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Primeras planas

Junqueras: nuevo éxtasis del profeta del amor

Puigdemont arremete contra la Unión Europea y Junqueras descubre la conexión entre el Espíritu Santo y el derecho a decidir. Puigverd, muy enfadado con Savater y Ovejero

10 min

Tiembla Europa. Carles Puigdemont columbra un nuevo referéndum para que los catalanes puedan decidir si les gusta o no el club de países "decadentes y obsolescentes" llamado Unión Europea. El nacionalismo está en la campaña de la desestabilización, en lo de Assange, Putin y los hackers rusos, el ejército digital para sembrar la confusión en Occidente, en lo de Le Pen, Wilders y los neofascistas antieuropeos. La cobertura belga asiste al expresident erigido en líder populista, abanderado de las esencias catalanas del proteccionismo y el país pequeño. Puigdemont quema las naves e incendia los puentes. Crece la especie de que prepara su irrupción en Barcelona en la fase final de la campaña para exhibirse detenido. De suyo ha dicho que podría ser diputado sin recoger el acta. El día 4 tiene visita donde el juez flamenco. Mientras, mantiene el control de TV3 y Catalunya Ràdio, minaretes de la epopeya belga del noi de Amer.

Frente a la rauxa desatada del expresident, la incontinencia pornoreligiosa de Oriol Junqueras, que persigue la levitación mística y el éxtasis absoluto. Su correspondencia cada día es más explícita, como prueba la íntima carta que le ha enviado al director de El Nacional, José Antich: "Aquesta profundíssima confiança incondicional en la llibertat i la responsabilitat (sempre indestriables) dels éssers humans i, conseqüentment, en la sobirania que resideix en els pobles, només pot fonamentar-se (en la tradició cristiana) en la certesa de l'amor infinit de Déu i (en la versió més humanista de l'anarquisme, el republicanisme, el liberalisme o el socialisme) en l'enamorament cap als éssers humans i cap a la seva llibertat, l'enamorament de la vida en la seva diversitat i la seva plenitud".

Pues sí, el anarquismo católico. Pedazo hallazgo del pater Junqueras, misionero del amor que con un par de cojones ha establecido la relación entre el Espíritu Santo y el derecho a decidir, uno y trino.

Antoni Puigverd fuma en pipa con la prensa madrileña y la no afecta en general. Sentido artículo en La Vanguardia sobre la extensión de un supuesto anticatalanismo en las capas altas de la atmósfera mediática española: "Una locuacidad ofensiva, sarcástica, quevediana que había sido el sello del sector más derechista de la prensa madrileña se ha generalizado en la opinión pública española a la hora de referirse a Catalunya (y no sólo al independentismo, pues, según se dice “una sociedad que ha permitido eso, está enferma”). El regaño, la burla y el varapalo retórico se imponen incluso en los periódicos de tono tradicionalmente aséptico y profesional. Un gran filósofo asimila la diferencia catalana a la gastronómica butifarra. Un reputado profesor de sociología generaliza a la sociedad catalana la apelación “señoritos de mierda”. Émulo de Quevedo, un prestigioso periodista haciendo cruelmente astilla del árbol caído, construye una formidable y impiadosa caricatura de un preso.

La compasión ha desaparecido. A los vencidos se les tiene que aplastar forzando al máximo la ley, pero también convirtiéndolos en sujetos de burla pública. La caricatura como forma de deshumanización".

Así es que Fernando Savater, Félix Ovejero (antológico Señoritos de mierda) y Rubén Amón por llamar fray a Junqueras son culpables, enemigos de la sagrada Cataluña, pecadores, vengativos y maltratadores. ¿A quién se le ocurre burlarse de Junqueras? Muy mal el nuevo El País. Fatal.

