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¿Quién teme al voto del emigrante?

4 min

Si los cálculos no fallan unos 36 mil españoles de los más de 2.000.000 de españoles residentes en el extranjero participarán en la elecciones del próximo domingo. Es decir, el acto cumbre de toda democracia, que consiste en depositar el voto en las urnas, puede ser algo inalcanzable para millones de españoles ante la pasividad de los partidos políticos. Por defectos mucho menores se han anulado muchas votaciones en España, o al menos parcialmente, pero en este caso los partidos “guardan silencio”. A las grandes sombras que tienen nuestro sistema electoral: diferente valor que tiene el voto de un ciudadano según viva en una provincia o en otra, o según se vote a un partido nacional o a un partido regional, deferencias en la forma como se utilizan los medios de comunicación públicos o los recursos económicos públicos por los diversos partidos, falta absoluta de comunicación entre los ciudadanos y sus representantes políticos, que desde el mismo momento en que son elegidos se convierten en representantes exclusivos de los partidos políticos, y a un largo etcétera, se añade ahora la PROHIBICIÓN impuesta a los españoles residentes en el extranjero.

Los emigrantes españoles son víctimas de una doble injusticia. No sólo están expuestos a ser excluidos de la seguridad social española sino que, además, están excluidos de la posibilidad de votar.

Estoy utilizando el término emigrante en un sentido muy amplio, para referirme a todos los españoles residentes en el extranjero, aunque teóricamente, pero sólo teóricamente, los españoles residentes en otros países de la Unión son ciudadanos de la Unión Europea, y no emigrantes.

A raíz de la entrada en vigor de la Ley electoral el porcentaje de participación de los emigrantes ha bajado del 14% al 1,8%. ¿Desinterés de los emigrantes? No y mil veces no. He sido emigrante durante 10 años en Alemania y sé un poco de lo que hablo. Los emigrantes viven con mucho más interés los problemas y la situación de España que los que estamos aquí. En esto influye no sólo su convicción de que son víctimas de una situación injusta provocada por los gobernantes de España, sino su interés por que mejore la situación económica en España para poder volver pronto.

Digámoslo claramente: los españoles residentes en el extranjero no votan porque no los dejan votar. Son tales las trabas administrativas, trabas de plazos y gastos, que terminan desistiendo. Unos por esta razón y otros, porque ni siquiera lo intentan, pues intentarlo supone darse de alta previamente en los consulados, y darse de alta supone para muchos perder al cabo de los seis meses los derechos a las seguridad social española. Estas son las verdaderas razones por las que no votan los emigrantes.

¿Y quién me puede negar que en lugar de dos millones no son tres o cuatro millones los españoles que residen en el extranjero? ¿Quién nos puede decir qué porcentaje de españoles se da de alta en los consulados? Los emigrantes españoles son víctimas de una doble injusticia. No sólo están expuestos a ser excluidos de la seguridad social española sino que, además, están excluidos de la posibilidad de votar.

Como miembro de un partido político -CILUS- que tienen en sus listas electorales muchos ciudadanos nacionalizados españoles pero procedentes de otros países – salvo excepciones, es la única posibilidad- y que aboga por la supresión de las trabas administrativas no sólo para los emigrantes españoles sino también para los inmigrantes extranjeros en España, protesto contra esta situación injusta y antidemocrática.

Un proceso democrático –es decir- unas votaciones- que empieza utilizando métodos discriminatorios no es propio de una democracia.

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¿Quién es... Félix de la Fuente?
Félix de la Fuente

Secretario de Acción Política del partido político Cilus, del que fue cabeza de lista en las elecciones europeas de mayo de 2014. Es autor del 'Dictionnaire juridique de l’Union Européenne'.

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Pepitox 25/08/2015 - 11:13h
Para entender las cosas hay que ponerlas en contexto. En primer lugar, cuando en 2011 se aprobó la reforma de la ley electoral que constituia el derecho al voto rogado de los españoles residentes en el extranjero nadie se quejó, salvo algunos pocos que sí lo hicimos. Por cierto, a la vez se instauró un sistema que no existía: la posibilidad de voto desde el extranjero de los españoles no residentes (es decir, temporalmente en el extranjero). Ahora nos rasgamos las vestiduras, pero el momento de quejarse era entonces, cuando el PSOE y el PP tramaron la reforma.
Pepitox 25/08/2015 - 11:13h
Como digo, en la reforma hubo la mejora de que el español temporalmente en el extranjero, sin dejar de estar empadronado en su localidad de origen, podía votar estando fuera, cosa que antes era imposible sin darse de baja del padrón de los residentes en España. Pero bueno, lo importante no es eso. Lo importante es, ¿por qué se hizo esa reforma? Pues se hizo porque justo un año antes España le había concedido la nacionalidad a medio millón de personas, sobre todo en Hispanoamérica, nietos de emigrantes y exiliados, sin ninguna relación real y efectiva con España. Una concesión basada en la famosa ley de memoria histórica. Sin entrar en si la medida estuvo bien o mal, se estimó entonces que esa masa de nuevos españoles podrían votar en elecciones en España cuando en realidad, como digo, sus lazos efectivos con España eran nulos, simplemente eran los de sus abuelos que dejaron el país muchísimos años atrás.
Pepitox 25/08/2015 - 11:13h
Pues bien, esa fue la contrapartida: se daba pasaporte español a miles de nuevos españoles (que probablemente nunca iban a venir a vivir a España y que saben muy poco del país) a cambio de que el voto en elecciones pasaran a ejercerlo solo los que realmente tuvieran interés en participar en la vida política española. ¿Parece razonable, no? Pues bien, así les pareció entonces al PSOE y al PP, y añado que a la mayoría de las fuerzas políticas y sociales del país que no se quejaron para nada del asunto. También se retiró el derecho al voto en las municipales porque se entendió que se éstas se basan en el criterio de residencia, no de nacionalidad (esto también se hizo a cambio de que muchos extranjeros residentes en España pueden votar en las municipales). Es decir, todo fueron contrapartidas razonables a procesos previos también más o menos razonables. Tenía justificación.
Pepitox 25/08/2015 - 11:13h
Y, para acabar, sí que es verdad que hay que hacer una crítica importante: el procedimiento que se instauró está bastante alejado de las posibilidades reales de aquellos que quieren ejercer realmente el derecho al voto. Por ejemplo, que no se previera que la solicitud de voto rogado se hiciera por internet con certificado digital es un error garrafal, obligando a la gente a desplazarse cientos de kilómetros hasta el consulado más cercano. Con una medida así se resolvería buena parte del problema y de la crítica. En fin, que el tema no es el miedo a los emigrantes (de hecho, muchos de ellos ni siquiera se han registrado en los consulados, así que no se quejen tanto), sino consecuencia de decisiones que hacen que la reforma tuviera su grado de razón. Como digo, otra cosa criticable es la ineficiencia del procedimiento establecido. Eso es totalmente criticable, por supuesto.
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