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Primeras planas

El presidente del TC aboga por retocar la Carta Magna

Pérez de los Cobos concede una entrevista a 'La Razón' en la que pide cambios en el Título VIII. El caso Renzi amedrenta al PP

13 min

Día de la Constitución. Cumple 38 años y pretenden someterla a un lifting integral para dar gusto a los nacionalistas, muy descontentos con esa fascistada de que todos los españoles sean iguales ante la ley (artículo 14, capítulo II, Título Primero). ¿Dónde se ha visto tal cosa? ¿Pues cómo va a ser un extremeño igual que un nacionalista catalán? El pensamiento Garganté, ese pedazo de filósofo de la pedrada en el escaparate como origen de la verdadera democracia, es la línea dominante en el bloque del proceso, que ya ha pasado pantalla y considera la Carta Magna papel mojado o quemado, según se esté en el Parlament o en TV3.

Con todo, crece en el resto de España la idea de que hay que reformar el texto, una arriesgada idea que cuenta incluso con el aval del presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Pérez de los Cobos, que no es amigo de dar entrevistas pero que para lo que le queda en puesto ha decidido sincerarse con el periodista de La Razón Francisco Velasco, que lo entrevista para el diario de Planeta. Ahí les dejo un resumen de la entradilla y un par de preguntas:

"Pérez de los Cobos no tiene dudas de que es necesario reformar la Constitución, especialmente en lo que afecta al modelo territorial del Estado. Rechaza de forma enérgica que la sentencia del Estatut, la cual asegura que no ha sido leída «con inteligencia», haya sido el desencadenante del «desafío» catalán. Al finalizar su mandato, regresará a su cátedra de Derecho del Trabajo de la Universidad Complutense de Madrid. Al menos, ésa es su previsión. Otra cosa será lo que el destino le tenga preparado.

–¿Ha llegado la hora de abordar la reforma?

–He sido, creo, uno de los primeros que se han manifestado a favor de la reforma de la Constitución. Hace ahora exactamente dos años publiqué un artículo en el que señalaba que en la vida lo que se quiere conservar hay que reformarlo, y que reformar la Constitución es una forma de cumplirla. Sigo pensando lo mismo, creo que reformar la Constitución es la mejor forma de garantizar su perdurabilidad y eficacia y renovar el consenso social que la legitima. Dicho esto, permítame que haga una llamada a la prudencia. A la hora de abordar las reformas legales y, desde luego, las constitucionales conviene evitar el «pensamiento mágico» y ser conscientes de que la capacidad de las normas de conformar y transformar la realidad es siempre limitada.

– ¿Qué apartados se deberían abordar en esa reforma?

– Lo primero que debiera hacerse al abordar la reforma constitucional es una selección rigurosa de aquellos aspectos que la requieren evitando, desde luego, la impugnación general del texto vigente, pues son muchos los aspectos –la inmensa mayoría– en los que funciona adecuadamente. De otra parte, pretender constitucionalizarlo todo es una manifestación de incultura constitucional, aquellas reformas que son hacederas a través de la ley deben hacerse sin tocar la Constitución. A mi juicio, y lo he apuntado en numerosas ocasiones, la reflexión debería centrarse en el Título VIII (relativo a la organización territorial), que pergeñó un modelo de Estado abierto y en buena medida indeterminado que ha resultado problemático. Basta ver, para comprobarlo, la conflictividad territorial que ha acompañado su desarrollo".

El editorial de El País refuerza la idea del cambio, si bien con matices relativos a la posición de los nacionalistas: "Otras propuestas de reforma constitucional fueron abandonadas antes, bien porque no existía un consenso tan amplio como el logrado en 1978, bien por el temor a que los nacionalistas forzaran demandas inasumibles para gran parte de los españoles. Esta segunda dificultad no debería primar a la hora de volver a pensar el pacto constitucional, puesto que los que se han subido a la oleada secesionista han dejado atrás la idea de la reforma. Se les debe invitar a participar en el intento, pero en ningún caso se trata de constitucionalizar la ruptura con España, sino de corregir las debilidades del modelo territorial del Estado".

En la prensa digital destaca la crónica en Voz Populi de José Alejandro Vara sobre las implicaciones italianas en la reforma española y el escepticismo de los votantes: "El batacazo de Renzi se ha aprovechado en algunas instancias del PP para recordar que reformar la Constitución no es asunto que deba abordarse desde la improvisación o el interés partidista. "No es un jueguecito", comentaba un alto cargo del partido en el Gobierno. Alfonso Alonso, líder del PP en el País Vasco, secundó esta postura al reclamar prudencia al abordar cualquier tipo de retoques de la Carta Magna. Renzi ha mostrado los riesgos de lanzarse a una piscina sin agua. Y en el PP están aprovechando el ejemplo. Albert Rivera, ferviente defensor de abordar algunos cambios en nuestra norma Fundamental, reclamaba este lunes que lo ocurrido en Italia ‘no puede servir de excusa para el inmovilismo’".

