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Adéu independència, y lo que ahora nos espera

11.11.2014
5 min

Fue divertido. Detalles como cuando Joan Herrera dijo que eso no sería un voto, pero que participaría igualmente, y Forcadell agradeciéndole su voto, no tienen precio. Pero dejémoslo todo atrás: el tema ha muerto. Que un 30% haya ido a votar después de tantísimo esfuerzo (la montaña que parió un ratón) evidencia que debemos dejarlo descansar en paz.

Muchas comparaciones se han hecho con elecciones del pasado. Aquí va la mía: en 1991, los albaneses de Kosovo organizaron un referéndum, también desde la ilegalidad y en contra de la voluntad del estado. La participación fue de más del 80%, con prácticamente todos los votos a favor de la independencia. Si un pueblo quiere, puede. Hasta sin TV3.

Los albaneses de Kosovo organizaron un referéndum, también desde la ilegalidad y en contra de la voluntad del estado. La participación fue de más del 80%, con prácticamente todos los votos a favor de la independencia. Si un pueblo quiere, puede. Hasta sin TV3

Estamos ya en la Cataluña post-separatista y es tiempo de dirigir la mirada hacia adelante. Artur Mas ha sufrido una derrota social, pero ha ganado su especial pugna política, que le ayudará ya en las municipales de mayo.

Rajoy, que en connivencia con el PSOE dejó hacer, gana lo suyo. Le conviene que gobierne un partido hermano en Barcelona, que ahora puede continuar en su esfuerzo de reconducir la política catalana otra vez hacia el autonomismo.

Pero no puede ser un autonomismo a la vieja usanza. Estos tiempos también se han acabado. Nos tenemos que preguntar: ¿De qué autonomismo se trataría? Ya hace meses que se habla de "blindar" competencias. Desde el plano internacional también se espera una ampliación de las competencias de la Generalidad, para zanjar el tema. Y, por supuesto, CiU quiere el poder. Si puede cumplir con sus objetivos sin tener que crear un nuevo estado, empresa costosa y arriesgada, tanto mejor.

El separatismo ha muerto, el nacionalismo está más vivo que nunca. Representa un riesgo para el ciudadano del que me temo demasiado pocos aún son conscientes.

El nacionalismo catalán ha mostrado que tiene una extraordinaria habilidad de pervertir todo concepto positivo. "Democracia" y "libertad" se han convertido en irresponsabilidad y la ley del más fuerte. Así seguirá siendo.

Soy alemán; republicano y federalista. Me parece del todo positivo que las entidades federales tengan ciertas competencias, precisamente aquellas que mejor se gestionan lo más cercano posible al ciudadano. Educación, servicios y justicia, por ejemplo, son tales competencias. Cataluña las tiene, por lo menos en gran parte. Si estas se "blindaran" ante cualquier influencia del gobierno central, lo que podemos esperar de sucesivos gobiernos nacionalistas no es una mejor gestión, sino su perversión. De cada una de estas competencias sacaría provecho. Veamos.

Educación (y también los medios de comunicación públicos) en manos nacionalistas significan el control del pueblo, el control ideológico. Este es un hecho ya asumido, conocemos las consecuencias y las sufrimos cada día.

Servicios como Sanidad o el agua en manos de un nacionalismo del que aún ni sabemos bien lo corrupto que es realmente, aunque sí nos hemos podido hacer una idea escalofriante, significan dinero. Sacar tajada en cada operación.

La separación de poderes y el estado de derecho son conceptos ajenos a la mentalidad nacionalista

Por último, y para completar el panorama, controlar Justicia significaría impunidad. Control, dinero e impunidad dan un poder casi absoluto. Añádese a esto la tan deseada "hacienda propia" del "pacto fiscal" de Mas, y téngase miedo, mucho miedo.

Estas serían las consecuencias perversas de la aplicación de unas ideas en principio positivas en un entorno como el actual, y esto es lo que se nos avecina si no estamos muy al tanto. En la campaña que nos ha ocupado en los últimos años hemos podido comprobar que la separación de poderes y el estado de derecho son conceptos ajenos a la mentalidad nacionalista.

Por supuesto, hay que encontrar una manera de salir del presente conflicto institucional. Se usa la palabra de la "singularidad" catalana, y es ciertamente bueno y necesario respetar a las minorías culturales. Pero ojo: en la física, una singularidad es un agujero negro.

Ya me entienden.

