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Primeras planas

Funeral convergente y fiesta mayor en Tabarnia

Mas no digiere la sentencia del Palau y Puigdemont no digiere a Mas. Los fugados no renuncian al acta. Boadella será nombrado hoy primer presidente de Tabarnia

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El Palau del saqueo, la letrina del oasis y las cañerías del dinero negro convergente. Prisión para Millet, Montull, su hija y el extesorero convergente Daniel Osàcar. Y 6,6 millones de euros de multa a Convergència por el expolio. Artur Mas brama que es inocente por las esquinas. Se le afloja el tupé porque donde pone Osàcar, todo el mundo lee Mas, que era su jefe, el responsable, sin cuyos méritos y concurso el atropello continuado no habría sido posible.

Mas se delata porque no calla y pone en riesgo los delicados entramados de influencias que impidieron que fuera él quien se sentara en el banquillo. Puigdemont, en cambio, se delata porque calla, como si nunca hubiera tenido el carné. Convergència es un catálogo hipotecario de sedes embargadas. El PDeCAT ya no es nada, un invento efímero en el que mandan un puñado de no electos tirados en la cuneta por un Peter Pan con flequillo que se sacó de la manga Junts per Catalunya. Ha demostrado ser más listo que Junqueras, Mas, Madí, Homs y todas esas lumbreras que se cargaron primero Convergència y ahora esa castaña pedecatatónica

Arcadi Espada resume en columna de El Mundo lo pasado y presente en las fosas sépticas del nacionalismo: "La sentencia del Palau ocupará grandes titulares, pero tiene una relativa importancia. Sobre la corrupción económica del catalanismo todo quedó dicho el 26 de julio de 2014 cuando Jordi Pujol y Soley confesó quién era. Sobre la corrupción moral del catalanismo la fecha es la del pasado 21 de diciembre cuando en una Cataluña rota dos millones de alienados xenófobos demostraron lo que eran también. La convergencia de esa doble mentira. Eso fue todo".

Ahora toca Parlament. Ni huidos ni presos renuncian al acta. Han jurado la Constitución a su manera, con coletillas sobre los imperativos legales y los mandatos populares. Falsos testimonios en estado puro para prolongar la agonía. En El Independiente, Victoria Prego describe posibles escenarios: "Lo que el estrafalario expresidente de la Generalitat podría estar rumiando es protagonizar una historia de aquí te pillo, aquí te mato, de modo que él se presentara en carne mortal, acompañado por los otros cuatro de Bélgica, y los diputados se apresuraran a votarle antes de que la Guardia Civil o los Mossos le echaran el guante. A él y a los acompañantes en la aventura bruselense. Esa hipótesis sería muy del gusto de Puigdemont porque él cree que con esa jugarreta España se vería obligada a explicar a las democracias occidentales cómo se atreve a meter en la cárcel a un presidente de la Generalitat recién elegido por la cámara".

Sigue Prego: "Pues si hay que hacerlo así, no le quepa ninguna duda de que se haría. Pero mucho me temo que lo que más le importa al señor Puigdemont de toda esta historia es evitar pasarse entre rejas los próximos meses o años. De manera que no va a venir, que se va a quedar en Bruselas y va a intentar presionar a ERC para que ignore el informe de los letrados y, tirando por la calle de en medio, lo invista en espíritu o en una sesión de ouija si hace falta".

Portada de 'El País' del 16 de enero de 2018El fabuloso mundo de Puigdemont y sus derivadas ocupan la pluma de Felipe Benítez Reyes, que signa un recomendable artículo en El País sobre el Carnaval y la decapitación del expresidente catalán: "Desde el levantamiento de la prohibición de los carnavales gaditanos, que las autoridades franquistas transformaron en unas reglamentadas 'fiestas típicas', las agrupaciones han pasado revista severa –muy severa- a la familia real, al gremio político, al clero, a los banqueros y a cuanto se les haya ocurrido y antojado. (También hemos oído, por raro que parezca, una defensa de la independencia catalana). En general, la denuncia es menos iconoclasta que reivindicativa: la expresión de un descontento profundo a través de una formulación entre burlona y senequista, pues el carnaval no aspira a ofrecer soluciones, sino escenificaciones".

Conclusión del autor: "El hecho de que algunos se sientan ofendidos por una representación burlesca no deja de ser el ejercicio de un derecho emocional, sin duda extrapolado, pero también una ligera desorientación intelectual: la confusión entre lo real y lo fingido, entre el disparate bufo y el sentido común. Porque el carnaval es el tiempo de las libertades irracionales, no de la razón. De modo que tal vez no merezca la pena adelantar la Cuaresma, que, entre cosa y cosa, viene a durar el resto del año".

Tabarnia sigue de fiestas patronales bajo la advocación de San Jodiendo, gerundio y estilita. David Jiménez Torres aporta una columna en El Español sobre las virtudes de la nueva patria frente a quienes se ponen realistas: "Llama la atención, en este sentido, que asome cierta fatiga en algunos sectores del constitucionalismo ante el fenómeno tabarnés. Las prevenciones son razonables, y van desde la preocupación por estar descendiendo hacia la mentalidad nacionalista -el ‘a lo mejor alguien se lo toma en serio’- hasta el deseo de no invisibilizar a los constitucionalistas de Tractoria. Pero vale la pena ver el vaso medio lleno: Tabarnia ha logrado capturar la imaginación del anti-independentismo de una forma vibrante y distinta, y esto se antoja indispensable en la movilización a la que seguirá abocando el cerrilismo indepe".

Sabino Méndez pregona en La Razón el nombramiento hoy y por vía telemática del primer presidente de Tabarnia, el molt honorable Albert Boadella, al que cubre de elogios, como es propio en tan magnas e históricas ocasiones: "Uno de los más grandes, Albert Boadella, ha detectado perfectamente cuanto de grotescamente cómico había en las urgentes y constantes apariciones por Skype del expresidente. Porque Carles Puigdemont, patéticamente, quiere mantener vivas las llamas de la atención para que no se olviden de él. Y dado que Boadella, pese a sus detractores, sigue siendo grande, muy grande, y tiene toda una vida de experiencia con la sátira, sabe cuánta comicidad hay en las representaciones de los políticos desesperados. En otros países, artistas como Darío Fo han alcanzado el Nobel por menos razones, casi tan solo por compartir con el catalán esos rasgos del arte que incide en la realidad sociológica de su entorno. Albert Boadella ha hecho esa tarea repetidamente en nuestro país pero, además, con más carpintería teatral, más multiplicidad de niveles y más complejidad técnica y estética que el dramaturgo italiano".

Visca el president Boadella!

16 de enero, santoral: Furseo, Juana, Marcelo, Otón y Triverio.