Continúa: "Algunas fuentes del Gobierno han deslizado en los últimos días la posibilidad de que la Constitución pueda acoger algún tipo de ‘gesto’ hacia Cataluña, más de cariz cultural, lingüístico o económico, que estrictamente jurídico. Santamaría controla el cuadro de mandos de esta ‘Operación Cataluña’. El barómetro del CIS, conocido la víspera del cumpleaños de la Constitución, insiste en un punto que apenas ofrece, año tras año, modificaciones. La mayoría de los españoles no quiere cambio alguno en la actual organización territorial, salvo los votantes del PP que optan por pronunciarse a favor de disolver la España de las autonomías. Al votante conservador español le agrada el centralismo francés y le horripila el federalismo asimétrico del que habla el PSOE, o el “derecho a decidir’ del que habla Podemos".

Como hoy es fiesta, algunos concejales y alcaldes pintureros del soberanismo han decidido abrir las puertas de sus consistorios para demostrar que la cosa no va con ellos, unos estajanovistas del copón, sobre todo el 12-O y el 6-D. En el Abc, Àlex Gubern describe en su crónica la nueva estrategia gubernativa para hacer frente al desafío: "Contención y evitar más ruido del necesario. La celebración hoy, o todo lo contrario, del Día de la Constitución va a convertirse en un termómetro de la situación política en Cataluña, entre la política de deshielo que pretende el Gobierno y el «nada que celebrar» del independentismo".

Sigue: "A un lado, y aunque bajando en cierta medida el tono, PDECat y ERC tratarán de demostrar -por la vía de que sus cargos municipales trabajen- que la fiesta no va con ellos, aunque evitando la retórica encendida que sí practica la CUP. En el otro, Delegación del Gobierno, estrenando su estrategia de contención en el fondo y en la forma, tratará de que la fiesta no acabe convirtiéndose en una plataforma de propaganda soberanista, como acabó sucediendo el pasado 12 de octubre. A diferencia de lo que pasó en los días previos al Día de la Hispanidad, la delegación que encabeza Enric Millo no ha solicitado ninguna medida judicial contra los ayuntamientos que han anunciado que abrirán, todos de la CUP. Tampoco, como entonces, denunciará a los ediles que decidan trabajar. Lo confirmó ayer Millo: «Nosotros no tomaremos ninguna medida preventiva ni ninguna acción extraordinaria, vamos a confiar en la responsabilidad de todo el mundo. Eso hará que todo el mundo actúe de acuerdo con la ley y con lo que se espera de personas que tienen representatividad política». Otra cosa, recordó el delegado del Gobierno, es si se obliga o llama a los funcionarios a trabajar, lo que no parece que vaya a suceder: «Si hay algunos políticos electos que este martes consideran oportuno dedicarse a atender sus cuestiones políticas, que hagan lo que crean oportuno. Se ha de respetar. Yo también trabajaré»". 

¿Cómo? El delegado no descansa, siempre al pie del cañón que bombardea a los nacionalistas con el mantra que antaño usaran ellos mismos: Diálogo, del latín "dialogus", el logos del discurso que persigue el ejercicio de la dialéctica para hallar la idea suprema del Bien, según Platón. Pura dinamita.

Resulta interesante el desconcierto causado en las filas indepes ante el chaparrón artillero del concepto, una especie de boomerang que les ha alcanzado en toda la tocha. 

El mundo es tan grande que no se acaba en Cataluña. He ahí el caso de Manuel Valls, barcelonés de nacimiento, español de bandera y primer ministro francés. Ayer anunció que se presentará a las elecciones presidenciales. En El Independiente, Ana Alonso acomete el perfil de Manuel Valls. Un extracto de la interesante pieza: "Reconoció (Valls) el lunes, al anunciar sus aspiraciones al Elíseo, que quiere que “Francia sea independiente, inflexible en sus valores, frente a la China de Xi Jinping, la Rusia de Vladimir Putin, la América de Donald Trump, la Turquía de Erdogan”. Una de sus preocupaciones es el auge de la extrema derecha. “No quiero que Francia reviva el traumatismo de una extrema derecha en la segunda vuelta… Francia necesita la izquierda”, aseguró el lunes en Évry, rodeado de su madre, Luisangela Galfetti; su esposa, la violinista Anne Gravoin, que conserva su apellido algo poco habitual en Francia, y sus más allegados".

Si Valls no consigue sus objetivos, podría ser una buena opción para reconstruir el socialismo español con ideas claras y a la jacobina manera.

Football Leaks. Un juez madrileño ha prohibido la publicación de más revelaciones sobre las finanzas a lo Rato de las estrellas de la Liga. Cristiano Ronaldo está en el ojo del huracán, como antes Messi o Neymar. Es la otra liga, la de las Islas Caimanes o por ahí. El Mundo, que arriesga gran parte de su audiencia, denuncia en portada la insólita decisión judicial y señala al cerebro merengue: "Modric desvió a una firma de Luxemburgo sus derechos de imagen".

6 de diciembre: Nicolás de Bari, Leoncia, Servio y Tercio.