Menú Buscar
Representantes de la nueva izquierda: Jaume Asens acompañó a Ada Colau al Tribunal Supremo para asistir a una de las sesiones del juicio por el 1-O / EFE

Urkullu planta cara a la desmemoria de Rajoy mientras Zoido echa balones fuera

Una nueva jornada del juicio del 1-O que los independentistas y sus letrados podrán anotar como victoriosa, aunque en realidad no ha abordado nada de lo que se juzga

9 min

Transitando por arenas movedizas y empantanado en los “no sé” y “no lo recuerdo”, el exministro de Interior Juan Ignacio Zoido, sobre quien este jueves estaban puestas todas las miradas ávidas de conocer quién manejó los hilos tras las cargas policiales del 1-O, se ha visto contra las cuerdas en varios momentos de su declaración como testigo en el juicio del procés, donde, como ya hicieran ayer el expresidente del Gobierno Mariano Rajoy y su exnúmero dos Soraya Sáenz de Santamaría, se ha desvinculado de las instrucciones relativas al dispositivo de seguridad desplegado durante la jornada del referéndum.  

La novena jornada de la vista oral ha arrojado nuevos incidentes y uno de ellos ha sido la intensidad que ha alcanzado el forcejeo entre el exalto cargo del último Gobierno del PP y el abogado de los acusados Joaquim Forn y Meritxell Borràs, Xavier Melero, que ha llevado a Zoido su terreno en un intento de trasladar a las fuerzas policiales los disturbios registrados el día de la consulta. Ninguna de las partes ha logrado, sin embargo, horadar el empeño del exministro por apartarse de las decisiones adoptadas. “No valoro los dispositivos judiciales. Me dijeron que estaban coordinándose y trabajando”, ha dicho.

Una jornada de testimonios interesantes para la crónica política, pero alejados de lo que se juzga en el Tribunal Supremo. Una ocasión perdida desde el punto de vista judicial, aunque las organizaciones independentistas la anoten como una nueva derrota de las tesis del Estado. 

El escapismo

Han sido dos horas y media en las que, para sorpresa de muchos, Zoido ha abrazado la táctica del desconocimiento para dejar sin respuesta preguntas clave en torno a la autoría de las órdenes que se emitieron esa jornada o sobre los criterios que utilizó la Policía a la hora de proceder, pero aseverando, sin embargo, que en ningún momento su actuación fue desproporcionada.

No ha sido el único declarante de peso político de la jornada. La comparecencia del lehendakari Iñigo Urkullu ya había por la mañana sido seguida con atención y profusamente analizada dentro y fuera del Supremo --sus revelaciones han suscitado comentarios entre algunas de las defensas en uno de los recesos de la vista mientras que las reacciones políticas no se han hecho esperar--, máxime cuando, desde el primer momento, su versión ha restado crédito a los rodeos efectuados por Rajoy acerca de sus contactos con el líder del Gobierno vasco, erigido mediador entre Madrid y la Generalitat, durante los meses previos a la celebración del referéndum.

Urkullu, alud de fechas y cifras

Extremadamente contenido y cuidadoso, Urkullu sabía a qué atenerse como testigo y se ha sentado frente al tribunal con una estrategia bien definida: nada de flecos sueltos y sí fechas y horas en mente como si su agenda hubiera permanecido abierta sobre la mesa. Pero no, sobre ésta no había documento alguno y sí sus manos cruzadas en todo momento, cual remanso de paz seguro de no salirse del guion.

Fueron cuatro meses. Y cuatro horas. Cuatro meses --hasta el 1-O-- desde que Carles Puigdemont requiriera a Urkullu para que éste lidiase con el Ejecutivo central en aras a desbloquear la situación de mutismo que se cernía entre ambas administraciones, y cuatro horas la duración del encuentro que el lehendakari mantuvo, el 19 de junio de 2017, con el expresidente de la Generalitat para abordar los cauces a tomar. Entre medias, reuniones y llamadas con representantes del Gobierno, entre ellos Rajoy y Sáenz de Santamaría, que en nada fructificaron y cuyo pormenorizado detalle ha echado por tierra la desmemoria del exlíder del PP.

urkullu puigdemont

Mientras el expresidente era desmentido, quien veía validadas su exégesis era el exconsejero de Empresa y Conocimiento Santi Vila. No en vano fue el único de los acusados que se sientan en el banquillo que hasta el último instante perseveró en alcanzar un acuerdo con el Estado y evitar con ello la aplicación del artículo 155 y el consiguiente cese de los cargos de la Generalitat que habían promovido el proceso soberanista. Y es, además, el único de los 12 procesados a quien se ha dirigido el lehendakari para ofrecerle su saludo y estrecharle la mano cuando pasadas las 10.45 abandonaba la sala donde se desarrolla la vista oral.

La imagen, de hecho, contrasta con el gesto mostrado por el diputado de ERC Gabriel Rufián, quien tras su comparecencia, posterior a la de Urkullu, no ha dudado en saludar a todos los inculpados excepto a Vila.

La comparecencia del lehendakari ha arrojado luz sobre una de las cuestiones clave a debate en la vista: la actitud mostrada tanto por Puigdemont como por Rajoy --y por extensión por los gobiernos que representaban--. En su labor de desatascar la situación, el testigo pudo corroborar que la pretensión del expresidente de la Generalitat fue buscar una vía de diálogo y, la de su homólogo al frente del Ejecutivo central, la de escuchar en todo momento, no “muy dado” a la aplicación del 155 y renuente, por encima de todo, a una negociación que traspasara los límites de la Constitución.

Colau se reblandece ante los acusados

Por su parte, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha optado por la equidistancia, o al menos en apariencia: si en varias ocasiones de su breve alocución ha asegurado no decantarse por la causa independentista --lo que en el plano político le está generando escollos en el trayecto de cara a las elecciones municipales del 26 de mayo--, ha terminado reblandeciéndose ante los acusados al término de su declaración al reconocer que se le “parte el alma al ver a [Jordi] Cuixart en prisión preventiva al igual que el resto de acusados. Podemos tener nuestras discrepancias políticas, pero si por el 1-O estamos hoy aquí, deberíamos estarlo millones de personas”.

Al igual que lo hiciera el presidente de Òmnium Cultural, la primera edil ha defendido que las movilizaciones desplegadas el día del referéndum fueron un acto de desobediencia civil.

Un detalle que se ha producido durante su comparecencia ha tenido lugar cuando Jordi Pina, letrado Jordi Turull, Josep Rull y Jordi Sànchez, se ha dirigido a Colau como “excelentísima señora”, cumpliendo así con el protocolo correspondiente. Sin embargo, es notable el trasiego de títulos durante la vista. Si el expresidente de la Generalitat Artur Mas llegaba ayer a referirse a Puigdemont como “muy honorable”, el primero se convertía nuevamente en “presidente” --como se dirigió a él el abogado Francesc Homs--. Incluso el propio presidente del tribunal, Manuel Marchena ha dejado de erigirse en “excelentísimo señor” --tratamiento protocolario que le es asignado en el organigrama judicial-- para pasar a ser únicamente “señoría”.