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Primeras planas

“Putas cazuelas” y carta desde Estremera

Puigdemont campa en libertad condicionada. 'Paradise Papers', pesadilla del buen doctor. Junqueras marca el camino contra el PSC. Borràs, contra las caceroladas

11 min

El afable y simpático doctor Trias, el exalcalde de Barcelona, es un prototipo de gran señor de Barcelona que también encarna el paradigma del independentista sobrevenido. Don Xavier vivía feliz en su burbuja autonómica hasta que el Estado malayo se la pinchó. Entonces, el señor Trias y Vidal de Llobatera se pasó a una especie de soberanismo científico mediante el que la república catalana era un inferencia del colapso moral de España.

La conversión se produjo tras un conato de investigación sobre el presunto patrimonio del doctor supuestamente expatriado y depositado en la siempre "confiable" banca helvética. Trias se rasgó las vestiduras. Todo era mentira. Roures le sacó en su vídeo propagandístico sobre las cloacas del Estado como la víctima de una sucia conspiración urdida por Jorge Fernández Díaz con el exjefe de la oficina antifraude y ejecutada chapuceramente por la que coño es la Udef y los villarejos de la Policía Nacional.

Había que ver al señor Trias, viva estampa de la indignación contenida, perorar sobre la maldad intrínseca de la España negra capaz de urdir toda clase de mentiras contra los adversarios políticos, incluido el clan Pujol. Era (y es) urgente abandonar de inmediato el Reino y fundar una república en que esas cosas no pasaran. No era independentismo sí o no, sino la calidad de la democracia. Cloacas o Trias, campeón de los demócratas, mecenas de los okupas (a los que el municipio pagaba el alquiler del Banc Expropiat por gentileza del buen doctor), político de orden y pacto, la conllevancia en persona.

El caso es tras los papeles de Panamá han venido los Paradise Papers de las Virgin Islands y entre las personitas mundiales de la talla de la reina Isabel II, el yerno de Trump o el cantante Bono se encuentra ese hombre perseguido por las ratas de España que no es otro que nuestro flamante Xavier (yo no era independentista) Trias. Tema complejo, herencia familiar, patrimonio invisible a la hacienda pública, la mala costumbre de algunos ricos de tener el dinero fuera del alcance de borrelles y montoros.

José María Olmo firma la noticia en El Confidencial, socio del grupo de medios que dieron publicidad a los antedichos papeles de Panamá. Ahí van dos párrafos: "El exalcalde de Barcelona (2011-2015) y actual portavoz del PDeCAT en ese ayuntamiento, Xavier Trias Vidal de Llobatera, figura como beneficiario de un vehículo 'offshore' que presuntamente ocultaba dinero en Suiza durante parte de su carrera política. Su nombre aparece junto al de sus padres y sus hermanos en The JTB Family Settlement, un fideicomiso o 'trust' con el que la familia controló activos alojados en la sucursal helvética de RBS Coutts Trustees Ltd, la exclusiva filial de banca privada del Royal Bank of Scotland".

Y: "La estructura opaca se habría mantenido operativa al menos entre 1994 y 2008, un periodo en el que Trias fue consejero de Sanidad de la Generalitat (1988-1996), consejero de Presidencia (1996-2000), diputado en el Congreso (2000-2004) y concejal en Barcelona (desde 2003). Sin embargo, un correo electrónico interno y otros documentos han permitido ahora conocer su existencia". 

Portada de 'La Vanguardia' del 6 de noviembre de 2017 / CGCaso Puigdemont. Hará campaña en Bélgica. Impactante operación de imagen. El president en el exilio, el único, el inigualable, el legítimo Caaaarles Puigdemont. En Bruselas sí que hay justicia, comenta la prensa de obediencia catalanista. Nada que ver con los tribunales españoles. Al respecto escribe Antoni Puigverd un artículo en La Vanguardia: "La temeridad de la juez Lamela no es tan sólo producto de la indiferencia de la justicia por las consecuencias políticas de sus actuaciones. Es el resultado del clima mediático de la capital, favorable a interpretar nuestra legislación, no como un instrumento de civilidad, sino como un traje de hierro. Un traje de hierro inmovilizador que la ma­yoría impone a las minorías. La juez Lamela ha asumido un caso de presunta sedición y rebelión para el que el plenario de la Audiencia Nacional dijo en su momento que no era competente. Ha aceptado íntegramente las tesis de un fiscal general que, en este momento de máxima gravedad y habiendo sido reprobado por el Congreso, está constantemente bajo los focos, pe­rorando con inaudita audacia retórica".

