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Cataluña, ¿hacia el conflicto étnico?

por Marcus Pucnik

22.11.2014
3 min

Desde que el 9N se saldó con una participación del 37% me rondaba una idea por la cabeza a la que finalmente he podido prestar más atención. Y efectivamente, esta vez la memoria no me falló. Es el mismo número que el Idescat da para "lengua de identificación" con el catalán.

Es más, el porcentaje de votos para el doble sí, es decir para la independencia, que es un 30% de los que pudieron votar, está muy cerca del 31,02% que el Idescat da para "lengua inicial" (ese bonito constructo de país que intenta sustituir a lo que conocemos como lengua materna).

Estas relaciones son chocantes por sí solas y merecerían un estudio detallado antes de llegar a conclusiones firmes. Ni soy académico, ni tengo el tiempo de hacer la investigación, razones por las cuales este artículo es de opinión y reconoce sus límites. Pero voy a añadir otra observación, otra comparación: el mapa de participación en el 9N confeccionado por el canal 324 guarda una asombrosa similitud con un mapa lingüístico usado por la filóloga Carme Junyent en 1999, titulado "Població de dos anys o més que saben parlar català (1996)".

Para los que se interesen más por el tema recomiendo el blog del economista David Lizoain, empezando por esta entrada.

La política de Artur Mas tiene dos pilares, el nacionalismo tradicional y el hacer creer que está por unos principios universales, con el objetivo de ganar seguidores fuera del nacionalismo tradicional, para luego llevarlos a su campo; método flautista de Hamelín. En cuanto al procedimiento, se repite la maniobra: se llama a la votación para después, mediante la manipulación del proceso (la falta de imparcialidad de los medios y poderes públicos), llegar al resultado deseado. Así se ha intentado, pero se ve que no ha funcionado: la mayoría se ha quedado sin participar en el 9N, y esta mayoría, me temo, es castellanohablante.

La división étnica que puede haberse hecho evidente el 9N es, si se confirma, solo el comienzo de una espiral hacia un conflicto étnico directo y abierto. Los condicionantes actuales -integración en España y la UE, mentalidad local pacífica y negociadora, etc.- sirven de correctivo, pero si me imagino a Artur Mas en el poder dos años más, o cuatro, o hasta esos diez que él recientemente anunció que se necesita para llegar finalmente a la tierra prometida de la independencia...

Me temo que Artur Mas ha empezado algo que no queremos ver como acaba, y más vale que no le demos más tiempo a El Frívolo y lo botemos del poder cuanto antes.

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JoaquinM 25/08/2015 - 11:21h
El nacionalismo catalán tiene una vertiente importante de autoodio. Quiere que los catalanes no sean compatriotas del resto de españoles, lo que les obliga por ejemplo a manipular y falsear la Historia para esconder la españolidad de siglos de los catalanes. Es decir, la secesión no sólo cortaría los lazos con el resto de españoles, sino también con su propia tradición regional. El gran ideal pujoliano: hacer más pequeños a los catalanes, podar su horizonte vital, reducir su país y enajenarlos de su tradición.
jbm1966 25/08/2015 - 11:21h
Me parece que todo el mundo está de acuerdo en que, de seguir así las cosas, es lo que va a pasar. Ninguna concesión es suficiente para el nacionalismo rampante y furibundo. Además este conflicto, no solo se verifica en la lengua sino también en el espacio: hay una división clara Costa-Interior o Barcelona-Comarcas y siendo simplificadores quizás: Campo-Ciudad.
m.a. 25/08/2015 - 11:21h
Una de las trampas más sucias del nazionalismo es el cacareado derecho a decidir. Es falso, lo que está encima de la mesa es la obligación de hacerlo. Resulta impensable que España aceptara la doble nacionalidad y por tanto los habitantes de C se verían Obligados a escoger entre ser españoles o catalanes. En mi opinión se debería poner mucho énfasis en esta cuestión. No se está defendiendo y proponiendo un derecho, se está obligando y exigiendo a renunciar a una parte de lo que en mayor o menor medida es cada uno de nosotros. Y eso en nombre de la Democracia.
JoaquinM 25/08/2015 - 11:21h
Aprovecho para reiterar una idea que viene muy al pelo tras leer este artículo. Lo único que puede salvar la convivencia (en Cataluña y en su relación con el resto de España) es poner en valor su españolidad/hispanidad como parte intrínseca de la catalanidad, nunca el nacionalismo. Esto diluiría como un azucarillo cualquier discriminación y división social dentro de Cataluña. Hoy puede parecer difícil, pero son tantos las manifestaciones históricas de amor a España desde Cataluña desde hace 1100 años, que sería muy fácil si se intenta. La verdad es muy fácil de demostrar, a diferencia de las piruetas que tienen que hacer los nacionalistas para emponzoñar el pasado y el presente. El inconveniente principal es que los políticos son tan ignorantes, tanto en Cataluña como en el resto del país, que han asumido como el Evangelio el discurso solipsista-victimista-ventajista que ha levantado el nacionalismo lingüístico hijo de catetos iluminados como Prat de la Riba.
Marcus Pucnik 25/08/2015 - 11:21h
Estimado JoaquinM, me permito responder a su segundo comentario. Poner en valor, como usted dice, la españolidad/hispanidad de Cataluña es una cosa que respeto, pero que me es ajena. Yo estoy en la linea de respetar al ciudadano, sin que importe su procedencia ni condición de ninguna clase. Su igualdad ante la ley y en la sociedad. Además, como estamos en Cataluña, sus lenguas y culturas son de todos. Lo son ya por ser patrimonio de la humanidad, y nosotros, aparte de ser ciudadanos, también somos humanos. Si usted quiere una Cataluña española, yo contesto que quiero una Cataluña diversa en una España diversa, en una Europa diversa.
JuanPerez 25/08/2015 - 11:21h
Administrativament, barceloní i català; constitucionalment, español; políticament, europeu.
dosostenido 25/08/2015 - 11:21h
Estimado Marcus Pucnik, tengo que decirle que me ha sorprendido su respuesta al comentario hecho por JoaquinM, suscribo al 100% su primer comentario y no entiendo la incompatibilidad que parece encontrar en su segundo comentario. Reconocer y poner en valor la españolidad de Cataluña, no es ningún invento ( repasemos la historia )y no quitaría ni un ápice a la pluralidad y diversidad de Cataluña y España.Los demócratas estamos en la línea de respetar al ciudadano, eso es una obviedad, pero si me preguntan de donde soy, seguro que no contestare "Ciudadano del mundo", soy catalán y español.
dosostenido 25/08/2015 - 11:21h
etc, etc,etc....
Eldorado 25/08/2015 - 11:21h
Estoy más de acuerdo con el Sr. joaquinM que con el Sr.Pucnik en la secular e histórica hispanidad de Cataluña, que los secesionistas pretenden ocultar. Disculpe pero no aprecio que jamás hayan pertenecido a etnias diferentes los catalanes y el resto de los españoles.
jalsina 25/08/2015 - 11:21h
En una mundo presa de la odiosa globalización, la identidad se revela como algo cada vez más importante. La falta de identidad (ser ciudadano del mundo) no es más que un vacio.Totalmente de acuerdo con JoaquinM: nuestra identidad es el catalanismo hispánico.
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