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¿Tenemos que cerrar la puerta?

10 min

Estas últimas semanas he recibido tres negativas. Tres, exactamente. Pero no estoy depre porque, afortunadamente, las había anticipado todas. ¿Qué ha pasado y quién me ha rechazado? Pues un diario, el Ara, y dos partidos políticos, el PSC e ICV. Lo que yo quería de mis tres interlocutores es que dijeran que sí a una sola cosa: a debatir sobre el proceso independentista y sobre la inmersión.

En una democracia, tanto el sí como el no a la independencia tendrían que ser opciones legítimas, reconocidas como tales por parte de todos. Una sociedad que no debate no puede progresar. No somos un pueblo uniforme, no hay una voluntad del pueblo sino que somos ciudadanos individuales con ideas diversas

Pero dijeron que no. El primero fue el diario Ara. Hace un mes, Sonia Sierra y yo les enviamos un artículo de opinión conjunto sabiendo, no obstante, que difícilmente lo publicarían. Queríamos responder al imaginario independentista de confrontación: hay un pueblo-único que está totalmente unido en frente del gobierno español, los medios de la derecha y una gran parte de los españoles. El pueblo y los españolistas, dos entidades monolíticas.

El artículo se llama "Nosotros también pedimos la palabra", y explicamos que en Cataluña también hay ciudadanos no-independentistas y que estos quieren hacerse escuchar en el espacio público. De manera pautada y clara, explicamos que el proceso soberanista obvia el debate entre ciudadanos de Cataluña y en Cataluña. Argumentamos que en una democracia, tanto el sí como el no a la independencia tendrían que ser opciones legítimas, reconocidas como tales por parte de todos. Que una sociedad que no debate, no puede progresar y que tarde o temprano tendremos que debatir entre nosotros. Que no somos un pueblo uniforme y que no hay una voluntad del pueblo sino que somos ciudadanos individuales con ideas diversas. Es decir, todo lo que para nosotros son premisas.

Pero nuestro artículo resultó ser demasiado para el diario. No lo quisieron publicar, como habíamos previsto. Ahora bien, las explicaciones que nos dieron fueron curiosas: que nuestro artículo era redundante porque la opinión del diario y de la mayoría de articulistas del Ara es exactamente la misma que la nuestra. Ellos siempre han defendido que Cataluña es plural, siempre tienen en cuenta y promueven la diversidad, nunca esquematizan. Por lo tanto, ¿por qué publicar nuestro artículo si cada semana publican varios en esta línea? Tal cual.

Esta respuesta es, de hecho, la táctica que acostumbra a utilizar el movimiento independentista cuando se les señala que no hay pluralidad: niegan que esto sea verdad y se sitúan como los grandes defensores de la pluralidad, la libertad de expresión y el debate democrático. Recuerdo un artículo reciente de Salvador Cardús en La Vanguardia mostrándose escandalizado ante los que dicen que en Cataluña hay una espiral del silencio. También Lluis Orris rechazó unas semanas más tarde y de forma categórica la espiral del silencio en un artículo en el País. La sencilla táctica de negar la realidad.

La posición de PSC e ICV estaba clara: no querían debatir en un contexto que es crítico con la inmersión y favorable a la educación bilingüe. Prefieren evitarlo. Con este tema, como es sabido, ambos partidos son tan defensores de la inmersión como ERC y CiU

Respecto a la segunda y tercera negativas, estas vinieron de los dos partidos políticos mencionados más arriba. Por petición de la Asociación por la Tolerancia, invité a los secretarios de Educación del PSC y de ICV a participar en la Jornada de celebración del Día de la Lengua Materna, el pasado 21 de febrero. Esta Jornada se celebra cada año y la de este consistió en un debate entre representantes de partidos políticos para hablar de la inmersión, el bilingüismo y la educación trilingüe.

La idea era que vinieran representantes de todos los partidos políticos excepto ERC y las CUP. Al final, los únicos que aceptaron asistir fueron los representantes de C's, PP y UPyD. ¿Qué pasó con el PSC e ICV? Pues que no aceptaron venir. Los primeros, después de dos mails, contestaron pidiendo más detalles del acto: quién participaría, si habría preguntas del público, cuál sería el formato del debate, etc. Los respondí pero no me contestaron. Les volví a escribir y finalmente, cinco horas antes de que empezara el debate, contestaron que lo lamentaban pero la Secretaria de Educación, Ana del Frago, tenía la agenda llena.

