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El dilema del boxeador mentiroso

por Juan Carlos Segura

04.06.2015
7 min

Durante las pasadas elecciones municipales, Societat Civil Catalana ha denunciado a los Ayuntamientos que ondeaban banderas independentistas en sus balcones y en sus fachadas. La reacción inmediata de sectores nacionalistas fue criticar la iniciativa de SCC, argumentando que la reacción sería contraproducente porque por cada estelada retirada de un Ayuntamiento, los vecinos de esa localidad pondrían muchas esteladas en sus casas.

Los que hemos practicado el noble deporte del boxeo, sabemos que el hecho de cerrar la guardia defensiva y recibir puñetazos en hombros y brazos, no significa que se esté perdiendo el combate

De forma parecida se ha criticado la iniciativa la Comisión antiviolencia del Consejo Superior de Deportes, de iniciar expediente sancionador a los promotores de la pitada en la final de Copa, argumentando que medidas de este tipo fomentan el sentimiento independentista y crean desafección hacia la nación española.

En la Comunidad Autónoma Catalana vemos expectantes como a diario se está produciendo una dura confrontación, entre declaraciones y contra declaraciones, de los partidarios y detractores de la independencia. Este ambiente político enrarecido, traspasa el ámbito de las instituciones públicas, proyectándose en tertulias radiofónicas, televisivas, familiares o las llamadas "de taberna". Estableciendo una metáfora visual, este tipo de discusiones, ya sean más o menos acaloradas, nos recuerdan un combate de boxeo en el que los dos púgiles intercambian puñetazos, golpeándose el uno a otro, con la única intención de salir victorioso de la pelea.

Existe una técnica dialéctica inserta en el pensamiento separatista, que con una intención claramente disuasoria, pretende marcar los límites de todo debate que se centre en la dicotomía: "independencia sí", "independencia no", de forma que para entender la relación correlativa entre política y boxeo, debemos de volver al ejemplo del pugilato, estableciendo lo que denomino "el dilema del boxeador mentiroso".

Imaginemos una previa de una velada de boxeo, en la que un boxeador le dice a otro -si durante el combate me pegas, con tus golpes me fortaleceré gradualmente, de forma que, cuantos más golpes reciba, más fuerte seré, y lógicamente eso no te conviene, porque a bien seguro perderás el combate-.

Trasponiendo esta actitud al terreno de la política ¿Cuántas veces hemos oído la frase? -cada vez que habla el Sr o la Sra. X (por X se entiende un político o tertuliano defensor de la unidad de España) muchas personas se vuelven independentistas-, o -el Sr. X es una fábrica de nacionalistas-. Esta afirmación priorística pretende anular las opiniones del Sr/a X, porque si el Sr X se cree ese razonamiento, optará por no abrir la boca para no favorecer la causa independentista, que pretende rebatir. Una variante de esta técnica dialéctica, consiste en auto otorgar a las realidades nacionalistas de facto, una especie de blindaje, que se sitúa por encima de cualquier otra consideración, y por supuesto, por encima de la Ley.

Todos recordamos que cuando se iba a encarcelar a los integrantes de la Mesa nacional de Herri Batasuna, mucha gente en País Vasco decía poco más o menos que veríamos barricadas en las calles, y no pasó nada. Años después, cuando el Tribunal Supremo ordenó ilegalizar Herri Batasuna, y la policía procedió a clausurar sus locales, los portavoces de esa organización afirmaron que "ardería Euskadi", y no pasó nada. En la misma sintonía, si ahora se sanciona a los promotores de la pitada al himno de España, o en el futuro algún Gobierno de España ordena definitivamente la retirada de todas las banderas esteladas, y la reposición de la enseña nacional en cientos de Ayuntamientos catalanes, a bien seguro no pasará nada, salvo el cumplimiento de la legalidad y el triunfo del Estado de derecho.

Lo curioso es que en Cataluña ocurre precisamente lo contario, ya que los defensores de la democracia, de la libertad y de la legalidad, recibimos constantemente "golpes" políticos, en forma de declaraciones y de alusiones, en muchos casos ofensivas. Y cuando protestamos, se nos dice que no nos podemos quejar porque no hay para tanto y porque, según ellos, estamos contra la mayoría de los catalanes.

En la entrañable película de 1958, con guión de Vicente Escrivá, titulada "El Tigre de Chamberí", en una escena, José Luis Ozores (el Tigre) estaba recibiendo una soberana paliza de su oponente, y al sonar la campana liberadora que finaliza el round, al sentarse en la banqueta rinconera, su entrenador Antonio Garisa, para animarle le dijo -ni te ha tocado- a lo que el Tigre respondió -pues si no me ha tocado, debe de haber alguien entre el público que no para de sacudirme-.

