Menú Buscar
Primeras planas

Glosas de un buen rey y un mal final

División de opiniones en la prensa. Una parte "bendice" el gesto del emérito mientras que la otra reprocha que se marche de España. La bolsa española, en barrena

18 min

Juan Carlos I se ha marchado del país. Es noticia en medio mundo y portada en toda España. El emérito comunicó por carta a su hijo, el Rey Felipe VI, que abandonaba la Zarzuela con rumbo desconocido. La pretensión, según su abogado, no es eludir la acción de la justicia. Estará a disposición de jueces y fiscales para lo que sea menester. Caso de no presentarse a una hipotética citación, sería el fin de la monarquía en España. El Rey que nació en el exilio (Roma) se marcha para tal vez morir en el exilio. Sino trágico. 

En El Español explica los entresijos de la operación Cristina Coro, que escribe: "Felipe VI era conocedor de la decisión de su padre desde hace varias semanas. De hecho, la precipitada salida del país es un acuerdo al que han llegado tras varias tardes de negociaciones. Aunque las cosas -finalmente- no han salido como quería el actual Rey, ya que este pretendía que su padre saliese de Zarzuela una vez que la Fiscalía y el Tribunal Supremo se pronunciasen sobre la investigación que le afecta. El ex Jefe del Estado ha precipitado los acontecimientos. Tal y como ha podido conocer este diario, todo estaba listo desde que la semana pasada Juan Carlos comunicó a Felipe VI que no podía más con su encierro forzado en el recinto de El Pardo: quería terminar con todo esto de una vez por todas. No estaba dispuesto a seguir soportando la presión y le hizo llegar la carta".

En la nota se da cuenta de los cinco destinos posibles del exmonarca: Miami, República Dominicana, Ginebra, Arabia Saudí y Marruecos.

Portada del 'ABC' del 4 de agosto de 2020
Portada del 'ABC' del 4 de agosto de 2020

En el ABC despejan la incógnita y aseguran sin lugar a dudas que Juan Carlos ya está en la República Dominicana: "El Rey Don Juan Carlos viajó este fin de semana a Sanxenxo (Pontevedra). Desde este destino, uno de sus predilectos para practicar una de sus principales aficiones, la vela, se desplazó a la localidad portuguesa de Oporto, desde donde tomó un avión para viajar al aeropuerto de Santo Domingo (República Dominicana), según pudo saber ABC. Lo más probable es que el Rey padre haya aceptado alguna de las muchas invitaciones que ha recibido por parte de sus amigos. (...)  Y entre todos sus amigos, destaca Pepe Fanjul, que reside en Miami y es propietario del complejo hotelero Casa de Campo, situado en La Romana, en la República Dominicana".

Sigue la pieza: "La amistad que comparten se remonta a varias generaciones. Y es que la hermana de la abuela de este empresario del azúcar era Edelmira Sampedro, la cubana que se casó con el Príncipe Alfonso, hijo mayor de Alfonso XIII, abuelo de Don Juan Carlos. Aunque sus descendientes no comparten ni una gota de sangre, Don Juan Carlos y Pepe Fanjul se tratan como hermanos. Fanjul dispone de varias viviendas que puede ofrecer a Don Juan Carlos para pasar una larga temporada, hasta que cambien las circunstancias y pueda regresar a España, que es donde Don Juan Carlos se siente más a gusto, de verdad".

En la misma pieza se cuenta que en tiempos pretéritos, cuando aún reinaba y fumaba puros, explicó en una fiesta en el patio andaluz del diario monárquico tras una entrega de premios que su lugar preferido caso de exilio sería Nueva Zelanda. Eran otros tiempo y, según el diario, Juan Carlos aún estaba en forma. 

En El Mundo, Carlos Segovia apunta que la marcha es temporal: "'Está bien de ánimo y quitando hierro'. Juan Carlos I se despidió durante el fin de semana de, entre otros, algunos amigos empresarios antes de iniciar esta nueva fase de su vida, pero sin transmitir ningún dramatismo. 'Nos dijo con toda normalidad que quizá vuelve en septiembre', asegura a El Mundo uno de los allegados que más le ha frecuentado en los últimos tiempos. Según este testimonio, no mencionó lo de septiembre porque piense que tenga algún compromiso judicial --su abogado ha aclarado que estará a disposición--, sino 'como el que se va un tiempo de vacaciones".'

