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Cospedal asegura que Cataluña "no merece un gobierno que sólo hable de fronteras"

La número dos del PP critica al Gobierno autonómico en manos de Mas por estar "todos los días echando la culpa a los demás" y no asumir "su responsabilidad", sobre todo, en materia económica. Recuerda que pedir un referéndum de independencia es "un brindis al sol". Al haber incluido al PSOE en sus palabras, Valenciano la responde acusando a los populares de "catalanofobia". Mas, por su parte, asegura que no quiere levantar fronteras pese a que esté a favor de la secesión.

28.09.2013 18:20 h.
5 min
María Dolores de Cospedal, Elena Valenciano y Artur Mas
Redacción / Agencias

La secretaria general del PP y presidenta de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, ha indicado, este sábado, que Cataluña "no merece un gobierno que sólo hable de fronteras", ha emplazado a la Generalidad a presentar una "hoja de ruta económica" con unos presupuestos "creíbles" y ha abogado por "la unidad desde la pluralidad".

Durante su intervención ante la Junta Directiva del PP de Castilla-La Mancha, Cospedal ha reclamado al Gobierno autonómico presidido por Artur Mas (CiU) que no esté "todos los días echando la culpa a los demás y sin asumir su responsabilidad", y ha asegurado que el Gobierno de Mariano Rajoy (PP) está comprometido con Cataluña y no abandona a los ciudadanos "como hacen otros por su propio interés.

Cospedal ha criticado, además, a quienes se "emplean constantemente en urdir brindis al sol y propuestas imposibles", en referencia a la exigencia de los nacionalistas de convocar un referéndum de independencia, y se dedican a "engañar" a los ciudadanos y "amenazan", porque, desde su punto de vista, "lo único que quieren es tener cada vez más poder".

"Abandonados a su suerte a compatriotas"

En este sentido, la número dos del PP ha lamentado que el PSOE esté apoyando la separación de Cataluña del resto de España. Una situación que considera un "drama". Para Cospedal, durante "muchos" años el PSOE llevó a cabo una política de "separación y división" de los españoles que ahora, en su opinión, mantiene Alfredo Pérez Rubalcaba al frente de los socialistas.

Según Cospedal, el PSOE ha dejado "abandonados a su suerte a compatriotas" en Cataluña "que se sienten catalanes y españoles", ha criticado que el PSC haya rechazado un pacto con Ciudadanos y el PP catalán para hacer frente al nacionalismo y ha señalado que el PP siempre estará dispuesto al "diálogo por el futuro de Cataluña, por el interés general de los catalanes".

"[Los socialistas] tendrán que explicar a los catalanes por qué no quieren defender que España necesita a Cataluña y que Cataluña es una parte fundamental de España", ha añadido Cospedal, desde Toledo.

PSOE: el PP fomenta la "catalanofobia"

La vicesecretaria general del PSOE, Elena Valenciano, ha respondido a las pocas horas las palabras de Cospedal. A través de un comunicado de prensa, la diputada socialista y mano derecha de Rubalcaba ha pedido prudencia a la dirigente popular y ha señalado que:

"Ha sido el PP de Rajoy el que, durante los últimos años y por razones puramente electorales, se ha dedicado a fomentar la catalanofobia y a sembrar discordias contra Cataluña recogiendo firmas contra el Estatuto o poniendo anuncios contra el catalán".

En este sentido, Valenciano ha exigido a Cospedal que "deje de mentir" cuando acusa al PSOE de estar fomentando "que Cataluña se separe de España" y ha acusado al Gobierno de Mariano Rajoy y al PP de ser los culpables de "las tensiones nunca antes alcanzadas" en "la relación de Cataluña y España".

Por esto ha pedido que reflexione "antes de lanzarse alegremente a hacer declaraciones sin fundamento" y deje las "estrategias baratas para confundir a la opinión pública". Valenciano ha aprovechado el comunicado para defender la posición del PSC en Cataluña.

Mas, separarse pero sin "fronteras"

También ha tenido palabras de respuesta a Cospedal el presidente autonómico. Mas ha dicho que su propuesta de separación del resto de España no supone "poner fronteras en ninguna parte" sino que lo que quieren los nacionalistas es "emanciparse".

El líder de CiU ha indicado que: "No queremos poner fronteras en ninguna parte, hoy en día no las hay en Europa, no queremos ni pelearnos, ni separarnos traumáticamente, ni nada de esto. Lo que quiere mucha gente en Cataluña es emanciparse".

Por otro lado, Mas ha defendido que los nacionalistas aspiren a tener "un proyecto propio" y, en relación a las críticas del PSC, PP y Ciudadanos por la propuesta que fija un ultimátum al Gobierno, ha instado a los ciudadanos de Cataluña a "hacer piña" porque, en su opinión, Cataluña ya tiene suficientes adversarios fuera.

