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Artur Mas tiene que irse ya

04.08.2014
9 min

Cuando Artur Mas dijo que lo de Pujol es un asunto de familia, ¡cuánta razón tenía! Lo sabe bien, es parte del clan. Artur Mas es el colaborador necesario del capo di tutti i capi Jordi Pujol para eternizar el control de la famiglia sobre Cataluña. Un control ejercido por la vía institucional, sirviéndose tanto del partido como del Palacio de la Generalidad, dirección dada como propia por Jordi Jr. a un banco de Ginebra: Plaza Sant Jaume, 4.

Este nacionalismo es la ideología con la que mantener unido al pueblo, unión que les ha facilitado exprimirlo

Artur Mas ha hecho su carrera política a la sombra de Jordi Pujol, quien fue su mentor y quien lo escogió al final como lugarteniente para mantener caliente la silla presidencial para Oriol Pujol. Para entregar al hijo lo que era del padre. Jordi Pujol escogió a un mero gestor, un político sin inspiración ni ideas propias. Escogió a un masover. Como tal, en 2012 Artur Mas se subió al tren del independentismo. Inicialmente una idea que tanto Pujol como Mas habían rechazado durante años, se volvió atractiva como extensión del nacionalismo del que ambos siempre habían vivido. Fer país.

Este nacionalismo es la ideología con la que mantener unido al pueblo, unión que les ha facilitado exprimirlo. Es mecanismo de control sobre los muchos para que unos pocos se pudieran enriquecer a costa de los primeros. Envuélvete en la bandera y puedes hacer de todo, lección de la historia universal, y también de la historia personal de Jordi Pujol desde el escándalo de Banca Catalana.

Quéjense de Merkel, pero el banco de Pujol se aprovechó de un rescate avant la lettre. Cataluña pionera: unos 300.000 millones de pesetas. Caro amico Jordi.

Las décadas de mentiras, abusos y lecciones de ética se han prolongado hasta hoy, cuando Artur Mas se da la medalla de lo "escrupulosamente democrático" mientras vive del mismo mecanismo de control. Y mientras observábamos un escándalo tras otro, del Palau de la Música hasta las ITV, Artur Mas empezaba a tirar de una vieja táctica usada por los políticos sin escrúpulos: hacer que el pueblo sea cómplice de sus fechorías para crear un vínculo inquebrantable. De ahí viene su giro hacia el independentismo, que sólo podía tener éxito con el apoyo de las masas convenientemente movilizadas.

Todo el mundo se acuerda del chantaje que le hizo en 2005 a Pasqual Maragall, cuando éste en el Parlamento autonómico sacó el tema del 3%. El comportamiento de Mas en ese momento puede compararse al de un matón de la mafia. Maragall cedió

El nacionalismo extremo siempre ha actuado así, recordemos que hace ahora cien años empezó la Primera Guerra Mundial. Artur Mas ha buscado el choque de trenes con el Gobierno, haciéndoles creer a los ciudadanos que no pasa nada, que interdependencia y tal, y que al final el mundo vendría a la salvación. Y, sobre todo, que el nacionalismo tiene razón y derecho: el dret a decidir. Millones se lo creen, la operación ha sido todo un éxito. La causa del clan se ha convertido en causa común de gran parte de los catalanes, que no saben que son chivos expiatorios, escudos humanos. Dispuestos a señalar al vecino como traidor o quintacolumnista, y ya son los cómplices que se buscaban.

La idea de que una cosa es el trabajo político y otra algún "error" personal es absolutamente falsa. Son estos los dos lados de la misma medalla. Mientras nos dicen que hay que hablar catalán a toda pastilla, como si fuera un mandamiento divino, se olvidan felizmente del los mandamientos 7 y 8. Recordar ahora que Mas se presentó cual Moisés tiene lo suyo.

Desde que Pujol perdió las elecciones y su Lady Macbeth xenófoba se sintió "expulsada de casa", Artur Mas es la pieza clave del sistema Pujol. Aunque quizás no se haya enriquecido de manera ilícita, ha sido el fiel colaborador y posiblemente conocedor de muchos de sus secretos. La colección de coches de lujo de Jordi Jr. es un detalle tan tópico, tan de peli B americana que nadie que sabía de ella podía obviar lo que pasaba.

Más importante aún, todo el mundo se acuerda del chantaje que le hizo en 2005 a Pasqual Maragall, cuando éste en el Parlamento autonómico sacó el tema del 3%. En ese momento Mas anteponía la impunidad de su partido a los intereses de Cataluña. Su comportamiento puede compararse al de un matón de la mafia. Maragall cedió.

