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Primeras planas

Puigdemont y Podemos le amargan el día a Felipe VI

El rey abre la XII Legislatura por la mañana y cierra la jornada con una "cumbre" en Barcelona en la que el presidente de la Generalitat le canta las cuarenta. Purgas ministeriales y socialistas

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Pompa, boato y soldados de plomo. La reina Letizia sí asistió a la apertura solemne de la XII Legislatura de las Cortes. Incluso llevó a la princesa Leonor y a la infanta Sofía, que hicieron novillos en el cole por razones de su papel institucional. Letizia pasó del nombramiento de Rajoy y sus nuevos ministros, pero no le quedó otra que honrar con su presencia una sesión marcada por las gamberradas de Podemos, el plante de ERC y el deshueve congresual. La sede de la soberanía popular parece en ocasiones una herriko taberna. Su señoría Cañamero lucía una camiseta con el lema "yo no voté a ningún Rey". Ni usted ni nadie. Esa es la sustancia de la monarquía, el sufragio de la historia que decía Anson. Por otra parte, la política de las camisetas es una ordinariez supina, cosa de rústicos, puro postureo. La corbata debería ser obligatoria en el Congreso como lo es en el restaurante Zalacaín. Y punto.

Los medios, salvo los nacionalistas, sostienen que Felipe VI estuvo bien, sólido, compacto y meridiano. Acertado en el diagnóstico y conciso en las soluciones. Así lo explica Fernando Garea en El País: "El rey Felipe VI declaró ayer abierta la XII Legislatura con un discurso ante las Cortes en el que habló de “la inquietud, el malestar y el desencanto” que causó en la sociedad la larga etapa de bloqueo institucional tras las elecciones de diciembre de 2015 y subrayó la importancia de que la crisis de gobernabilidad se resolviera “con diálogo, con responsabilidad y también con generosidad”. El jefe del Estado habló también de la corrupción como una lacra que hay que vencer y superar y defendió la regeneración moral como “cuestión de principios” y de “orden en el funcionamiento del Estado de derecho”, necesaria además para recuperar la confianza de los ciudadanos".

Sigue Garea: "El Rey abordó la crisis económica y el paro desde la necesidad de impulsar la cohesión social y de fortalecer el Estado de bienestar. Sin mencionar a Cataluña y reafirmando la diversidad de España, reclamó el respeto por la ley y los tribunales y el diálogo y entendimiento como exigencia “de cualquier régimen de libertades”".

En Voz Populi José Alejandro Vara disecciona el discurso en clave cuasi forense: "Felipe VI vigiló, controló y preparó su debut en la apertura de sesiones de una Legislatura con delicadeza de entomólogo. Cada palabra estaba medida, cada frase, revisada y cada expresión, estudiada. En colaboración con el Gobierno, como es costumbre en estos casos, don Felipe dio indicaciones precisas sobre los puntos clave en torno a los que había de discurrir su intervención, largamente aplaudida. Casi tres minutos. En la ocasión precedente, su padre, don Juan Carlos, apenas fue ovacionado 50 segundos".

Tras la prueba del aplausómetro, continúa el cronista: "Después de un año en el dique seco, la intervención de don Felipe en tan solemne ocasión era todo un reto para el Monarca y la Institución. Los borradores circularon durante semanas, antes incluso de confirmarse la investidura de Mariano Rajoy. El Rey era consciente del evidente desánimo que ha anegado a una opinión pública en la que se palpaba el sentimiento de rechazo y descrédito hacia la clase política y las instituciones. El fantasma de unas nuevas elecciones sobrevoló en las palabras del Rey como una amenaza irrepetible en el Hemiciclo". 

Todo lo contrario sostiene el director adjunto de Crónica Global, Joaquín Romero, que se pregunta en su análisis quién es el escribano real y cómo es que es tan malo: "Felipe VI se estrenó ayer en las Cortes inaugurando la nueva legislatura, probablemente el acto político más importante de cuantos protagoniza un rey que reina, pero no gobierna. Y sería exagerado decir que lo hizo bien, porque lo hizo mal; bastante mal.

Quienes hayan asesorado a la Casa Real, el propio monarca y el Gobierno deberían haber dejado de lado la palmadita en la espalda que el Rey propinó a los partidos que han apoyado la minoría del PP para que forme Gobierno. Esa “inquietud y malestar”, ese “distanciamiento de los ciudadanos” y la “preocupación de nuestros socios y aliados” que Felipe VI había detectado ante la posibilidad de que se repitieran por tercera vez las elecciones demuestran que está atento y que observa lo que sucede en el país. Pero se trata de apreciaciones que no debería haber incluido en su discurso porque media España sigue estando en contra del nuevo Gobierno y de la forma en que se invistió a su presidente".

Tras la movida matinal, al rey le quedaba aún un encuentro espinoso y denso. Presidió en Barcelona la entrega de premios de "Foment" y se encontró con Carles Puigdemont desatado y la vicepresidenta del Gobierno y comisionada para el caso catalán, Soraya Sáenz de Santamaría, perpleja.

María Ángeles Alcázar firma la crónica en La Vanguardia: "La jornada de marcado acento político, que se ha iniciado esta mañana en Madrid con la apertura solemne de la XII legislatura, se ha cerrado esta noche con las palabras del Rey en Barcelona, donde ha reconocido la relevancia de un día de celebración de la democracia tras haberse formado un gobierno “en pleno ejercicio de sus funciones, condición necesaria para el desarrollo de nuestra vida pública”. El presidente de la Generalitat ha aprovechado la ocasión para, delante del Rey y la vicepresidenta, acusar al Estado de “negligir” en sus deberes respecto a Catalunya y de “no hacer caso” a la voz de los catalanes, lo que considera debe ser “condición indispensable para un diálogo fructífero”".

La soflama de Puigdemont fue de categoría. El rey pasó de replicar y se ciñó al discurso escrito para la ocasión, una loa a la internacionalización, la formación y la concordia mundial. Javier Godó recibió el premio Ferrer Salat a la "trayectoria empresarial" en una noche que el president supo convertir en una velada fría y desabrida. Día de perros para Felipe VI. Por la mañana, Podemos y una bandera republicana en el Congreso. Por la tarde noche, Puigdemont en Fomento, aunque sin Letizia.

Purgas en los ministerios. El nuevo titular de Interior remueve a toda la cúpula. En Ok Diario Juanan Jiménez firma la previa de la movida en el BOE: "El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, ha elegido al magistrado sevillano José Manuel Holgado para suceder a Arsenio Fernández de Mesa como director general de la Guardia Civil. Mientras que Germán López Iglesias será el nuevo director de la Policía en sustitución de Ignacio Cosidó".

José María Lasalle también salta de Cultura. El mismo día que el PSOE-Gestora apartaba cautelarmente a Meritxell Batet, exesposa de Lasalle, de la dirección del grupo parlamentario a la espera de pasar cuentas con el PSC.

18 de noviembre, santoral: Dedicación de las basílicas de San Pedro y San Pablo, Odón de Cluny y Rosa Felipa Duchesne. Efemérides: Hoy se cumplen cuarenta años de la sesión del harakiri de las Cortes franquistas.