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Primeras planas

Choque de bloques con PP, CUP y comunes rotos

Las elecciones del 155 enconan la división. Arrimadas, gana; Puigdemont, triunfa; Junqueras, fracasa y Mariano Rajoy se pega el castañazo del siglo

10 min

Resacón en Bruselas. Carles Puigdemont rompió los sondeos y el espinazo de ERC. La astucia de la fuga tiene premio frente a la épica de Estremera y el amor universal de fray Junqueras. El soberanismo ha encontrado en el exalcalde de Girona al verdadero sucesor de Jordi Pujol. El PDeCAT es un fantasma más o menos equiparable al espectro del PP y el expresidente lidera el movimiento independentista. Los sueños de Junqueras quedaron anoche hechos añicos. Se confirma que Artur Mas es gafe y que ERC perdió el vagón delantero. Marta Rovira viaja en tercera. Costará que se le bajen los humos, pero ya salió Toni Comín al rescate: "Junqueras es nuestro vicepresidente legítimo", proclamó sin prejuicios al lado de Puigdemont.

Así es que el independentismo retiene la mayoría absoluta y mantiene intacta su bolsa de votantes. ERC y la CUP salen de las elecciones muy debilitados. Quedan a expensas de Puigdemont, que goza en el limbo de las mieles del triunfo. Comienza la cuenta atrás para su regreso en medio de mayúsculas incertidumbres judiciales. 

En la contraparte, amarga victoria de Ciudadanos, tan histórica como estéril. Más plástica incluso resulta la derrota monumental del PP. Mariano Rajoy se equivocó. Las elecciones del 155 no eliminan la mayoría nacionalista. sólo a su partido. Dramática caída. La sonrisa tipo Gioconda de Inés Arrimadas es sal en la herida monclovita y también en el PSC, cuya operación neoconvergente se revela como un experimento del doctor Bacterio.

La Cataluña que salió a las calles el 8 y el 29 de octubre en dos manifestaciones tan masivas como las del nacionalismo ha optado por fiar la defensa de sus convicciones a Ciudadanos. En Cataluña no hay eje izquierda/derecha sino dos bloques capitaneados por Arrimadas y Puigdemont. Los nacionalistas podrán gobernar e incluso ningunear a la CUP. Está por ver que el nuevo partido del pastelero de Amer adapte sus pretensiones a la realidad y la legalidad vigente. La euforia debería dar paso a un proyecto de gobierno ajeno al procesismo, pero no es previsible que eso ocurra.

Han cambiado muchas cosas. La primera, la victoria de Ciudadanos, pero el dato queda ensombrecido por el auge de Puigdemont. Frente a la tesis de que el independentismo sigue en el monte, Enric Juliana considera en texto para La Vanguardia que deberá cambiar de objetivos: "España ya ha ganado: la independencia ha sido frenada, con el concurso activo de la Unión Europea y la secretaría de Estado norteamericana. El sistema España no ganó ayer más de lo que ya tenía ganado en términos de autoridad del Estado. Lo que viene ahora es distinto. Ahora viene un gobierno de independentistas sin independencia. Veremos cómo lo enfocan con una CUP necesariamente radicalizada después de perder más de la mitad de sus escaños. No será fácil sin la búsqueda de otras alianzas o acuerdos parlamentarios. No puede decirse que gana España –ni que sea para provocar– cuando el partido que gobierna España acaba de pegarse un batacazo descomunal en Catalunya. En todo caso, gana Ciudadanos. Gana el partido de Albert Rivera una posición de alto valor simbólico en toda España. El primer puesto de Ciudadanos es una novedad importante, fruto directo de la radicalización soberanista y de la consiguiente polarización de la sociedad".