Si sólo parte de lo que hoy leemos en la prensa es cierto, el sistema Pujol era un sistema podrido hasta los huesos, con ramificaciones en todos los estamentos de la sociedad y copiado en muchos municipios y comarcas. Era un sistema que bien pudiera calificarse de mafioso, que aún hoy no ha sido desmantelado. Y arriba de todo, presidiendo los órganos que han servido para estructurar este sistema, el partido CDC y la Generalidad, ahí ahora está Artur Mas. Él es el líder.

Es el colmo del cinismo que los presuntos defraudadores acusen al Estado de robar. Y es una sociedad políticamente enferma la que les permite continuar en el poder

Hasta se asemejan las excusas: hace dos años, Artur Mas, con pose escandalizada, se quejó de que se involucrara a su padre difunto. Hoy Pujol, en su torticera confesión, habla del suyo, difunto también. Son unos héroes.

Artur Mas heredó el sistema de clan de su "padre político" Jordi Pujol y le ha dado continuidad. Continuidad algo fallida gracias a la justicia, que apartó al heredero Oriol de la posibilidad de sustituir al masover Mas. Oriol, quien en perfecta división del trabajo debía dedicarse a la política mientras Jordi Jr. se cuidaba del negocio, se había vuelto impaciente y codicioso.

Pero continuidad no obstante. Sobre todo en la vertiente política, sin la que el negocio no funcionaría. Todo lo que ha hecho Artur Mas ha sido en beneficio del mantenimiento de las estructuras familiares, que ahora quiere convertir en "estructuras de Estado". Delirante. Esta es la razón de ser de su prusés, tema estrella en detrimiento de tantos otros. Esta es la gente que ha hecho Cataluña suya, en el sentido más personal de la palabra. Este es el verdadero sentido del "Estado propio" que buscan Artur Mas y los suyos. Esta es la Cataluña de hoy, la "nueva centralidad catalana".

Es el colmo del cinismo que los presuntos defraudadores acusen al Estado de robar. Y es una sociedad políticamente enferma la que les permite continuar en el poder. Una sociedad que ha hecho la vista gorda demasiado tiempo. Aunque sin saber detalles sabía del famoso 3% y conocía la omnipresencia de la Generalidad. No es una sociedad tonta sino, unos por aprovecharse y otros por miedo, es una sociedad que ha estado callada. Omertà.

No vengo a acusar al ciudadano. El poder tenía, y tiene aún, domesticados los medios de comunicación. Con mi dinero, con el dinero de todos. El pizzo siempre lo hemos pagado nosotros. El día que esto nos quede claro a todos será el principio del fin de un régimen basado en comportamientos que bien pueden considerarse como próximos a los de la mafia.

Masover. Mas over. Entonces seremos libres. Acabemos con el clan en la Generalidad y entonces sí que desde Cataluña puede partir una renovación de toda España.

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¿Quién es... Marcus Pučnik?
Marcus Pu?nik
Periodista, analista y cámara. De familia mixta alemana-eslovena.
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m.a. 25/08/2015 - 11:25h
Excelente Sr. Pucnik. En lo que se refiere a medios de comunicación, ayer me dejaron impactado las páginas que La Vanguardia dedicó a exculpar al Ignominioso Pujol. Eran como una ampliación a la "confesión" justificando sus presuntos delitos a base de esparcir excrementos en todas direcciones cual hipopótamo marcando territorio. Resulta nauseabundo que un periódico pueda caer tan bajo pero cuando se besa la mano...¿y la Iglesia Catalana, el Abad de Montserrat, el Opus? Callados como tumbas. Recuerdo una foto, Roma, beatificación Escrivá, Ferrusola en segunda fila...
VictorFrancisco 25/08/2015 - 11:25h
Muy buen artículo. Han gobernado actores y mucha gente se ha creído sus escenificaciones. Lástima.
Olegario 25/08/2015 - 11:25h
Texto crudo, argumentado y necesario, especialmente para los que rechazarán leerlo. Cataluña es una sociedad enferma, realmente. Unas clases dirigentes mafiosas y parasitarias y una ciudadanía cómplice por doble vía, la del entusiasmo de los estómagos agradecidos y la pasiva refugiada en el fatalismo y en dejar hacer. Todo ello envuelto, como no podía ser de otra manera, con el manto beatífico del patriotismo trascendente y con la bendición eclesial más pre-conciliar.
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