Respecto a ICV, el partido no contestó ninguno de los dos mails que les envié. En consecuencia, decidimos escribir al portavoz de Educación de ICV en el Parlamento autonómico, Joan Mena. Tres mails tuvo que escribir el presidente de Asociación por la Tolerancia, Eduardo López-Dóriga, para que Joan Mena respondiera. Lo hizo a última hora para disculparse por no poder asistir al debate por tener -oh, sorpresa- la agenda llena.

La posición de los dos partidos estaba clara: no querían debatir en un contexto que es crítico con la inmersión y favorable a la educación bilingüe. Prefieren evitarlo. Con este tema, como es sabido, el PSC e ICV son tan defensores de la inmersión como ERC y CiU. No quieren debatir y sólo se sienten cómodos entre los suyos.

Por su parte, también CiU evitó su presencia en el debate. El presidente de Asociación por la Tolerancia tuvo que escribir dos mails a la portavoz de Educación de CiU en el Parlamento autonómico, Ramona Barrufet, para que contestara. También, como no podía ser de otro modo, contestó finalmente para decir que... tenía la agenda llena. Eduardo López-Dóriga se dirigió también a la consejera de Enseñanza, Irene Rigau, para invitarla en el debate, a través de una carta registrada en la sede central de Enseñanza. No hace falta decir que no obtuvo respuesta.

Tenemos que ser realistas y tener expectativas modestas pero pienso que no tenemos que responder cerrando la puerta también nosotros. Sería optar por la resignación en frente de un Señor Régimen que nos excluye. No, no somos nosotros quienes tenemos miedo a debatir

Todas estas experiencias se podrían añadir a la larga lista de situaciones donde los medios de comunicación, las instituciones o los partidos políticos nacionalistas/independentistas, y también personas concretas, han rechazado participar en debates con interlocutores críticos o hacerse eco de actos críticos. Hay muchos ejemplos. Recuerdo, por significativa, la negativa a debatir con Joaquim Coll en la cadena Ser el pasado diciembre de hasta una decena de historiadores participantes como ponentes, en aquellos momentos, del congreso 'España contra Cataluña'.

Mayoritariamente, esta es pues la situación. Los nacionalistas/independentistas evitan el debate. La pregunta ante esto es: ¿Qué hacemos? ¿Tenemos que resignarnos a este estado de cosas y dar por perdida la posibilidad de que haya diálogo y que nuestra posición se oiga en el espacio público? Después de reflexionar sobre las experiencias de estas últimas semanas, mi conclusión es que no.

Efectivamente, tenemos que ser realistas y tener expectativas modestas pero pienso que no tenemos que responder cerrando la puerta también nosotros. Sería optar por la resignación en frente de un Señor Régimen que nos excluye. No, no somos nosotros quienes tenemos miedo a debatir y tenemos muy claro que queremos hacernos escuchar. Por lo tanto, mi opinión es que, a pesar de todo, tenemos que seguir insistiendo. Tenemos que seguir haciendo todas las peticiones de debate a personas e instituciones nacionalistas/independentistas que consideramos oportunas. Dirán que no muchas veces más. Y, sin duda, será difícil conseguir resultados pero tenemos que seguir estando allí, pidiendo debatir, para poder reducir la espiral del silencio e introducir rendijas en el discurso oficial.

En el debate del pasado 21 de febrero, desde el público se hizo una propuesta interesante: invitar a representantes de los sindicatos a debatir sobre la inmersión lingüística y la enseñanza bilingüe. Es una idea excelente porque ya tendría que haber llegado la hora de poder debatir con representantes sindicales su extrañísima posición, por venir de un sindicato, favorable a la enseñanza monolingüe. Si finalmente se organiza este debate, con mucha tranquilidad y paciencia, nos prepararemos para empezar una larga lista de mails a USTEC y las Federaciones de Enseñanza de UGT y CCOO. Veremos qué ocurre esta vez.