En el mismo diario, glosa la figura del exmonarca Luis María Anson: "Con el espíritu que siempre le ha caracterizado, Don Juan Carlos ha decidido hacer el gran sacrificio con su penúltimo servicio al pueblo español y a España, retirándose durante algún tiempo fuera de su patria. A nadie puede sorprenderle la decisión del Rey padre. Siendo Príncipe de Asturias, declaró: 'No hay sacrificio que no esté dispuesto a hacer por España' Por España se enfrentó con su padre, al que adoraba, y por España se aparta ahora de su hijo, tras un reinado admirable que los historiadores más rigurosos han instalado entre los cuatro grandes de la Historia de España, junto a los de Carlos I, Felipe II y Carlos III".

De muy diferente tenor es la pieza de Victoria Prego en El Independiente, quien censura a Juan Carlos que se marche de España: "El Rey Juan Carlos, que podía haber pasado a la Historia como el mejor Rey de España, ha cometido el error mayúsculo de ensuciar su impecable labor institucional con un comportamiento privado que probablemente nunca pensó que se sometería a la acción de la Justicia porque él, en tanto que Rey, era inviolable como lo son, por cierto, los presidentes de las repúblicas democráticas mientras ocupan el cargo".

Sigue Prego: "Porque Juan Carlos de Borbón nunca en su vida pensó en abdicar. Es decir, creyó que sería inviolable hasta el día de su muerte. Pero el accidente de Botswana se cruzó en su camino y a partir de ahí empezaron a salir a la luz sus líos amorosos --cosa que a los españoles nunca les importó nada-- y volvieron a aparecer informaciones sueltas sobre sus andanzas financieras poco claras o directamente oscuras y presuntamente delictivas -cosa que a los españoles, sin embargo les indignó y les soliviantó definitivamente-. La situación de Juan Carlos I ha ido haciéndose por eso progresivamente insostenible. Pero una cosa es ésa y otra muy distinta anunciar, como se hizo ayer con la aprobación inaudita del Gobierno, que se marcha a vivir al extranjero. Eso no es de recibo. El Rey Juan Carlos I no debería en ningún caso haber tomado la decisión de salir de España, por más que su abogado asegura que se compromete a quedar a disposición de la Fiscalía española, faltaría más".

En Crónica Global es Joaquín Romero quien traza el análisis sobre el anuncio y escribe: "No son pocos los partidos dispuestos a demostrar su inconformismo, radicalidad, republicanismo, izquierdismo y todo lo demás a costa de la monarquía. El rey emérito, como su hija y su yerno, se lo han puesto a huevo. Solo hay que echar un vistazo a las redes sociales para ver cómo sin ningún rubor cargos públicos reclaman en estas horas que se le retire el pasaporte y que se le detenga, a pesar de que ni siquiera pesa contra él una imputación. Es la misma gente que cuando acusan a un camarada de cualquier delito recurren, con tanta razón como rapidez, a la presunción de inocencia".

Y añade: "El Gobierno, y también los partidos constitucionalistas, debe apoyar a Felipe VI ante la que se avecina. Los republicanos de salón que invaden nuestros púlpitos quieren aprovechar la presunta corrupción de Juan Carlos para acabar con la monarquía, como si la ineptitud o cleptomanía del presidente de una república diera pie al derrocamiento del régimen. Es una falacia semejante a la que cometería quien dedujera que las múltiples acusaciones de corrupción y abuso de poder que pesan sobre el fundador del nuevo nacionalismo catalán, su mujer y cada uno de sus siete hijos, invalidan el catalanismo.

Noticia de 'El Confidencial' del 4 de agosto del 2020
Noticia de 'El Confidencial' del 4 de agosto del 2020

José Antonio Zarzalejos se ocupa del expediente en El Confidencial y atribuye a Felipe VI la salida de España de su padre: "'No cabía en España. Su volumen político y simbólico era de tal entidad que la crisis se estaba comiendo a la institución y lastrando la gestión de su hijo'. Esta es la razón de una fuente cercana a Juan Carlos I que explica su aceptación a extrañarse definitivamente. Una decisión que le fue sugerida por el propio el propio Felipe VI tras barajar otras varias, todas ellas consultadas y debatidas con la Presidencia del Gobierno".