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¿Quién es... Marcus Pučnik?
Marcus Pu?nik
Periodista, analista y cámara. De familia mixta alemana-eslovena.
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LARRA 25/08/2015 - 11:21h
Me quedo con el abrazo del oso de Mas a Fernández. Y me alegro que los charnegos se quedaran en casa,. Barcelona rosa de fuego y cinturón rojo de antiguos inmigrantes.
Olegario 25/08/2015 - 11:21h
La suposición de que la amenaza separatista es el señuelo para conseguir el blindaje de la autonomía feudal y de la primacía de unos catalanes sobre otros la comparto desde hace tiempo. Tiemblo cada vez que se dice "algo habrá que darles...", "se trata de conseguir el encaje...", "hay que asumir las singularidades...", etc. Pero todavía temo más a la solución socialista de "la España federal"; me resulta increíble que no hayan aprendido nada de la permanente traición del PSC, del fiasco de Santillana, ni del proceso estatutario Zapateril. Si Rubalcaba presumía de haber pactado la inmersión con Pujol, la proclama de amor que nos dirige Pedro Sánchez sigue el mismo sendero. ¿Cuándo se van a enterar de que necesitamos socialistas que defiendan la igualdad y no la "diferencia"?
MCL 25/08/2015 - 11:21h
Muy de acuerdo con Olegario. Dar mas o mejor competencias e incluso blindar algunas de las que ya tiene Cataluña es dar de comer al tigre peladillas. Nunca se saciará. El Estado ha de ser fuerte y limitar "por escrito" las competencias fundamentales para blindar la IGUALDAD de todos los españoles. Y son Educación, Sanidad y Justicia. En el s.XXI no se entiende que estas competencias no pueden ser iguales oara todos los ciudadanos españoles vivan donde vivan.
JuanPerez 25/08/2015 - 11:21h
Lo "singular" de nuestro sistema es que la descentralización del poder, autonomías y ayuntamientos han favorecido la corrupción. No tengo datos para comparar un país centralista como Francia con otros federalistas, como España, pero la extensión de las prácticas corruptas en los poderes más cercanos a los ciudadanos es como para repensarse algunas cosas.
Ruetrousseau 25/08/2015 - 11:21h
Comparto el análisis pero no veo la solución. No veo como se podría conseguir que el español recupere su estatuto de lengua oficial en Cataluña, en las escuelas, en los medios de difusión de la Generalitat y en la administración. Solo el miedo a quedar fuera de la UE y del euro podría llevar a Mas a negociar con el Estado. El problema es quer los dirigentes de este, con el PP a la cabeza, están completamente desacreditado. Entonces, la única esperanza es volver a dar ilusión a una franja muy importante de la población, sobretodo que recupere a la izquierda de Cataluña. Me gusta Ciutadan's, lo hace muy bien, pero no tiene fuerza para resolver un problema de tal dimensión. Quizás, solo Podemos pudiera hacerlo. El problema no es solo el nacionalismo, es también el descrédito de toda la clase política que gobierna este país desde 1978. Todo deberia cambiar para que todo pudiera seguir igual!
m.a. 25/08/2015 - 11:21h
A Ruetrosseau, con todo el respeto. Mal iríamos si todo cambiara para que todo siguiera igual. Como seguramente sabe, en "El Gatopardo"esa es la famosa cínica frase que pronuncia el sobrino del Príncipe a este para tranquilizarlo. Esperemos que cambien para mejorar, aunque comparto plenamente su pesimismo. La izquierda ha desaparecido en Cataluña, y por primera vez en mi vida, bastante larga ya, voy a votar a un partido, Ciudadanos, alejado de mi ideología. Pero no veo alternativa. En cuanto a Podemos, si ya me parecía muy populista, todavía fue peor cuando su líder manifestó no ser ni de izquierdas ni de derechas. ¡Amos anda!
JuanPerez 25/08/2015 - 11:21h
Hay un término de poco uso, pero de mucho contenido que define a la perfección a estas neotaifas: Toparca, que , traducido, sería algo así, como "el que manda en el lugar". Pues ahora imagínese un Senado de Toparcas sin que el Congreso estuviera por encima de él: esa es la propuesta federal del Psoe y del psC (parte de ella.La peor de todas).
EduardoPinzolas 25/08/2015 - 11:21h
Creo que, por definición, se puede aceptar la teoría de que el poder genera más corrupción (económica e ideológica) cuanto más cercano es al ciudadano, por la simple razón de que cuanto menor es el territorio administrado o gobernado tanto más fácil es tejer redes clientelares y mecanismos de control y presión social. El poder de un señor feudal sobre “su” gente era más absoluto y despótico que el del rey y el siervo temía más a “su” señor que al rey. No se trata de comparar feudalismo y democracia moderna, sino de ejemplificar cómo el poder local es más coercitivo y efectivo que el poder lejano. El caciquismo era una forma basada en este principio y la mentalidad del caciquismo no ha sido erradicada (recuérdese a Marta Ferrusola volviendo al Palau como si fuera “su” casa natural tras la caída de Montilla), lo cual ha redundado sin duda en la corrupción a nivel de ayuntamientos y gobiernos autónomos. Si al sustrato caciquil se le suma, en la burguesía urbana y rural,
EduardoPinzolas 25/08/2015 - 11:21h
(2)la ideología nacionalista (caso de Cataluña, donde el nacionalismo es mayoritariamente patrimonio de las clases pudientes y no de la clase trabajadora y ello explica su capacidad de infiltración en todos los ámbitos) los efectos nocivos se multiplican.
RS 25/08/2015 - 11:21h
Como siempre, cuando los españolistas hablan de nacionalismo, se trata del catalán, la Generalidad, CiU, etc. como si no hubiera nacionalismo español también. El partido que gobierna en la Moncloa y domina la mayor parte de las instituciones españolas es, sin la menor duda, un partido nacionalista también. El PP, heredero de un régimen ultranacionalista cuyas atrocidades quedan en la impunidad total - desacatando así las exigencias de la ONU - siempre ha mostrado en su ideología como sus actos un nacional-conservadurismo con rasgos de neofranquismo políticamente correcto, y eso a nadie se le escapa. Este nacionalismo español ha vuelto tan negativa la imagen (y la propia palabra) de España en Cataluña que los acontecimientos recientes no deberían sorprender a nadie.
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