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El previsible crecimiento de los enanos

Mireia Esteva
3 min

La noticia que hace referencia a un grupo de alcaldables de tres localidades cercanas a Barcelona que se han comprometido a "proclamar la independencia" tras las elecciones municipales del 24 de mayo "tomando el control efectivo político" de sus "territorios", en caso de que el Parlamento autonómico de Cataluña no lleve a cabo esta proclamación, es la manifestación de la impaciencia en alcanzar el cielo. Cielo, que según nos prometieron en anteriores hojas de ruta, ahora ya deberíamos tener.

Sin duda, es más rentable ponerse al frente de un cambio que enfrentarse al statu quo

La declaración no me ha sorprendido, inmersos como estamos desde hace tiempo en un 'procés' tocado de muerte desde el mismo principio. Desde el mismo Estatuto de corte federalista al que yo voté positivamente y que por falta de perspectiva histórica un PP ofendido llevó a los tribunales. ¿Por qué digo esto? Porque creo que también nosotros nos equivocamos al plantear un proceso federalista sin hacer partícipes a las diferentes partes que formaban parte del conjunto. Entonces, Cataluña debería haber liderado un proceso de federalización del conjunto de España. ¿Esto lleva tiempo? ¿No nos habrían hecho caso? Más tiempo llevan los movimientos erráticos y la unilateralidad, porque el desprecio al adversario lo único que consigue es prepararlo para la futura confrontación, en lugar de hacerlo para la negociación. Sin duda, es más rentable ponerse al frente de un cambio que enfrentarse al statu quo. Pero a estas horas ya lo deberíamos haber aprendido.

Cuando decimos que tenemos derecho a decidir y al mismo tiempo menospreciamos la Constitución y los pactos con el resto de fuerzas políticas, envenenamos la democracia y abrimos la caja de pandora para facilitar que diferentes territorios catalanes dispongan a su aire de este derecho. Y cuando se plantea desde los partidos políticos que gobiernan Cataluña que les da lo mismo el voto de los ciudadanos, porque la ley electoral les permitirá con escaños tomar decisiones que no les competen, estamos frente al ejercicio de procesos antidemocráticos.

No nos extrañe que queriendo argumentar y justificar lo injustificable nos crezcan los enanos. No es extraño que los gobiernos municipales quieran aplicar con escala más pequeña, lo que han aprendido del gobierno de la Generalitat: actuar sin competencias, con el ejercicio de un hipotético poder auto-otorgado. Ningún voto ciudadano puede adjudicar a ningún territorio, ni grande ni pequeño, la capacidad para la secesión unilateral de territorios, porque los votos que damos los ciudadanos a los políticos, son para el ejercicio de las competencias que les corresponden. Competencias que se pueden cambiar, por supuesto. Reglas del juego que hay que cambiar, mediante el ejercicio de procesos democráticos.

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¿Quién es... Mireia Esteva?
Mireia Esteva

Escritora y licenciada en Biología. Ex consultora de la OPS en Washington. Desempeña responsabilidades de dirección en la Administración pública catalana.

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Olegario 25/08/2015 - 11:15h
(1)Más vale tarde, pero la autora va en la línea de que la Constitución puede modificarse, así lo previeron los constitucionalistas. Cierto que no es fácil, que hace falta contar con aliados y convencerles de que las propuestas son beneficiosas. El problema es convencer de algo que, nacido desde el egoísmo más despreciable y desde el convencimiento de la superioridad sobre los demás, debe ser apoyado. La autora expone la pérdida de prestigio para ser interlocutor, cuando no se han respetado las formas, sin embargo no contempla que, precisamente no se respetan las formas cuando íntimamente sabes que tu pretensión es infumable.
Olegario 25/08/2015 - 11:15h
(2)Tampoco incluye la pérdida de posición negociadora, la pérdida de prestigio, al no contemplar la política interna, la desarrollada en la propia Comunidad durante décadas. Esta realidad no puede pasar el filtro de los valores democráticos ni de respeto a todos los integrantes; y no estoy hablando sólo de aspectos formales, sino de la consideración de realidad catalana a sólo una parte de su sociedad, "la propia", no a la sobrevenida, también llamada "inmigrada" o "nouvinguda". El problema de fondo siempre es el mismo: la pretensión de construir una realidad identitaria no es posible compatibilizarla con la construcción de una sociedad democrática. ¡Despierten!, nacionalismo y democracia no son compatibles.
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