En Voz Pópuli, José Alejandro Vara aventura que la salida de Juan Carlos no satisfará a los antimonárquicos: "Resulta quizás ingenuo pensar que, alejado ya de su país, con muchos kilómetros sentimentales y políticos de por medio la forzosa fuga de don Juan Carlos vaya a aplacar a esas hordas fanáticas que pretenden tumbar la Corona, es decir, el 'régimen del 78', como esos estólidos ganapanes recitan sin mesura. Cabe pensar, más bien, que doblarán sus esfuerzos para camuflar bajo el destartalado armiño sus propias torpezas, sus mayúsculas mentiras en la gestión de la pandemia y en la resolución de la crisis económica. Felipe VI, lamentablemente, no cuenta con demasiados aliados para su causa. En la Moncloa no va a encontrar respaldo alguno, más bien, lo contrario. Pedro Sánchez jamás ha mostrado una señal de afecto, simpatía o incluso respeto hacia la causa que el rey encarna. Tan sólo puede encomendarse al valor creciente de su irreprochable conducta, inatacable desde su proclamación y calurosamente apreciada por la sociedad, y a la independencia de una Justicia que en ocasiones muestra signos de peligrosos de acatamiento a los deseos del poder político".

El Diario y Público hablan sin ambages de huida mientras que José Antich en El Nacional liga la salida con la situación catalana: "Aunque la caída del rey emérito se ha precipitado en los últimos meses, algun día habrá que analizar a fondo en qué medida la afrenta de Felipe VI a Catalunya al apoyar la violencia policial en los hechos de octubre de 2017 fue la tumba de una institución que hay tiene un suspenso en su valoración y está cada vez más cuestionada".

En el plano editorial, El País bendice la operación: "Independientemente de cualquier posible ramificación de los asuntos que se tramitan ante un tribunal suizo y el Supremo español, y que por el momento no suponen la imputación del anterior jefe del Estado, ni en aquel país ni en España, la decisión que hizo pública ayer —todo indica que de forma consensuada con Felipe VI— es adecuada, pertinente y responsable. Adecuada en el calendario, porque una prolongación de las polémicas surgidas sin la necesaria respuesta en nada beneficiaría al prestigio de la Jefatura del Estado, a la estabilidad institucional y a la visión histórica del reinado de la Transición. Pertinente en su alcance, porque traza de forma clara un cortafuegos entre aquella y los discutibles avatares de las personas que la han encarnado: la salida de don Juan Carlos deslinda su vida personal de la residencia oficial en la que ha venido habitando. Responsable, porque implica una actitud de continuado apego a la arquitectura de la democracia española, por encima de errores o conductas inaceptables que se hayan registrado".

En cambio, en El Periódico juzgan muy desafortunado el extrañamiento en el extranjero: "Lo suyo sería que se hubiese ausentado del complejo del Palacio de la Zarzuela pero que se hubiera puesto al mismo tiempo a disposición de la justicia. Es lo que corresponde a un dignatario en estos casos. ¿Qué hubiera ocurrido, por ejemplo, si en su momento la infanta Cristina hubiera acudido voluntariamente a declarar en el caso Noos en el que estaba envuelto su marido Iñaki Urdangarin? Muchas voces contra la monarquía se habrían acallado. La marcha de España permite a Felipe VI tomar la necesaria distancia con los hechos que pudiera haber protagonizado su padre, pero alienta también el surgimiento de una corte paralela a la que pudieran acudir aquellos que pretendan ampararse en el rey emérito para desestabilizar a las instituciones en un tiempo de crisis social y económica como el que se avecina tras el covid. Abandonar la Zarzuela es un último servicio a la monarquía y a la democracia, pero hacerlo camino del exilio es un mal servicio". 

Hay más noticias, pero no son buenas. Por ejemplo: "El Ibex cae el triple que el resto de índices europeos en la nueva normalidad". Se trata de una pieza de Crónica Global que firma Raúl Pozo y cuyo subtítulo explica que "la bolsa española ha retrocedido un 6%, penalizada por los rebrotes del Covid-19, los vetos a la llegada de turistas y las cifras macro, mientras París y Milán apenas pierden un 2% y Fráncfort sube". Así empieza el texto: "La nueva normalidad no le ha sentado nada bien a la bolsa española, que ha vuelto a sufrir, como en otros momentos de la crisis del coronavirus, la discriminación de los inversores frente al resto de plazas de su entorno. La incertidumbre en torno a los rebrotes del Covid-19 y el golpe asestado a la economía por las recomendaciones de países exportadores de turistas han hecho que el Ibex 35 acumule un retroceso del 6% desde que terminó el estado de alarma, el triple que parqués como París o Milán".

4 de agosto, santoral: Aristarco, Eleuterio de Tarsia, Eufronio de Tours, Ia, Jacinto de Roma, Juan Maria Vianney, cura de Ars y patrón de los sacerdotes, Onofre eremita, Rainero de Split y Ruben estilita.