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Primeras planas

¿Está el enemigo? Que se ponga: Mariano al aparato

El presidente del Gobierno en funciones se someterá a una sesión de investidura con pinta de salir fatal. Todas las claves de la broma telefónica. Rajoy es un tipo agradable que en 24 horas monta una "party"

Pablo Planas
8 min
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Mariano Rajoy ha decidido someterse a una sesión de investidura abocada al fracaso. Pedro Sánchez se mueve por el cuadrilátero como Cassius Clay. Veloz juego de piernas y jabs de izquierda como aguijonazos de avispa asiática. El aspirante va ganando a los puntos mientras que Rajoy, O'presidente, baja la guardia y ofrece el mentón y el hígado. Se espera que saque su mítica mano derecha, pero de momento se la guarda a la espera de que a su rival se le acaben las fuerzas.

Para El País es un combate nulo aliñado por el esperpento de Mariano al aparato. "Rajoy no puede, Sánchez no debe" es el titular del editorial, del que extractamos un par de párrafos: "Resulta sorprendente la pasividad de Rajoy y su nula inclinación a insistir, negociar y suministrar a la opinión pública y a sus potenciales aliados argumentos creíbles para borrar las diferencias con que los partidos se presentaron ante los electores y defender propuestas de interés común".

Y: "Rajoy no enseña sus cartas, apenas habla y —según supimos ayer por su boca— tiene mucho tiempo libre, pese a los serios problemas de este país que deberían ocupar su atención. Su quietud irritante, mientras todo se mueve alrededor, puede significar un intento de retrasar la apertura de la operación sucesoria en su partido o la íntima confianza de que nadie podrá ser jefe del Ejecutivo con la actual composición de la Cámara y, por tanto, que solo ve posible la repetición de las elecciones y guarda fuerzas para ese momento".

Tiempo libre. Ahí se las dan todas a Rajoy. ¿Cómo puede tener tiempo libre un presidente del Gobierno? ¿Pero quién le lleva la agenda? ¿Quién asesora a ese hombre? ¿Cómo le dejan ponerse al teléfono? ¿Qué hace con ese tiempo? ¿Matarratos o pasatiempos? Es un temazo porque no todos los días se tiene la oportunidad de escuchar una conversación teléfonica de don Mariano. Y resulta que es un tipo simpático, agradable, que nunca tiene un no por respuesta. Está claro que quien no quería dialogar era Mas porque lo que es Rajoy, en 24 horas monta una quedada, pim pam.

En El Mundo explota la veta Jorge Bustos: "La broma del falso Puigdemont parte de un humorista catalán, que no siempre es un oxímoron aunque en este caso lo parece, hasta el punto de que el bromista, asustado (como cualquier español) de la facilidad con que había llegado hasta la oreja misma del presidente del Gobierno, renuncia a culminar la gamberrada y termina presentando sus respetos y haciendo una llamada al entendimiento. El episodio completo resulta estupefaciente. No hace gracia porque el imitador no la tiene, pero tampoco causa indignación porque el burlado encaja con la campechanía habitual. Total, que los tertulianos debaten ahora sobre la ejemplar o la reprobable disposición de Rajoy al diálogo con un golpista juramentado".

Todo esto es como lo de las bromas de Bart Simpson al pobre Mou. Ya saben: ¿Está Al? ¿Quién? De apellido Cohólico. Es un género de la radiofonía, la llamada del imitador a un prenda más o menos importante. Debería haber un ondas para el telefonazo del año. Sin nadie al otro lado, Gila lo bordaba. ¿Está el enemigo? Que se ponga.

A Pilar Rahola, en La Vanguardia, hay cosas sobre el particular que no le cuadran: "Por un lado, el entusiasmo que demuestra Rajoy ante la idea de reunirse con Puigdemont, en contraste con sus inflexibles declaraciones públicas. Y por añadido, la prisa que demuestra para que la reunión se produzca. Ambas reacciones permiten preguntarse si Rajoy es el presidente del no a todo, incapaz de resolver por la vía política un conflicto territorial, o simplemente es un político atrapado por el personaje que ha dibujado su partido. Porque lo que se infiere de la reacción es que el presidente español estaría encantado de reunirse con el presidente catalán, a poder ser tan pronto que debería ser para ayer, pero necesita que sea el Palau de la Generalitat el que haga la llamada. Al final todo el lío catalán va a reducirse a quién descuelga el teléfono. Lo cual añade patetismo a la situación, primero porque demuestra hasta qué punto la política es prisionera de la gestualidad; segundo, porque hay demasiada testosterona en los gestos, tú primero, no tú primero, etcétera, y tercero, porque confirma el enorme error de la Moncloa de haber cerrado las líneas telefónicas. En conclusión, la que surge de los propios signos de Rajoy: este hombre no tiene ninguna posibilidad de ser el presidente".

No obstante, Rajoy lo va a intentar y hasta puede que se salga con la suya porque no hay nadie más calmo que él en la política nacional. Rodeado de cocodrilos y dragones de Komodo tiene el temple de Frank de la Jungla y ese punto del "esto no es serio" que le equipara, por lo menos, con el conde de Romanones.

Un poco de luz. La tribuna en El País de Francesc de Carreras sobre lo que pinta el Rey en todo este tinglado: "No llegar a formar Gobierno, o que el Gobierno sea el resultado de una mayoría presuntamente inestable o incoherente, es un fracaso. Y este fracaso no es atribuible al Rey, ese Rey que no tiene poderes, sino a la incapacidad de llegar a acuerdos sólidos por parte de los partidos, a que estos procuren más por sus propios intereses electorales a corto plazo, que especulen sobre si en unas nuevas elecciones mejorarían sus resultados, que en la necesidad de estabilidad política que en estos momentos se requiere a la vista de las turbulencias económicas que vaticinan los expertos. En los últimos años, la crisis económica ha repercutido en la política, ahora es la inestabilidad política quien puede repercutir en la economía: la situación, pues, se ha invertido. El Rey propone pero no decide. Eso es responsabilidad de los partidos políticos".

Las bolsas rebotaron. Para hoy tocarían pérdidas, pero todos los mercados abren en verde. Cosa de Draghi, que dice estar dispuesto a todo.

22 de enero, santoral: Vicente y Anastasio.