINDEPENDENTISMO CATALÁN, que son cosas distintas.
JoaquinM 25/08/2015 - 11:12h
Muy de acuerdo con la afirmación final de jbm1966. La ideología nacionalista catalana, basada en indigestiones de manipulaciones históricas sobre la Historia regional y desconocimiento de la Historia común española, impulsada por un afán de ventajismo socioeconómico, y por puro miedo cateto a perder las esencias, ha demostrado ser profundamente dañina socialmente. Envenena las relaciones sociales entre catalanes y con el resto de españoles, y sustrae a los ciudadanos españoles el derecho a realizarse en su país (el de todos, no los pequeños terruños que venden como paraísos en la tierra) dividiéndolos en castas "nacionales" (sic). Es un tipo de ideología provinciana basada en el odio a un "extranjero" inventado que pese a ser inferior nos oprime. Sabino Arana y Prat de la Riba se merecen ambos el título de "Español Sociopático Creador de Tendencias Éxitosas". Todo lo que desde el civismo contribuya a desenmascarar esa ideología y carcajearnos de ella, bienvenido sea.
EduardoPinzolas 25/08/2015 - 11:12h
(2)que cayó con prodigalidad sobre Castilla, cada año en una ciudad,…”. Es decir que la modernidad y buen aspecto actuales de Ávila y otras ciudades castellanas no se debe, no puede deberse, al esfuerzo, la laboriosidad, el gusto o el interés de sus habitantes, sino a los “regalos” multimillonarios del Estado, regalos que no se ven en Valencia ni más al norte (en Cataluña), regiones éstas “modernas” y “aseadas” por méritos propios. El hombre es Joan Francesc Mira, escritor, antropólogo, sociólogo y profesor universitario, ferviente nacionalista y pancatalanista valenciano, y escribía las citas anteriores en el seno de un artículo para el Avui, allá por el lejano 2005.
EduardoPinzolas 25/08/2015 - 11:12h
(3)¿A qué viene esta larga parrafada? Voy a ello. Lo primero, decir que suscribo totalmente lo que dice el artículo y también los comentarios subsiguientes . Y añado, a mi vez, una consideración personal sustentada en mi experiencia (vivo en la Cataluña interior y he trabajado muchos años en la educación) e ilustrada por la anécdota de Joan F. Mira. Es constatable que existe en amplias capas de la sociedad catalana un sentimiento de superioridad, no tan sólo moral sino también cultural, sobre el resto de España expresable en la visión de Cataluña como una región (o país, o nación) avanzada, moderna y culta, al nivel de la Europa rica, frente a una España (“allà a les Espanyes”, como dicen a veces) retrasada, pobre, holgazana, poco culta y más cercana a África que a Europa, males endémicos y seculares de los que es incapaz de desprenderse del todo. Este sentimiento y esta visión no son espontáneos, son un caldo de cultivo (metáfora siempre oportuna) preparado cuidadosa
EduardoPinzolas 25/08/2015 - 11:12h
(4)y concienzudamente desde tiempos ya lejanos. Paralelamente al adoctrinamiento nacionalista (la desvinculación con la idea nacional de España y con todo lo español) ha habido, también desde la escuela y desde los medios, un incremento desmedido de la autoestima que ha conducido a ese sentido de superioridad y a la dificultad en la autocrítica. Pondré un ejemplo: cuando TV3, como suele hacer, informa dando relevancia y con todo detalle de cualquier avance o descubrimiento en ciencia o tecnología de catalanes mientras silencia los que se producen en el resto de España, está facilitando la percepción de que Cataluña es superior, de que los catalanes son más inteligentes y creativos y están mejor formados, mientras el resto de España es una especie de desierto en materia científica y cultural. Esta política informativa no es casual, sino intencionada.
EduardoPinzolas 25/08/2015 - 11:12h
(y 5)De otro lado, es sabido que quien se cree superior, acostumbra a creerse merecedor de privilegios y legitimado para criticar, y acepta muy mal la crítica de aquél a quien considera inferior. PD. 1. Para más información sobre el artículo de Joan F. Mira, este enlace: http://nacionalismo.blogs.com/byebyespain/2005/09/las_vacaciones_.html#more 2. Pido disculpas por la longitud, seguramente excesiva, de este comentario.
Marino 25/08/2015 - 11:12h
Muy bueno el artículo y muy buenos los comentarios. El nacionalismo ha conseguido, intencionadamente, que se identifique catalán con nacionalista. Incluso dentro de Cataluña, Porque primero van los apellidos junto a la lengua y después la ideología. Esta no te certifica como catalán pero sí como buen catalán, por ello, si no eres nacionalista ni das el "perfil de catalán" puedes hacerte merecedor de beneplácitos y bendiciones si te desmarcas de la España negra, casposa y opresora. De ahí a que sea digna de odio no hay mas que un paso y muchos ya lo han dado. Hay auténticos genios hablando con los pies que ponen en evidencia su ignorancia cuando lo hacen con la boca. Demasiados plumeros llevamos ya vistos.
JuanPerez 25/08/2015 - 11:12h
Eduardo, respecte d'aquest agitprop de la megalomania nacionalista, encara em recordo de la recança amb què van informar de què l'asaltant que va etzibar puntades de peu a la cara d'una immigrant al metro es deia Xavier... Van trigar a reconèixer-ho, evidentment... I en les primeres informacions crec recordar que fins i tot el van castellanitzar el nom... Són les misèries de l'arialitat...
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