Portada de 'El Periódico' del 22 de diciembre de 2017 / CGSigue Juliana: “Tenim pressa!”, decían los insensatos. Pues aquí lo tenéis. Inés Arrimadas con los laureles del partido más votado y con un resultado colosal en el área metropolitana de Barcelona y en Tarragona. Una sociedad dividida. Una economía tocada. Un rompecabezas que llevará años recomponer. La victoria de Ciudadanos sobre el Partido Popular –37 diputados frente a 3– es una bofetada que se oirá hasta en la otra orilla del Atlántico. ¡37 a 3! El PP queda desarticulado en Catalunya. ¿Se puede gobernar bien España con menos del 5% de los votos en Catalunya? ¿Se podría gobernar bien Italia con menos del 5% en la Lombardía? ¿Se puede gobernar bien Francia con menos del 5% en Lyon?".

En las primeras brumas del día todo es confusión, datos contradictorios y una enorme fatiga. Sobre todo entre los derrotados. En el mismo diario de Godó, Francesc Marc Álvaro firma un análisis en el que subraya la inmejorable posición de los independentitas, pero también la conmoción que puede crear con el paso de las horas el dato ciudadano: "El 21-D no ha resuelto el problema, sólo nos regala una foto más precisa del país. En teoría, estamos donde estábamos. Los independentistas podrán gobernar, revalidan la mayoría pero no la refuerzan ni en escaños ni en porcentaje, cono querían. Además de perder el primer lugar en la prelación de los resultados, los partidos independentistas no superan el umbral del 50%, no consiguen ganar con rotundidad el plebiscito que contenían estas elecciones, como ya ocurrió el 27-S del 2015. El independentismo ha tocado techo y, a pesar de la gran movilización de sus bases, no amplía su perímetro ni consigue atraer a votantes del otro bloque (que crece en escaños) ni del espacio intermedio, los comunes. Estos, a pesar del apoyo de Colau, han perdido posiciones, seguramente más por sus giros y ambigüedades que por su supuesta equidistancia. Por otra parte, Iceta no ha podido hacerse un lugar como vendedor de terceras vías y desmarcarse de los discursos revanchistas de Cs y PP".

En El Periódico, Antón Losada firma una columna en la que pasa cuentas con Rajoy: "Hace tiempo que el 'marianismo' asumió que el discurso que rentabilizan en el resto del Estado les deja fuera de la competición en Catalunya. Esa estrategia no va a cambiar, con o sin mayoría independentista y con o sin Carles Puigdemont al frente. El cálculo es que los frutos del 155 y la confrontación con los nacionalistas caigan maduros en las próximas generales, no recoger ahora una cosecha que parecía imposible. Pero la rotunda victoria de Ciudadanos en el bloque no nacionalista agrava un problema ya revelado en los comicios de 2015: se ha visualizado aún con mayor claridad cómo, con el acelerante de la corrupción, resulta posible y probable un relevo en el liderazgo de la derecha que convierta a los naranjas en fuerza de gobierno y a los azules en partido de apoyo".

Toni Soler realiza una ponderada lectura de los resultados en Ara y receta realismo a las filas soberanistas: "La renovada majoria independentista exigeix la retirada de l’article 155, de la intervenció de l’autonomia i de les intimidacions i els abusos de poder a què ens hem hagut d’acostumar en aquest funest interregne. Després, caldrà entendre que, tot i que el resultat sobiranista és molt meritori, el seu percentatge continua al voltant del 48% i, vistos els precedents, caldrà ajustar el full de ruta, revisar les estratègies i mirar a banda i banda a la recerca de socis. Però abans de tot això, cal dilucidar el futur de Puigdemont i el seu govern. I aquesta és una qüestió enverinada que, si no s’afronta, pot bloquejar la situació política. Espanya té un problema. Un problema dels grossos".

Resulta imposible calibrar qué efecto tendrán los resultados en las instrucciones judiciales. Los comicios del 155 han sido un terremoto con dos supervivientes. A efectos prácticos, todo conspira para que el Parlament vuelva a ser el escenario de los sueños imposibles en una sociedad partida por la mitad.

La guinda es que Rajoy se ha cargado hasta el sorteo del gordo, que no interesa a nadie. Para este viaje no le hacían falta alforjas ni eso tan ridículo y sospechoso de andar como si se padeciera de lombrices.

22 de diciembre, santoral: Francisca Javiera Cabrini, Hungero, Isquirión, Queremón y compañeros mártires.