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Primeras planas

Cómo hablar de Cataluña sin hablar de Cataluña

El discurso de Felipe VI provoca versiones encontradas en los digitales del proceso. Pablo Iglesias bendice un presunto "cambio de tono" del monarca en el tema catalán

25.12.2018 11:47 h.
9 min

Orgullo y satisfacción en Madrid con el discurso del Rey y división de opiniones en Cataluña. Concordia y convivencia fueron algunos de los términos más usados por Felipe VI. El monarca arrancó con una mención a la violencia contra las mujeres, mostró sus inquietudes sobre el futuro de la juventud, recordó la Transición, apeló a la tolerancia práctica y dijo la clase de cosas que se esperan de los reyes en Navidad, incluida la palabra Constitución. El término que no salió fue Cataluña, lo que no obstó para que hablara su majestad entre líneas de lo que viene siendo el tema catalán. 

Es una cosa muy española soltar discursos por estas fechas. No hay un solo presidente de comunidad autónoma con televisión propia que se prive de soltar un sermón de fin de año. Como el Gordo, una tradición entrañable, portada pase lo que pase.

El caso es que el Rey estuvo fatal según El Nacional y El Món y no tan mal en Nació Digital. En el diario de Antich concluye David González lo siguiente: "Sense canvis, doncs, en la línia dura que ha seguit Felip VI davant la qüestió catalana després que l’independentisme l’hagi acusat d’haver emparat la repressió i 'l'a por ellos'” amb el missatge del 3 d'octubre del 2017, després del referèndum de l'1-O, en el qual va cridar a "assegurar l'ordre constitucional" a Catalunya. Com en el discurs de Nadal de fa un any, el Rei ha desaprofitat l’oportunitat de desescalar el conflicte en uns moments de màxim allunyament entre la monarquia i les institucions i la societat catalanes".

En línea parecida se expresa Salvador Cot en El Món, que cierra así su artículo: "Catalunya, com sol passar, ha aparegut al missatge de forma el·líptica, amb les crides a l'obediència de la Constitució. En definitiva, que Felip VIè dóna per perduda la societat catalana i ja només confia en la repressió i les represàlies. Bon Nadal, ens ha dit des de la Zarzuela... Bon Nadal i bon vent, Felip".

Otra perspectiva es la de Ferran Casas en Nació Digital, que atisba un notorio cambio de registro real: "Si hi havia algun dubte sobre la influència de la Moncloa en els discursos dels monarques espanyols, aquests dilluns milions d'espanyols (i també molts catalans) que han sentit la intervenció televisada de Felip VI l'han resolt. El rei d'Espanya ha deixat enrere la bel·ligerància dialèctica dels darrers mesos i, sense avalar cap solució política al conflicte català, ha optat per un to més moderat. D'exigir el respecte a la unitat d'Espanya i avalar les mesures coercitives ha passat a clamar per una "convivència" que veu en risc i que vol basada en "la consideració i en el respecte a les persones, a les idees i als drets dels altres". Un discurs a la mida de Pedro Sánchez i els seus gestos de distensió amb l'independentisme en plena negociació dels pressupostos".

En El País acentúan editorialmente lo que no dijo Rey: "Con todo, un discurso se mide tanto por lo que dice como por lo que calla. En ningún momento aparece la palabra Cataluña. Hay que entender, sin embargo, que palpita —¡y con estruendo!— en todas esas referencias a "asegurar la convivencia".

Tampoco sale la palabra Cataluña en el análisis de Màrius Carol en La Vanguardia: "La convivencia se basa en un sistema de valores que facilita aceptar las discrepancias, entender las razones del otro o valorar los logros ajenos. La sensación es que la democracia en este país ha funcionado aceptablemente bien y ha permitido un grado de bienestar y concordia como nunca en la historia. ¿Por qué el Rey centró su discurso de Navidad en la convivencia? Posiblemente, por que empiezan a emerger en la sociedad española fenómenos populistas que pueden poner en peligro el modelo de convivencia que ampara la Constitución".

Hay una parte del contexto político hostil a la monarquía parlamentaria que subraya José María Marco en La Razón: "Durante cuarenta años, la democracia española ha dejado a la Monarquía sin un apoyo ideológico ni cultural. No se ha explicado la Monarquía en las escuelas ni en los institutos, y apenas se la ha estudiado, salvo honrosas excepciones, en la Universidad. Tampoco se ha hecho el esfuerzo de articular el argumento histórico que sostiene la razón de ser de la Monarquía. (Y resulta significativo que se haya optado por la misma posición abstencionista en el caso de la nación española.)"

Y añade Marco: "El resultado es que los jóvenes españoles no valoran la Monarquía, ni su papel histórico y político. Lo demuestran las encuestas, que apuntan, también aquí, a una división importante entre los jóvenes menores de 35 años y el resto de los españoles. Y lo indican gestos como aquellos a los que venimos asistiendo en los campus universitarios, allí donde la Corona se somete a referéndum bajo el impulso de partidos políticos que ven en la institución el principal obstáculo a su proyecto. El abuso del referéndum es significativo de por sí. En todo el mundo, también en nuestro país, los jóvenes demuestran un apego cada vez menor a la democracia representativa y tienden a decantarse por modelos de democracia directa, incompatibles con nuestro régimen y con la salvaguardia de las libertades".

Uno de los líderes del republicanismo universitario es Pablo Iglesias, quien a pesar de estar de baja por paternidad, también se dirigió a los españoles con un contradiscurso en Twitter en el que tras decir que "el rey sabe que la España feminista no quiere patriarcas", bendijo el supuesto giro sobre Cataluña: "Lo más reseñable es el cambio de tono respecto a la cuestión territorial. El Jefe de Estado abandona el discurso del 3 de octubre y habla de convivencia y respeto a la diversidad. Reconoce así implícitamente que se equivocó asumiendo las tesis de la derecha sobre Catalunya".

Algunos medios ofrecen a sus lectores argumentarios para combatir en las trincheras familiares al típico cuñado, otra entrañable figura del Belén, topicazo que alguna vez tuvo su gracia pero ya no. 

25 de diciembre: Natividad de Nuestro Señor Jesucristo y Nuestra Señora de Belén, más Anastasia y Eugenia.

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