Menú Buscar

¡Ya está bien de tanto día histórico!

por Nacho Martín Blanco

20.01.2015
7 min

“Momento histórico”. Pocas expresiones se han devaluado tanto en tan poco tiempo como ésta en la Cataluña de Artur Mas, jalonada de momentos históricos con los que Cataluña va dejando atrás su condición de colonia española y adentrándose en el paraíso terrenal de la independencia. Por ahora, el último momento o día histórico tuvo lugar el pasado jueves 14 de enero, cuando Mas anunció su acuerdo con ERC y las guardianas del proceso, Forcadell y Casals, para convocar elecciones anticipadas para el próximo 27 de septiembre.

Tal es la abundancia de días históricos en la Cataluña de Mas que incluso sus hacedores empiezan ya a conmemorar solemnemente los sucesos del proceso

Tal es la abundancia de días históricos en la Cataluña de Mas que incluso sus hacedores -a falta de méritos políticos- empiezan ya a conmemorar solemnemente los sucesos del proceso, quién sabe si con la idea de confeccionar algún día su propio calendario alternativo al gregoriano como hicieron los revolucionarios franceses. Así, el pasado jueves Mas -en un discurso también memorable, por supuesto- decía sentirse especialmente emocionado por el hecho de que las elecciones anticipadas que estaba anunciando, ¡con nueve meses de antelación!, se celebren en una fecha “bastante simbólica y bastante emblemática”. ¿Cómo?, me pregunté al oír las enfáticas palabras del president. El 27 de septiembre no me sonaba como una fecha señalada por ningún acontecimiento histórico, pero vete tú a saber si la toma de la Bastilla no fue en realidad el 14 de julio sino el 27 de septiembre… Pienso, por un momento, que la respuesta sólo está al alcance de algún historiador alternativo como Jordi Bilbeny, del Institut Nova Història, conocido por defender contra toda evidencia histórica la catalanidad de Colón, Cervantes, Leonardo da Vinci, etcétera.

Pero, inmediatamente, vuelvo al discurso de Mas, que aclara: “El 27 de septiembre hará exactamente un año que yo, de manera muy simbólica y muy solemne (sic), en estas mismas paredes del Palacio de la Generalidad firmé el decreto de convocatoria de la consulta que tenía que llevar a que, por primera vez, en muchas décadas e incluso siglos la población catalana se pudiera pronunciar sobre si Cataluña debería ser un Estado y si Cataluña debería tener un Estado independiente”. ¡Caramba!, y yo sin enterarme. El calendario procesal va tomando cuerpo: 10J, 11S, 27S, 9N, 12D y suma y sigue hasta llegar al clímax, que bien podría ser el 28D, día de los Santos Inocentes, porque no se me ocurre fecha más adecuada para cerrar semejante astracanada. Del 14E al 28D, casi un año natural repleto de momentos históricos para mayor gloria del proceso y todavía mayor descrédito de la política catalana.

Pero la creatividad del movimiento independentista no se limita a la elaboración acelerada de un nuevo calendario para un nuevo país, sino que se extiende a otros muchos aspectos de la realidad, empezando, claro está, por la creación ex novo de un derecho, el “derecho a decidir”, desconocido hasta ahora en el ordenamiento jurídico internacional, pero que de la noche a la mañana se ha convertido en la prueba del nueve de la democracia en Cataluña. Es decir, que, a pesar de su inconsistencia teórica, su observancia es hoy por hoy imperativa en el debate público catalán y quienes se atreven a discutirlo son inmediatamente tachados de antidemocráticos, al igual que quienes discuten otros conceptos tan peregrinos como el de “elecciones plebiscitarias” o el de “¡elecciones vinculantes!”, éste último recién parido por Junqueras en plena celebración del 14E.

Del 14E al 28D, casi un año natural repleto de momentos históricos para mayor gloria del proceso y todavía mayor descrédito de la política catalana

Vaya, ¿así que por fin, después de 35 años y 10 legislaturas, los catalanes tendremos por fin unas elecciones vinculantes? Las anteriores -se entiende- debieron de ser facultativas, por no decir figurativas. Ahora sólo falta que, además de ser vinculantes, se ajusten a la ley para que podamos considerarlas realmente democráticas. Los catalanes junto con el resto de los españoles nos dimos en 1978 una Constitución que consagra la soberanía nacional del pueblo español, que es, por tanto, el único soberano legítimo, y que lo es precisamente en la medida en que primero se da unas leyes y luego se somete a ellas. Al fin y al cabo, soberanía -como diría Gaziel- “no quiere decir antojo”, sino observancia de la Constitución, y “el capricho en política tiene otro nombre: tiranía”. Así pues, bienvenido el carácter vinculante de las próximas elecciones autonómicas siempre que no resulte, como pretende Junqueras, en el tiránico capricho de declarar unilateralmente la independencia, soslayando la soberanía del pueblo español, único soberano legítimo -insisto- que reconoce la Constitución que nos dimos entre todos y que a todos nos obliga.

Así pues, en una democracia digna de tal nombre las elecciones pueden ser vinculantes o no en función de factores tan diversos como el contexto socioeconómico o la propia confiabilidad de nuestros políticos, pero lo que de ninguna manera puede ser opcional es el cumplimiento de la ley, a no ser que se confunda democracia con tiranía. Curiosamente, algo tan elemental resulta chocante entre los seguidores del calendario procesal, que, por suerte, no son mayoritarios en Cataluña, por lo menos a juzgar por su participación en la festividad del 9N.

Después de cinco años colmados de días históricos para el proceso, lo verdaderamente histórico sería que de las elecciones autonómicas del próximo 27 de septiembre surgiera un Gobierno decidido a respetar la ley y a dejar de escurrir el bulto -cubriéndolo con la estelada- de los problemas reales de los ciudadanos de Cataluña. De ser así, ojalá se conviertan -como demanda Junqueras- en las primeras elecciones efectivamente vinculantes de la historia de Cataluña.

Artículos anteriores
¿Quiere hacer un comentario?