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"Con su absurdo e ilógico alojamiento en el derecho a decidir y su simultáneo rechazo de la independencia, el PSC ha perdido las dos únicas oportunidades políticas que tenía: convertirse en l'esquerra nacional o convertirse en la izquierda nacional. Pretender que sobreviva un partido que ni sabe lo que es la izquierda ni sabe lo que es lo nacional me parece un virtuosismo por completo al margen del alcance humano"

14.06.2014 11:40 h.
4 min
Redacción

Arcadi Espada, escritor y periodista, este sábado en El Mundo:

"[...] El PSC no ha podido resistir el fin de la ambigüedad. Quizá porque, para empezar, no ha sabido reconocer que el tiempo de la ambigüedad ha acabado en Cataluña. Los socialistas catalanes siempre fueron un partido ambiguo: baste para explicarlo su famoso oxímoron federalismo asimétrico. Es decir, que se adaptaron plácidamente al mainstream diseñado por Convergència i Unió, epítome de la ambigüedad, que aquí se llamaba, ¡en tus tiempos!, la puta i la ramoneta. Durante muchos años eso les reportó una posición secundaria en Cataluña, pero con algunas ventajas no desdeñables: alcaldías y diputaciones importantes. Y la garantía de ser el vencedor en las elecciones generales, que le supuso ser un factor clave en las sucesivas hegemonías del socialismo español.

Sin embargo, cuando a partir del 11 de septiembre de 2012 Mas dio por acabada la era de la ambigüedad, el partido socialista no supo darse por enterado. A la clara y terminante reivindicación nacionalista que pretende convertir a Cataluña en un sujeto político soberano, y por lo tanto facultado para decidir entre su permanencia en España o su independencia de España; el pobre, triste, patético Partido Socialista sólo dijo en voz muy bajita: "...mientras sea legal...". La actualidad no deja ver, muchas veces, la fisonomía real de las cosas, y, en especial, de los animalitos eufemísticos que viven en los periódicos.

Pero mirando de cerca es difícil encontrar una estupidez mayor en toda la historia conceptual de los socialistas catalanes. Es obvio que si alguna vez Cataluña ejerce como sujeto político soberano, será dentro de la legalidad: bien porque el pacto haya destruido la legalidad actual, bien porque la haya destruido un improbabilísimo acto de fuerza. En Cataluña la ambigüedad se ha terminado, y alguien va a perder y alguien va a ganar el próximo 9 de noviembre y cualquier otro 9 de noviembre, más o menos plebiscitario, que pueda plantearse. Las opciones en juego no se organizan en torno al estado autonómico, la independencia y el derecho a decidir, sino entre las dos primeras.

Es evidente que la independencia es un proceso y que éste comienza, precisamente, con el ejercicio del derecho a decidir, o sea, con la liquidación del derecho a decidir de una gran parte de los ciudadanos de un Estado sobre lo que deba ser el futuro de ese Estado. La ejecución del derecho a decidir es el primer acto de la independencia, y así lo entienden, más o menos directamente, toda las constituciones del mundo; salvo las de Canadá, Gran Bretaña y Etiopía. Con su absurdo e ilógico alojamiento en el derecho a decidir y su simultáneo rechazo de la independencia, el PSC ha perdido las dos únicas oportunidades políticas que tenía: convertirse en l'esquerra nacional o convertirse en la izquierda nacional.

Es muy probable, querido amigo, que en nuestro mundo ya no se sepa muy bien qué es y qué significa la izquierda. Pero pretender que sobreviva un partido que ni sabe lo que es la izquierda ni sabe lo que es lo nacional me parece un virtuosismo por completo al margen del alcance humano".

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