Este ejemplo cinematográfico, trasponiéndolo a la política catalana, se equipara al hecho de que el Estado y la legalidad, están recibiendo constantes envites y desafíos por parte, no sólo de sectores separatistas, sino de los propios representantes de la Generalitat. Y es precisamente el Estado español, como garante de todas las libertades públicas y privadas el que, cual boxeador fajador, se limita a encajar golpes arrinconado entre las cuerdas.

Los que hemos practicado el noble deporte del boxeo, sabemos que el hecho de cerrar la guardia defensiva y recibir puñetazos en hombros y brazos, no significa que se esté perdiendo el combate. Porque si nos quedan fuerzas -y el Estado español tiene a su disposición las fuerzas necesarias- cuando se considera que el oponente ya ha golpeado lo suficiente, y de seguir así, podría realmente debilitarte, la contra puede ser terrorífica y demoledora.

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JDuck 25/08/2015 - 11:13h
Aunque no soy amante del boxeo, aprecio este noble deporte, y aborrezco a los boxeadores tramposos y mentirosos. Opino que es imprudente y peligroso dejarse poner entre las cuerdas, reduciendo la propia movilidad, limitándose a encajar golpes y amagar algún que otro golpe propio, pues esta táctica sólo logra envalentonar al boxeador cobarde y mentiroso. Me parece mucho mejor la estrategia del singular Cassius Clay: bailar, observar, marear y golpear uno por uno todos los puntos flacos del rival, hasta dejarle extenuado y próximo al K.O., que quizá ni haría falta porque el mentiroso acabaría rindiéndose de forma incondicional, después de dar gracias repetidamente por la campanilla que señala el final de cada round.
JDuck 25/08/2015 - 11:13h
Si las autoridades competentes siguieran esta estrategia, de manera coordinada y contundente, el Estado Español (con la Sociedad catalana y española), que es verdaderamente social y democrático de derecho, acabaría dispersando y disolviendo el “corro de la patata”,finalizaría el “procés” secesionista, y entonces reinaría la paz social, que es mucho más que la ausencia de conflictos más o menos violentos, puesto que presupone justicia en la legalidad y en pro del bien común ciudadano.
JDuck 25/08/2015 - 11:13h
Hay también otra estrategia, pero es demasiado oriental, y requiere un largo aprendizaje que permita diferenciar el Taichí (boxeo con la propia sombra) de sus sucedáneos descafeinados y también del Taichí-chuan (con otro boxeador y su sombra). Entonces el boxeador mentiroso se va golpeando a sí mismo porque no distingue la realidad de las sombras, y bastan algunos puñetazos certeros y contundentes para que diga “basta, me rindo”. Este auténtico arte marcial tiene al menos un punto en común con el lema del humanismo renacentista europeo “mens sana in corpore sano”. El lema del boxeador mentiroso es el diametralmente opuesto: “mens corrupta in corpore daveroso” (o casi, porque está muy canceroso).
Mateos 25/08/2015 - 11:13h
Estoy muy de acuerdo con el artículo..., pero, en mi caso, con que la "contra" o respuesta del Estado sea demoledora ya me doy por satisfecho. Con lo de "terrorífica" me pasa como con las películas de terror.... me quitan el sueño.
Marino 25/08/2015 - 11:13h
El artículo es excelente. Enhorabuena. Lo que yo veo es que a España le pasa lo que al planeta Tierra. El progreso va unido a una agresión, y esto vale para todos los Estados, Pueblos e Individuos. El problema es cuando la agresión -cambios, revoluciones, etc.- en el caso de los Estados o medios contaminantes en el de la Tierra pone en peligro la supervivencia misma del Estado, Pueblo, Individuo o Planeta. El símil con el boxeo es muy bueno porque mientras la agresión sea a brazos, hombros y demás el combate se puede ganar. No sé si España tendrá tocado el cerebro pero sí que el peligro es que por no ser acusado de hacer crecer y potenciar al enemigo nos volvamos tan "democráticos y progresistas" que no le cantemos las verdades, le dejemos hacer pensando que nos está golpeando los brazos cuando lo que nos machaca es el hígado, estómago y aun el cerebro. La solución está en denunciar las mentiras y manipulaciones nacionalistas y el servilismo, falso progresismo y aun avaricia de otros.
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