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El Estado Nuevo

Francesc Moreno
4 min

Uno de los argumentos utilizados por el independentismo catalán para convencer a la población más alejada de la reivindicación identitaria de la conveniencia de la independencia de Cataluña no es que se trataría de un nuevo estado, cosa evidente, sino de un "estado nuevo", es decir de un estado sin los vicios, defectos, problemas o injusticias del actual. El concepto de "Estado nuevo" fue muy usado por el fascismo durante el periodo de entreguerras del siglo pasado.

Un país más pequeño y con efervescencia nacionalista implicaría menos centros de poder económico, menor independencia del poder judicial, menos libertad de prensa, en definitiva menos democracia. Si esto está pasando ahora, imagínense en una Cataluña independiente

España, Brasil o Portugal utilizaron esta terminología para definir un estado teóricamente apolítico, sin la decadencia de las democracias. En la actualidad el concepto es utilizado en Venezuela, "Nuevo Estado Bolivariano", para enfatizar que la "revolución" ha cambiado las bases de las relaciones entre la sociedad y el poder político. Desde luego no en beneficio de la sociedad.

El independentismo trata de aprovechar el malestar social derivado de la crisis, como en la década de los treinta del siglo pasado, para atraer a los más afectados por la crisis a sus planteamientos ideológicos. De ahí la idea de recuperar el concepto de "estado nuevo".

El "nuevo estado" será más democrático e igualitario. No habrá corrupción. El "pueblo" tomará las riendas del poder. No habrá poderosos, todos los ciudadanos serán iguales ante la ley. En definitiva el nuevo estado será un estado mejor.

Ya he señalado en otras ocasiones que uno de los motivos que me hacen no comulgar con el independentismo es que creo precisamente lo contrario. La Cataluña independiente no sería un estado mejor sino mucho peor que el actual. Ya hace tiempo que la teoría del oasis catalán ha pasado a mejor vida. La clase política dirigente catalana no es ni mejor ni peor que la del resto de España, con el agravante de que en Cataluña ha funcionado una ley del silencio y del encubrimiento mutuo que no ha existido en la misma dosis en el resto del estado. Un país más pequeño y con efervescencia nacionalista implicaría menos centros de poder económico, menor independencia del poder judicial, menos libertad de prensa, en definitiva menos democracia. Si esto está pasando ahora, imagínense lo que pudiera pasar en una Cataluña independiente que nacería con graves problemas económicos y financieros y con una profunda división social. Las tentaciones autoritarias estarían al orden del día, y la excusa del enemigo interior y exterior sería la coartada perfecta, como siempre en los regímenes autoritarios, para justificar lo injustificable. El estatalismo propio de todos los nacionalismos se vería favorecido por las "necesarias medidas" para garantizar el abastecimiento, el flujo del dinero etc. Panorama ciertamente desolador.

No se trata de aplicar mecánicamente el concepto de fascismo, entre otras cosas porque el mismo va íntimamente ligado al éxito de la revolución rusa y el auge del comunismo. Hoy hablar de fascismo no tiene sentido. Pero si de formas autoritarias y estatalistas de ejercicio del poder.

Por otra parte bueno es recordar a quienes califican de fascistas a todos aquellos que no comulgamos con el independentismo que los únicos catalanes que se han autocalificado de fascistas fueron los de Estat Català, y hace poco tiempo dos de sus dirigentes más nefastos, los hermanos Badía, fueron calificados de patriotas y homenajeados públicamente.

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¿Quién es... Francesc Moreno?
Francesc Moreno

Presidente del Consejo Editorial de CRÓNICA GLOBAL. Licenciado en Derecho. Ha sido profesor de Derecho financiero en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y de Derecho mercantil en la Universidad de Barcelona (UB). Ha sido vicepresidente de La Seda de Barcelona. Fue el editor de El Debat y Tribuna Latina.

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Juan Pérez 25/08/2015 - 11:28h
Aquesta novetat de l'estat desitjat no és tal, perquè, de sempre, hi ha hagut un concepte: "fet diferencial" que ha portat implícita l'excepció catalana per fer i desfer sobre el que sigui: Administraciói, Estat, Finances, Malversació, Latrocini, Art, el que sigui. Van trencar el motllo, que diem col·loquialment, tot i que aquesta visió del fet diferencial depen molt, òbviament, de qui l'enuncia, per veure fin a on arriben els límits i qui hi cau dintre amb totes les benediccions del patriotes. Tot plegat, lamentable.
Ramon Salvat 25/08/2015 - 11:28h
Sobre Estat Catala, los Badias y personal afín, nada mejor que leer las contemporáneas crónicas de la periodista Irene Polo. Sobre el artículo, absoluto acuerdo con una importante excepción. Es evidente que el Chavismo tiene defectos, considerables, y lamentables algunos, pero no confunda Vd. la sociedad venezolana, con las clases altas y medias con aspiraciones a altas . Recordemos, por favor, la partitocracia del gran amigo de Felipe González, la situación de las clases populares antes de Chaves, recordemos quien gana las elecciones de manera democrática en aquel país, y otorguemos tiempo para que corrijan lo que está mal. En Venezuela hoy no existe dictadura alguna, a pesar de lo que diga la derecha el diario País y Vargas Llosa
Eduardo Pinzolas 25/08/2015 - 11:28h
Personalmente, tengo la convicción de que los conceptos teóricos del pensamiento sociopolítico que están bien definidos y establecidos históricamente deben seguir vigentes y que no hay la necesidad teórica de que cada época histórica establezca una conceptualización y una terminología específicas, pero esto es un criterio personal. Por poner dos ejemplos observables en la Cataluña actual: la práctica de la imposición en espacios públicos de símbolos ideológicos que no representan a todos los ciudadanos y su pluralidad de identidades y pensamiento o el control ideológico sectario de los medios de comunicación son prácticas netamente “fascistas”, pero llámenlas “autoritarias” si les resulta más cómodo. De cualquier forma, vamos a entendernos igual. Lo que parece meridianamente claro, para nosotros al menos, es que estas prácticas ya habituales no tienen por qué desaparecer con la independencia, sino en todo caso incrementarse.
Eduardo Pinzolas 25/08/2015 - 11:28h
(2) Lo mismo es probable que pase con la corrupción, la falta de transparencia, la marginación social por motivos ideológicos o culturales y las carencias de decisión, al menos sociológicamente parciales, en los futuros mecanismos de participación política ciudadana. Todo lo que se vende ahora al respecto no es más que un cuento de hadas para incautos. ¿Acaso los catalanes son genéticamente menos corruptos que el resto de humanos?, ¿acaso la clase política catalana ha dado un ejemplo edificante en las últimas décadas?, ¿acaso alguien espera que los disidentes vayan a tener alguna voz en la Cataluña independiente si ya casi no se les otorga ahora?
Olegario 25/08/2015 - 11:28h
Francesc, concuerdo contigo en lo nefasto que sería ese estado nuevo en manos de las minorías catalanas que conciben la democracia como una vistosa túnica que oculta la lepra y la omertá que practican. Pero, amigo mío, la propuesta que defiende el socialismo disponible es peor: "de puertas hacia dentro haced lo que queráis, blindaje total, que la cobertura de defensa, de homologación europea, de la pertenencia a la ONU y a los demás avales internacionales, los garantizamos nosotros desde el Estado. Además, obviamente, os aseguramos que participaréis de la composición de todos los instrumentos del Estado, incluso de los que le vetáis su presencia en Cataluña". La propuesta socialista implica lo que parece imposible: la parte controla al todo a cambio de que el todo no controle la parte. ¿Quién da más?
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