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Primeras planas

Rajoy en el casino y la Guardia Civil a El Prat

Tremendo espectáculo en Pontevedra: presentación de señoritas con el presidente del Gobierno de smoking. Fútbol moderno en el Camp Nou. Tropezón de Turull en el palco

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La Guardia Civil aligera los controles de seguridad en el aeropuerto de El Prat. La imagen remite a los tiempos en que el orden público no se había privatizado. La huelga exhibe la precariedad de unos trabajadores sometidos a unas condiciones leoninas y los recovecos de un contrato de la administración con Eulen tirando por lo bajo, entre ajustado e insuficiente, por los suelos marca de la casa en Aena, cuyos beneficios son proporcionales al atornillamiento de los contratistas y el deterioro general de los servicios.

La brillante gestión del ministerio de Fomento es un dos por uno: ya no sólo está en juego el prestigio de la marca turística sino el de la Guardia Civil, a todas luces escasa de personal. Visto el marrón, la Generalitat se sacude el polvo de la mediación y a otra cosa que sólo faltan 48 días para el 1 de octubre. Se anuncia que puede pasar de todo, pero vísperas de mucho, días de poco.

Siete semanas es un suspiro que no da ni para ver crecer la hierba, pero también el futuro remoto. Ojo a la predicción que viene en el ABC: "Un grupo de aficionados a la astronomía y a la numerología bíblica vaticina que el fin del mundo está a punto de llegar: el próximo 23 de septiembre el supuesto planeta Nibiru -o planeta X- chocará con la Tierra y originará el apocalípsis".

Toda preocupación es en vano. Nadie sale vivo de aquí. Se amontonan los acontecimientos extraordinarios de imposible explicación. La prensa se hace cruces con la ida de la Supercopa de España, primer torneo oficial de la temporada. El Camp Nou se pobló de turistas que lo mismo jaleaban a Messi que ovacionaban Cristiano. Estupor manifiesto entre la parroquia local de cronistas deportivos. Pep Lloveras firma el texto en El Món sobre la profanación del coliseo azulgrana: "El gran clàssic també comença a sotmetre’s als peatges del futbol modern. El Barça-Madrid d’aquesta nit al Camp Nou no ha semblat gaire el partit de màxima rivalitat, tant si es mira a la graderia com al màrqueting esportiu. L’estadi no s’ha omplert --menys de 90.000 espectadors-- i hi havia molts turistes, entre els quals forces madridistes. Sí, al temple blaugrana. Tot plegat ha generat un ambient estrany, amb un públic estiuenc sovint més pròxim a la neutralitat, com qui va a presenciar un espectacle i aplaudeix el que és bo, que no a l’apassionament del soci culer, que es deixa la gola xiulant el Madrid i pressionant l’àrbitre. El cas és que s’ha acabat produint un fet inèdit: el Camp Nou --una part, lògicament, però important-- ha celebrat els gols del conjunt blanc, el primer de Piqué en pròpia porteria, el segon un xutàs de Cristiano i el tercer d’Asensio".

Tan estupefaciente resultó el espectáculo que el consejero de Presidencia y portavoz, Jordi Turull, a poco se descalabra en las escaleras del palco. Sucedió al terminar el partido. Tan ágil como grácil, Turull se fue el piso cual Suárez en el área rival, impelido por su propia inercia. En un nanosegundo se recompuso del tropezón como aquel que quiere aparentar que no ha sido nada, un arañazo en la canilla, ay qué vergüenza. Mucha prisa parecía tener el portavoz en evaporarse del conciliábulo con el presidente del Barça, Bartomeu, cada vez más arrinconado. Un tal Paulinho de oficio centrocampista podría cavar su tumba.

Portada de 'ABC' del 14 de agosto de 2017 / CGMás fenómenos inauditos. Pontevedra, año 17 del siglo XXI. Gala de presentación en sociedad de un grupo de señoritas de alta cuna. Ancestral costumbre que remite a las ferias de ganado o a la "a rapa das bestas", pero con etiqueta. Ambientazo en el Casino con Mariano Rajoy entre la concurrencia. Pablo López Vigo traza la crónica en El Confidencial: "A nadie molesta menos la imagen del Rajoy tradicional y provinciano que al propio Rajoy. Por eso no ha puesto reparos en recuperar una de sus costumbres favoritas: la de vestirse el esmoquin con pajarita y asistir al baile de gala del Liceo Casino de Pontevedra, la gran cita del año de la burguesía local. Lo hizo la noche de este sábado, seis años después de su última presencia y por primera vez desde que preside el Gobierno, entre fuertes medidas de seguridad pero mezclándose al fin y al cabo entre las alrededor de 4.000 personas que asistieron a la velada y las más de 600 que disfrutaron de la cena".

Sigue: "La presencia de Mariano Rajoy eclipsó la que estaba llamada a convertirse en la principal atracción de la noche: la puesta de largo de 27 jóvenes pontevedresas, muchachas que, una vez cumplida la mayoría de edad, son consagradas como señoritas y presentadas en sociedad. Una costumbre que no hará feliz al colectivo feminista, pero que el presidente del Gobierno abraza con entusiasmo. Según medios locales, la proximidad de una de esas chicas con su hijo mayor fue la principal razón por la que el padre decidió asistir al evento".

Que don Mariano se solace en el dancing club del Liceo Casino Círculo pontevedrés lo mismo da para glosar el hundimiento del Titanic que la invasión de Polonia. Está por ver la reacción de Carles Puigdemont. Parece descartada la desafortunada paella del superintendente Trapero en casa de Piluca Rahola.

La CUP se ha convertido en la animadora del crudo verano, pretemporada de la madre de todos los referéndum. Anna Gabriel es insaciable. Ahora le ha tomado las medidas al consejero Santi Vila, del que dice que es un chico estupendo para un país de ricos, pero que en el Govern post 1-O sobra como elemento consejeril. No le perdona el postureo antisistema en el Twitter a cuenta del autobús de turistas y Arran. Otro a la papelera. 

14 de agosto, santoral: Alfredo de Hildeseheim, Maximiliano Maria Kolbe, Eusebio, Facanano y Tarsicio.