Portada de 'El País' del 27 de noviembre de 2017 / CGDel diario de Godó también destaca la crónica de Enric Juliana sobre los trepidantes acontecimientos de los días 25, 26 y 27 de octubre, cuando Puigdemont tuvo en sus manos convocar elecciones, pero no lo hizo porque Rufián le llamó Judas Iscariote. Escribe Juliana: "La voz más contraria vuelve a ser la de Marta Rovira. Lloros y alguna estridencia en una tormentosa reunión que acaba a las tres de la madrugada del jueves 26. El jueves a las once, reunión del grupo parlamentario de Junts pel Sí. Más lágrimas. Puigdemont mantiene la decisión de convocar y así se lo comunica a Urkullu. Rajoy llega a tener el borrador de la convocatoria electoral encima de su mesa. Todo está preparado, pero la presión ambiental hace mella en el presidente catalán. En la plaza de Sant Jaume le llaman traidor, en Twitter su fotografía aparece cabeza abajo y el diputado Gabriel Rufián emite: “155 monedas de plata”. ERC maniobra para capitalizar la decepción. Los consellers Jordi Turull y Josep Rull, del PDECat, hoy en prisión, le imploran que reconsidere su decisión. Dos diputados del partido del presidente dimiten. Los alcaldes convergentes están aterrorizados. A las dos de la tarde, Puigdemont escribe a Urkullu: “Tengo una rebelión. No puedo aguantar”. Un mes después, en Sabin Etxea, sede central del PNV, dicen: “Hicimos todo lo que pudimos”".

En El Mundo, Raúl del Pozo fija la última hora de Bruselas en su columna de contraportada: "Desarrollaron una feroz campaña de propaganda y la siguen programando en torno a Puigdemont y su falso exilio. Este tipo atrabiliario y grotesco ha terminado atacando a Europa, después de retratar a España como una falsa democracia turca y neofranquista. Ahora dice que Cataluña debería votar si quiere seguir en la UE. Define a Europa como un club de países decadentes, obsolescentes, en el que mandan unos pocos, que son insensibles a los atropellos de los derechos humanos. Ha utilizado el adjetivo "decadentes", el mismo que empleó Hitler para definir las democracias occidentales. Es que son -insisto- catetos e ignorantes, a pesar de que presuman tanto de democracia electrónica. Han actuado y siguen actuando como papagayos silbados por otros papagayos contra Europa, como los del Brexit, aunque lo tuvieran oculto. Al final han confirmado que los peores enemigos de Europa son los nacionalistas, como pensó Julien Benda al decir: "Plotino se avergonzó de tener cuerpo, vosotros debéis avergonzaros por tener nación". Y Fernando Savater, en su libro Contra el separatismo, los califica de ignorantes, de gente a la que les han lavado el poco cerebro que Dios les dio".

Otro quevediano Del Pozo, inclemente contra ese símbolo de Cataluña en el mundo en el que se ha convertido el expresident. Marca Puigdemont.

También hay una marca Colau, según refiere Sergi Doria en un artículo del ABC sobre la imparable decadencia de la ciudad y sus antecedentes nacionalistas: "La ofensiva contra la Barcelona del maragallismo arreció bajo el gobierno de Xavier Trias. Su concejal de Cultura, Jordi Ciurana, decía que debíamos "acabar con el cosmopolitismo mal entendido». Este cronista le contestó que en la URSS estalinista el cosmopolitismo era un delito; el edil no supo qué decir. El trabajo "simbólico" de demolición de la Barcelona «cosmopolita» prosiguió al ritmo de las obras del Born: nos privaban de una biblioteca pública pagada por el Estado y dejaban unas piedras con las que ahora no se sabe muy bien qué hacer, aparte de homilías para adictos al Régimen. El 12 de agosto de 2013, con tres cuartas partes de los barceloneses de veraneo, el alcalde Trias –reconvertido en indepe– quitó de la fachada del ayuntamiento en San Jaime la placa de la Constitución de 1837. Con esta medida, impulsada por Esquerra, la Democracia Catalana de Laporta y el minoritario Reagrupament, se enviaba a los almacenes municipales el recuerdo del liberalismo que combatió a los carlistas".

27 de noviembre, santoral: La Medalla Milagrosa, Acacio, Bilhildis, Facundo, Jacobo Interciso, Primitivo, Saturnino y Valeriano.