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Corazón, corazón

¿Apelan los partidos al sentimiento para que el votante no piense en demasía?

05.10.2015 14:17 h.
3 min
Propaganda electora apelando a los corazones

La eterna campaña electoral catalana ha llegado a una meta volante en la que los aguerridos gladiadores del pelotón político han sumado unos cuantos puntos en su búsqueda constante de un puesto en el podio que no se sabe cuándo llegará.

Los velocistas y los escaladores necesitan ‘piernas’ para conseguir sus objetivos, sea en el regate corto o en la carrera de fondo con obstáculos y rampas pronunciadas. Pero, sobre todo, corazón. Un corazón fuerte que dote de energía a todos su músculos, y un corazón con coraje para no desfallecer en los momentos más duros.

Un corazón sordo

Pero el corazón no es solo clave entre los caballeros de la ruta. Han de apelar a él continuamente para conseguir el máximo posible de animadores espontáneos en los arcenes de las carreteras. La claca está bien, y los ovacionadores de pago son necesarios en los podios de etapa, pero todos los jefes de equipo saben que para que sus colores triunfen necesitan el fervor espontáneo.

Apelar al corazón es sencillo. Y funciona entre los tuyos, pero no siempre es suficiente. El mítico lema de “Votes lo que votes, escucha tu corazón” con el que José Antonio Monago intentó hace unos meses que los extremeños se olvidaran de su conversión en un Willy Fog del amor se quedó a medio camino. Se ve que en Cáceres o en Badajoz están mal del oído.

¿Sienta, no piense?

En cada campaña aparece siempre un corazón. Sea el corazón-icono-pop de Ciudadanos, los corazoncitos que el PSC utiliza cada dos por tres o el corazón violeta de Iniciativa. La clave es apelar a las emociones. Y en el caso de Convergència y entonces todavía Unió, el corazón no solo es una víscera. Es un motor patriótico con las cuatro barras grabadas en rojo a fuego. Porque aquí, en las cuatro provincias del noreste, nos emocionamos más, y mejor. Y de manera diferente.

¿Buscan los jefes de equipo que nos fijemos en la bolita que entra en el cubilete y no en las manos que mueven los triles? ¿Intentan con su constante alusión a los sentimientos que les juzguemos por lo que dicen, y no por lo que han hecho o nos tememos que harán? Queda claro que los que lucen los diferentes maillots de la carrera política solo quieren llegar a la meta los primeros.

Y para que el público les lleve en volandas ya cuentan con una cohorte de locutores y escribas que se encargan de calentar el ambiente. Y para que la gente anime, se ponga a cantar y, sobre todo, acepte seguir los deseos y la hoja de ruta de cada equipo, nada más sencillo que tocar la fibra de la emoción. No siempre funciona. Pero cuando lo hace uno se convierte en la sorpresa de la etapa. Aunque sea la del Tourmalet.

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