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"Lo que más me inquieta de la carta es la desarmante buena fe de esa pregunta final: si 'los de la Via Catalana somos la gente normal, los que están en contra, ¿quiénes son?'. Que la incapacidad de entender a quienes piensan diferente llegue al extremo de poner en duda su 'normalidad', eso es lo que a mí me pone la piel de gallina"

10.04.2014 20:14 h.
3 min
Redacción

Laura Freixas, escritora y periodista, en un artículo publicado este jueves en La Vanguardia:

"Me ha conmovido tanto como preocupado la carta de un lector titulada 'Via Catalana' (La Vanguardia, 3/IV/2014). Su autor, Xavier Serra, nos cuenta lo que siente cuando mira la gigafoto del Once de Septiembre: 'Piel de gallina, recuerdos intensos y razonamientos sencillos y transparentes'. La imagen que le queda, dice, es la de 'gente normal que quieren decidir su futuro por ellos mismos'. Y concluye: 'Como los de la Via somos gente normal, yo me pregunto: ¿Y los que están en contra, quiénes son? ¿Qué quieren?'. Dado que yo soy una de los que están en contra (del proceso soberanista), voy a intentar explicar a este lector y a quienes comparten sus ideas quién soy y qué quiero.

Soy una ciudadana nacida en Cataluña, de familia -como tantísimas- catalana y castellana; ahora vivo en Madrid, pero sigo ligada a Barcelona. Para mí, sentimentalmente hablando, poner una frontera entre Barcelona y Ávila (donde nacieron mis abuelos) sería, usando el manido símil del divorcio, divorciarme de mí misma. Claro que entiendo el consuelo, la euforia, la "piel de gallina" que produce -especialmente en momentos de incertidumbre y desamparo- sentirse arropado por una nación milenaria, unánime y moralmente intachable. Pero no me lo creo. Cataluña no es ni más ni menos milenaria que España, y desde luego no es unánime ni lo ha sido nunca; tampoco es moralmente superior a nadie: allá hay un caso Gürtel, aquí un caso Palau, por poner un ejemplo. Los cantos patrióticos, los gritos rituales, las banderas, me parecen tan sospechosos con tres franjas como con cuatro barras. Creo que sirven para cerrar los ojos (o intentar que los cierren los votantes) ante las injusticias, la corrupción, la incompetencia, echándole la culpa de todo lo que sale mal al malvado enemigo. Un 'razonamiento sencillo', desde luego... ¿Qué quiero? Por lo menos, participar en la decisión sobre el futuro colectivo. Cambiar las reglas de juego que aprobamos en 1978, sí, pero consultando a todos los jugadores. Yo también quiero votar.

Pero lo que más me inquieta de la carta es la desarmante buena fe de esa pregunta final: si 'los de la Via somos la gente normal, los que están en contra, ¿quiénes son?'. Que la incapacidad de entender a quienes piensan diferente llegue al extremo de poner en duda su 'normalidad', eso es lo que a mí me pone la piel de gallina".

Comentar
m.a. 25/08/2015 - 11:29h
Han conseguido idiotizar a una parte considerable de la población, lo han ido haciendo a lo largo de estos últimos años delante de nuestras narices y, lo peor, lo han hecho con nuestros impuestos.
Pepitox 25/08/2015 - 11:29h
A ver, la carta no pone en duda nuestra normalidad... De hecho, el autor no tiene ninguna duda de ella. Es lo de siempre: los que no somos catalanistas, para ellos, no somos. Directamente. Y si pretendemos ser algo, somos "colonos". Y por supuesto que no se nos ocurra reclamar ningún derecho, que no lo tenemos. El pan nuestro de cada día. Y, por cierto, esto se lo creen a pies juntillas. Ni una sombra de duda.
JDuck 25/08/2015 - 11:29h
Me recuerda un chiste que en resumen viene a decir que en las puertas de un manicomio había un gran letrero que rezaba así: “los locos son los que están fuera”. Y hablando en serio, es mejor reír para no llorar: ¿qué es lo normal, la lucidez libre o la ceguera voluntaria?
Eduardo Pinzolas 25/08/2015 - 11:29h
Abundando en el comentario de Pepitox. Ayer, por curiosidad, vi el programa "Amb ulls de nen" en TV3. Salían unos cuantos niños y algunas familias hablando de un tema que no viene al caso. Todos pertenecían al mismo tipo social: niños catalanohablantes de familias catalanohablantes de clase media. Ni un niño inmigrante, ni un niño hablando en castellano. Esa es la Cataluña que desean y sueñan y ésa es la que reflejan, la Cataluña que no les gusta es como si no existiera, peor aún, como si no contara ni importara lo más mínimo. Y eso es básicamente lo más repugnante de TV3: sólo importa una Cataluña, una lengua, un pensamiento, una idea, una voluntad. Totalitarismo en estado puro.
Olegario 25/08/2015 - 11:29h
El gran regador de narcisismo y autocomplacencia ha sido Pujol y su apostolado. La receptividad, sobre estas lisonjas siempre está garantizada. Sin embargo, con el tiempo, los agraciados acaban siendo prisioneros de ese narcisismo. ¿Quien tiene que mejorarse cuando todo le sonríe?, sucede a muchas personas bellas y agraciadas, a las que cuando el tiempo aflora sus arrugas descubren que no disponen de más atributos . El aprendizaje del principio de realidad, si no se hace a tiempo, provoca es inadaptación. La moda de "educar a los hijos sin frustraciones" conllevó generaciones de inadaptados con síndromes psicopáticos. Algo parecido muestran los hooligans del separatismo. Es un problema que tendrán que afrontar los inductores cuando les exijan cumplir las profecías. Me temo que será duro despertar y comprobar que tocar el cielo es aspiración infantil, que "els castells" son una cosa y los castillos en el aire otra bien distinta
CharoBCN 25/08/2015 - 11:29h
Laura Fereixas, muy buena reflexion
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