La justicia, sesgo y tiempos. Gran tema. Por ejemplo, el caso Palau está visto para sentencia desde finales de julio, pero la sentencia no está prevista aún. ¿Saldrá en breve o ya lo dejamos para el año que viene? Un fallo sobre el escándalo continuado en el templo cultural de la crème de la crème de la sociedad catalanista aportaría matices a la inminente campaña electoral. Eso sí, la juez Montserrat Comas debería arrostrar la acusación de echar más leña al fuego y no ser una buena patriota catalana.

Jordi Évole, faro editorial de El Periódico, ha dado a imprenta un esclarecedor texto sobre el tirón comercial del circo catalán: "El procés da buenas audiencias, tiene trama, personajes bien dibujados, giros de guion inesperados, tensión narrativa y muchos episodios de vergüenza ajena. Igual falta algo de sexo, aunque la pornografía ya se han encargado de ponerla unos policías a las puertas de la Audiencia Nacional comentando de forma repugnante el encarcelamiento de Junqueras. El procés es comercial: su trama engancha a un público que consume episodios como quien se traga tres temporadas de Juego de tronos en un fin de semana".

"Comentando de forma repugnante", describe Évole, las hirientes chanzas de tres agentes en la Audiencia Nacional sobre Oriol Junqueras. La Santa Inquisición les pegaría fuego de manera automática. El aludido escribe desde la prisión de Estremera una carta a los filisteos en Nació Digital en la que denuncia a los fariseos del PSC, hermanados, sostiene, con la ultraderecha: "De determinats partits, vinculats històricament a una més que rància tradició democràtica, potser no em podem esperar res. Però em pregunto, novament amb tristesa, com és que la direcció del PSC esperona repetidament la participació en actes on es produeixen agressions violentes? Com és que la direcció del PSC calla i empara amb el seu silenci i/o connivència la violència? Com és que després no exigeixen la immediata detenció dels violents o no ho denuncien davant la justícia? No se’n senten responsables? Els és igual? Em pregunto, per exemple, com pot ser que hi hagi ministres del PSOE que se’n riguin o ho aplaudeixin? Però a quina mena de gent ha confiat o va confiar responsabilitats el PSOE? Què en queda del PSC que defensava la llibertat dels pobles? Què en queda del PSC que també va ajudar a forjar l’escola catalana o aixecar barris i dignificar vides? On és?". 

Cobra fuerza la tesis demoscópica de una recuperación del voto socialista que enturbiaría la predicha victoria de ERC. Luego está la rabia que les causa el azote del deslenguado, desacomplejado y jacobino Borrell.

Se avecinan movilizaciones, según anuncia Jordi Borràs en una pieza en El món: "Europa ens mira, sí. De la mateixa manera que mira còmodament dels despatxos nobles del Parlament Europeu, com milers de persones moren ofegades a la Mediterrània, abandonades a la seva sort per les màfies, o tirotejades amb bales de goma per la Guàrdia Civil a les costes de Ceuta. A Europa li patina del tot el que passi a Catalunya mentre la seva economia funcioni. Dos més dos quatre, doncs. Deixem les putes cassoles, les espelmes i els eslògans amb rima fàcil i fem que tremolin els fonaments d'una unió monetària que només mira per la seva butxaca. Un dia, tres, cinc, o els que facin falta. Que tremoli l'enemic".

Sí, señor, y que dejen las cazuelas para los fideos, por favor. 

Al menos 26 muertos en los Estados Unidos. Un tipo de 25 años, expulsado del ejército, ha disparado sobre los feligreses de una iglesia baptista en Texas. El asesino ha aparecido muerto en su vehículo.

6 de noviembre, santoral: San Severo de Barcelona, asesinado por los romanos allá por el 300 d.C. en Sant Cugat, durante la persecución de Diocleciano. Un verdugo le puso un clavo en la cabeza y otro lo golpeó con un mazo.