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El vicepresidente del Govern en funciones, Pere Aragonès; el presidente de Òmnium, Jordi Cuixart; la presidenta del Parlament, Laura Borràs y la consellera Ángels Ponsa / EP

La unidad independentista se salva a costa de la estabilidad de Cataluña

El acuerdo de mínimos reduce el riesgo de una repetición electoral, pero no aclara si ERC gobernará en solitario o de nuevo con JxCat; ambas posibilidades auguran una legislatura convulsa

6 min
  • En esta nueva vuelta de tuerca procesista, todos los partidos independentistas ganan, pero pierde la estabilidad de Cataluña. El acuerdo de mínimos que ayer suscribieron Junts per Catalunya (JxCat), ERC y CUP para investir a Pere Aragonès salva la unidad secesionista y reduce el riesgo de una repetición electoral, pero arroja mucha incertidumbre sobre el futuro de Cataluña. Si será un gobierno de Aragonès en solitario o de coalición con JxCat es algo que todavía se desconoce. Pero en ambos casos, no hay garantías de un Ejecutivo sólido. Así lo indican las pugnas protagonizadas hasta la fecha por los miembros de este tripartito independentista.

ERC sólo ve posible un gobierno en solitario/ EP

ERC desencalla las negociaciones

No se le puede negar a los republicanos que, con su golpe de timón, hayan desencallado las negociaciones tres meses después de que se celebraran las elecciones catalanas del 14F. Su plante ante JxCat no tenía precedentes, de ahí el desconcierto neoconvergente, que pasó de prometer apoyo con cuatro diputados a ese gobierno en solitario anunciado por Aragonès a vetar un pacto con los comunes. Si el desenlace es adverso --la militancia de Junts se deberá pronunciar sobre los acuerdos--, Esquerra siempre podrá alegar que fue el partido de Carles Puigdemont el que rompió la baraja y provocó nuevas elecciones.

Lo que no queda claro es si Aragonès mantendrá esa predisposición a gobernar en solitario o si contará con los comunes, algo que JxCat no tolerará. En cualquier caso, el republicano tiene garantizada la investidura, pero no un gobierno estable que pueda sacar adelante los presupuestos de la Generalitat y reconstruya puentes con el Gobierno español para gestionar los fondos europeos. Aquí, tanto Junts como la CUP parecen dispuestos a poner trabas a todo lo que sea “confraternizar” con el Estado.

JxCat mantiene la esperanza de la coalición

El secretario de JxCat, Jordi Sànchez, ya se ha dicho, no calibró bien sus palabras cuando prometió ceder los votos de cuatro diputados para que Aragonès fuera investido. “Gratis, no”, replicó Elsa Artadi, vicepresidenta del partido. Y es que, para los neoconvergentes, salir del Govern no solo implica perder centenares de cargos que, debido a la crisis económica, difícilmente podrán recolocarse. Es que, además, de cara a las elecciones municipales, a JxCat les interesa mantenerse en el poder. Y todavía no lo han dicho todo en este culebrón negociador.

La militancia debe pronunciarse sobre los acuerdos alcanzados, fruto del capote que la CUP le ha echado a los neoconvergentes. Expresiones como “embate democrático” se han colado junto al “diálogo” defendido por ERC, en esos cuatro puntos programáticos breves, pero que desencallan la legislatura y que acallan las exigencias de entidades como la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium, que se han movilizado a favor de la unidad independentistas y "el 52%" de los votos secesionistas que, según sostienen, se lograron el 14F.

La CUP triunfa como mediadora

Los antisistema convocaron ayer la reunión a tres que, finalmente, se saldó con el acuerdo de mínimos. Es posible que, siendo el partido menor en escaños, pudiera arrogarse ese papel mediador, sin que ERC o JxCat se sintieran agraviados. Pero también hay interés partidista en esa intermediación.

Que Esquerra eligiera a los cupaires como socios preferentes y que, posteriormente, buscara la complicidad de los comunes había desplazado las negociaciones hacia el eje izquierda-derecha. Un eje que eliminaba de la ecuación a Junts, cuyas políticas liberales están a años luz de los antisistema y de En Comú Podem. No obstante, en la CUP hay diferentes sensibilidades al respecto, por lo que los sectores más identitarios podían verse relegados.

El procés ha demostrado hasta qué punto son influyentes las bases cupaires. De ahí que, al menos por el momento, el partido de Carles Riera haya acudido de nuevo en auxilio de JxCat. Otra cosa es que puedan vetar nombres de consejeros o políticas económicas. Otro factor de inestabilidad a ese futuro más incierto que nunca, pues, como se recordará, los antisistema pactaron con ERC someter a Aragonès a una cuestión de confianza dos años después de la formación de gobierno. Una espada de Damocles que pende, no solo sobre el presidente de la Generalitat, sino sobre la gestión del Govern.