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aferret2@moviments.net 29/09/2013 - 06:24h
Vejam, Redacció: per què aquest diari no ha dit ni una paraula sobre la gran vaga dels mestres de les Illes.
ANS. HISPANO. 29/09/2013 - 06:24h
LA FARSA DEL 11 DE SEPTIEMBRE Y EL DECRETO DE NUEVA PLANTA. Alrededor del 11-S, los nacionalistas han construido una gran mentira, un mito. Muchas personas no celebramos la Diada ya que no queremos ayudar con nuestra participación a perpetuar una vulgar mentira. La verdadera historia del 11 de septiembre: Los catalanes que intentamos mantener la dignidad y la honradez intelectual, los que creemos que la nación es un conjunto de leyes que nos iguala a todos en derechos y deberes, los que no estamos dispuestos a inventarnos el pasado, también conmemoramos el 11 de septiembre. Pero por distintos motivos. Conmemoramos que el 11 de septiembre de 1714: Los catalanes se levantaron en armas en nombre de España para defender la libertad de todos los españoles. No hubo enfrentamiento entre regiones. No hubo el menor asomo de cantonalismo, ni intento de segregación de ningún género. Ningún ejército español (o castellano) tomó Barcelona. Los vencedores no intentaron destruir una supuesta “identidad nacional catalana”. No se prohibió la lengua catalana. No despertó la menor reacción “nacional” catalana como respuesta a una inexistente agresión españolista. Supuso el fin de una estructura estatal arcaica y el inicio del despegue económico de Cataluña. No convirtió en mártir a nadie. Los catalanes se levantaron en armas en nombre de España: Los habitantes de algunas ciudades catalanas se levantaron en armas contra una oligarquía comercial barcelonesa que imponía sus intereses y en nombre de la libertad de España y de todos los españoles. Ferrán Soldevila, historiador nacionalista catalán: “Hasta el último momento de la lucha los objetivos habían sido los que se hacían constar en el documento dirigido al pueblo: salvar la libertad del Principado y de toda España; evitar la esclavitud que espera a los catalanes y al resto de españoles bajo el dominio francés; derramar la sangre gloriosamente por su rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España” (F. Soldevila, Moments crucials de la Història de Catalunya). ¿Por qué los nacionalistas de hoy han tergiversado los hechos que los nacionalistas de ayer reconocían como ciertos? ¿Por qué historiadores radicalmente nacionalistas como Soldevila coinciden en su explicación de los hechos de 1714 con historiadores no nacionalistas, mientras hoy difieren totalmente e inventan unos hechos que no sucedieron? No hubo enfrentamiento entre regiones: Al revés de lo que inventan hoy los nacionalistas, la guerra de Secesión no supuso el enfrentamiento entre Cataluña- Austria y España (o Castilla)-Francia. Ciudades y comarcas pertenecientes al antiguo reino de Aragón como Castellón, Alicante, el valle de Arán, el interior de las provincias de Barcelona y Valencia, Calatayud o Tarazona, fueron partidarias de Felipe V, el rey Borbón. Y lugares como Madrid, Alcalá o Toledo se declararon fieles al aspirante austriaco, el archiduque Carlos. El enfrentamiento interterritorial de 1714 es otra patraña más inventada por el nacionalismo para negar el carácter de guerra civil que tuvo aquella sucesión al trono. Ningún ejército español tomó Barcelona: Las fuerzas que integraban el ejército de Felipe V estaban formadas por soldados procedentes de varias regiones españolas y aun de países europeos. De él formaban parte varios miles de soldados nacidos en Cataluña. En cuanto al bando supuestamente catalán, los soldados que se enfrentaron a Felipe V y fueron derrotados el 11 de septiembre de 1714 estaban mandados por un general, Antonio de Villarroel, que en su última arenga recordó a las fuerzas bajo sus órdenes que estaban luchando “por nosotros y por toda la nación española”. Los vencedores no destruyeron la identidad nacional de nadie: El fin del arcaico sistema foral que había estado vigente hasta 1714 fue abolido sin que en tal medida existiera la menor voluntad de acabar con una “identidad nacional” que solo se inventaría doscientos años después con personajes como Prat de la Riba. Es otra muestra más de supina ignorancia histórica, cuando no de mala fe y de manipulación, sostener que semejantes argumentos podían encajar en la mentalidad y las estructuras políticas y jurídicas del siglo XVIII. Felipe V juró en 1702 fidelidad a las leyes de Cataluña, cosa que no siempre habían hecho sus predecesores. Pero los sublevados de 1714 cometieron un delito de lesa majestad. Habían traicionado su juramento de fidelidad y eran culpables del peor de los pecados políticos de la época. No hay aquí relación jurídica entre estados (solo existía uno) sino una traición a la lealtad debida expresada a través de compromisos personales y colectivos con la dinastía. De modo que los privilegios de las zonas derrotadas fueron abolidos como castigo a la