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¿Quién es... Mercè Vilarrubias?
Mercè Vilarrubias

Catedrática de inglés en la Escuela Oficial de Idiomas Barcelona-Drassanes y autora del libro 'Sumar y no Restar. Razones para introducir una educación bilingüe en Cataluña' (Editorial Montesinos). Es miembro del colectivo Puerta de Brandemburgo.

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MCL 25/08/2015 - 11:31h
No se puede engañar a "todos" todo el tiempo. Así que como dice M. Vilarrubias habrá que insistir y entrar en los medios de comunicación para que sean los ciudadanos quienes opinen con su voto después de haber escuchado o leído las razones de los contrarios a la inmersión lingüística solo para los niños de habla española y partidarios de un bilingüismo equilibrado.
MCL 25/08/2015 - 11:31h
No se puede engañar a "todos" todo el tiempo. Así que como dice M. Vilarrubias habrá que insistir y entrar en los medios de comunicación para que sean los ciudadanos quienes opinen con su voto después de haber escuchado o leído las razones de los contrarios a la inmersión lingüística solo para los niños de habla española y partidarios de un bilingüismo equilibrado.
Bruno 25/08/2015 - 11:31h
Esto cambiará cuando el Parlament cambie. Y para ello hay que crear opinión y hacer los proponer Mercè: insistir e insistir. Así se crea la opinión. Estamos luchando contra 35 años de un sistema que ha creado inercias y complicidades. Pero a la larga lograremos lo que proponemos por un motivo: es lo más SENSATO.
Xavi1978 25/08/2015 - 11:31h
Aunque los no nacionalistas estemos en desigualdad de condiciones para hacer oír nuestra voz, no debería ser una excusa para huir del debate. Al contrario, hay que intentarlo el doble y hacernos nuestro propio espacio en la opinión pública.
Olegario 25/08/2015 - 11:31h
La táctica es insultante con la racionalidad . Se trata de movilizar sentimientos apasionados sobre la identidad, la voluntad profunda, el destino de la historia, el pueblo elegido, el devenir de la plenitud... ¿Qué importa la razón?, ¿para qué sirve ser ilustrados?, ¿Para qué la ciudadanía?. (Entre hooligans descerebrados y filigreses de romería avanza esta Cataluña mía)
leborgne 25/08/2015 - 11:31h
Tiene razón M. Vilarrubias, a la que modestamente animo en su difícil empeño. Aunque solo sea por aquello del poeta asturiano: "sin esperanza, con convencimiento". El excelente libro de Vilarrubias Sumar y no restar deberian leerlo (y si discrepan contrargumentarlo, pero no ignorarlo) en el PSC y en ICV así como los representantes de los sindicatos antes llamados "de clase". La posición oficial de todos ellos ante la inmersión solo en catalán es incomprensible desde una perspectiva de izquierda y suele apoyarse en lugares comunes que la prof. Vilarrubias desmonta sistemáticamente y de forma ponderada en el libro citado.
Eduardo Pinzolas 25/08/2015 - 11:31h
Mucho me temo que ocurra lo mismo, Mercè, y que los representantes de los sindicatos aleguen otros compromisos. En un comentario anterior ya mencioné esa imposibilidad de debatir con estas palabras: "es obvio que los independentistas nunca van a entrar en un debate racional en el que se discutan argumentos en pro y en contra. Saben que ahí llevan las de perder. Lo suyo, muy nacionalista, es el terreno sentimental y el voluntarismo donde no hay sino contraposición entre sentimientos opuestos y legítimos, pero no cabe el debate." En efecto, lo suyo es el discurso y el lema en un ambiente que les arrope y haciendo uso de la propaganda y la campaña. Para ellos, la democracia sólo es votar, no debatir: que la gente elija entre su discurso (trufado de épica, mística, emoción y populismo) y los demás. Todo lo fían al adoctrinamiento y a la propaganda, no a convencer en un debate ideológico serio con sus adversarios. De todas formas, coincido contigo en que hay que seguir intentándolo
Eduardo Pinzolas 25/08/2015 - 11:31h
(2) y buscar la manera de hacernos oír en el espacio público.
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