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"Cualquiera que sea el resultado de la consulta, al realizarla habrán conseguido el reconocimiento jurídico y político de Cataluña como un 'demos' que tiene derecho a manifestarse como sujeto político autónomo. He ahí la trampa subyacente. Lo que busca, pues, esa porfía por hacer la consulta no es un ejercicio de democracia, sino que se reconozca jurídicamente al pueblo de Cataluña el título político de sujeto decisor, porque eso sería un reconocimiento institucional de su carácter de nación"

20.10.2014 21:17 h.
3 min
Redacción

Francisco J. Laporta, catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, en un artículo publicado este lunes en El País:

"[...] La posición independentista no es mayoritaria en Cataluña. Está creciendo mucho, pero no es mayoritaria. Tienen pues que saber que una pregunta sobre el tema lleva hoy por hoy las de perder. Y sin embargo [desde la Generalidad] se obstinan en hacer la pregunta. ¿Por qué? La respuesta no puede ser más que esta: en realidad, cualquiera que sea el resultado de la consulta, al realizarla habrán conseguido el reconocimiento jurídico y político de Cataluña como un demos que tiene derecho a manifestarse como sujeto político autónomo. He ahí la trampa subyacente. No es que Cataluña sea una nación y en virtud de ello tenga derecho a decidir; es que si se le reconoce tal derecho se le está atribuyendo la condición de sujeto político con un cuerpo electoral propio. Y si además ese derecho a pronunciarse versa, como es el caso, sobre quién ha de ser el depositario de la soberanía política, entonces se le está reconociendo como nación política.

Lo que busca, pues, esa porfía por hacer la consulta no es un ejercicio de democracia, sino que se reconozca jurídicamente al pueblo de Cataluña el título político de sujeto decisor, porque eso sería un reconocimiento institucional de su carácter de nación. Lo que en definitiva persigue es votar la pregunta, porque el mero hecho de votarla lleva consigo la creación del título para ello, la pretensión de soberanía. Si nos permiten votar esa cuestión, eso significa que tenemos derecho a hacerlo. Y desde esa perspectiva, claro, el resultado da igual. Lo importante es la definición del sujeto colectivo como entidad soberana que el hecho de votar comporta.

Primera trampa, pues: no ser para votar sino votar para ser. Y aquí aparece inmediatamente una segunda trampa. Porque, debido a una sorprendente asimetría, este tipo de procesos parecen abocados a terminar sólo de un modo. El destino de Cataluña una vez alcanzado el carácter de sujeto nacional con derecho a decidir sobre su futuro político acabará por ser, antes o después, la independencia. ¿Por qué? Pues porque si la respuesta es 'no', la cuestión sigue abierta y puede repetirse la consulta indefinidamente; pero si la respuesta es 'sí', el debate se da por cerrado y la decisión se considera irreversible".

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m.a. 25/08/2015 - 11:22h
Otra trampa, quizá más peligrosa aún, es que tratándose de un sainete sólo votarán los afectos a la Causa, por lo que sin necesidad de ir casa por casa, las fascistas organizaciones secesionistas habrán conseguido la lista de "patriotas" y por defecto, la de sospechosos de desafección al Régimen con lo que eso significa de marginación futura a la hora de presentarse para cualquier puesto que dependa de ellos. No se debe permitir su realización.
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