traición dinástica, en modo alguno como procedimiento para destruir una nación que no existía. Nadie persiguió la lengua catalana: Los decretos de Nueva Planta, a través de los cuales se articuló el Estado adaptándolo a los mismos criterios modernizadores que se estaban aplicando en otros países y que se consideraban esenciales para organizar con mayor eficacia el único país que existía, es decir, España, en ningún momento prohibieron el uso de la lengua catalana. Los nacionalistas no pueden mencionar ni una sola línea de aquel texto en que se prohiba el uso del catalán. Por la sencilla razón de que no era esa la intención de los decretos. Además el catalán no se utilizaba en la documentación administrativa, jurídica, etc., de las instituciones catalanas. La lengua de la administración, en Cataluña como en toda España, era el latín. Mal podía pues prohibirse el catalán. Lo único que legislan en este sentido los decretos de Nueva Planta es que los documentos de la Audiencia de Barcelona debían abandonar el latín para usar el castellano. Y esa norma se adoptó en toda España. Se puede argumentar que fue una medida injusta. Pero eso también será falsear la realidad porque supone juzgar con criterios actuales los códigos que regían hace 300 años. No hubo una reacción “nacional” catalana porque no hubo agresión españolista: Tras el 11 de septiembre de 1714 nadie en Cataluña lamentó los hechos en el sentido en que se plantea hoy. No hubo una reacción de carácter nacionalista, catalanista, frente a la toma de Barcelona. No existe un solo documento, del tipo que sea, que recoja la queja de un pueblo agredido, de una nación vejada y sometida, o la lamentación por la supuesta prohibición del catalán. Resulta un poco extraño. Si 1714 fue una derrota de la “nación” catalana frente a España, ¿por qué ningún contemporáneo lo proclama? ¿Tal vez el miedo, la represión? Pero tampoco lo proclaman los hijos de los derrotados. Ni sus nietos. Durante 150 años nadie se queja del episodio del 11 de septiembre. De hecho no existe la menor protesta hasta que llegan los inventores del nacionalismo, a finales del siglo XIX. La fiesta del 11 de septiembre no se establece hasta 1901, es decir, cuando cuatro extraviados que defienden los intereses económicos de las clases dirigentes catalanas se han inventado ya lo de que Cataluña es una nación. ¿Dos siglos sin sentirse agraviados como nación? ¿No será que no hubo agresión nacional? 1714 supuso el despegue económico de Cataluña: Con el desmantelamiento de los últimos residuos feudalizantes de la arcaica sociedad española de la época gracias a leyes importadas de Europa como los decretos de Nueva Planta, la economía catalana quedó lista para iniciar su despegue y pudo convertir el Principado en la región más próspera de España. Las medidas políticas del rey Borbón sentaron las bases del desarrollo económico catalán de los siglos XVIII y XIX. Sin el fin de los arcaicos privilegios de la monarquía austriaca tanto en Cataluña, como en el País Vasco, como en el resto del país, España hubiera permanecido anclada quién sabe cuánto tiempo más en el pasado. No hubo mártires en 1714: La represión que siguió a la toma de Barcelona fue del mismo tipo y alcanzó la misma intensidad que la desatada en cualquier otro episodio de guerra civil, con independencia de la región que lo viviera. La brutalidad de las represalias resulta espantosa contemplada desde nuestro actual punto de vista, pero no fue más sanguinaria por estar dirigida a los sublevados de Barcelona. Ni siquiera su supuesto líder, Rafael Casanova, se comportó como el héroe y mártir que hoy nos presenta el nacionalismo. Casanova, que no quería resistir frente al ejército de Felipe V sino negociar la entrada de las tropas en la ciudad, no mostró el menor ardor patriótico y falsificó el certificado de su propia defunción para huir de la ciudad disfrazado de fraile. Se instaló a pocos kilómetros, en Sant Boi de Llobregat, y ejerció tranquilamente su profesión de abogado. No perdió ninguno de sus bienes y a los pocos años fue perdonado públicamente por el rey Felipe V. Este es el héroe de la sin igual resistencia frente al ejército invasor castellano que acabó con la independencia de Cataluña el 11 de septiembre, en 1714. Esta es la historia que se han inventado los nacionalistas que hoy se reúnen en Barcelona para conmemorar una patraña de este calibre. Pues bien, los catalanes que no hemos perdido la dignidad también conmemoramos el 11 de septiembre. Celebramos que todo lo que nos contaron era mentira. Nos regocijamos al comprobar que nos hemos podido librar de la losa del pensamiento único nacionalista, falsificador y mentiroso, para descubrir que los hechos que de verdad sucedieron tenían que ver con los intereses económicos de la oligarquía comercial de la época y no con los intereses de la mayoría de la población, mucho menos con una suerte de guerra interterritorial.
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