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El último trapicheo exprés de Puigdemont

El 'expresident', apoyado por la CUP, intenta forzar de nuevo las leyes catalanas para evitar la pinza PDeCAT -ERC, favorable a un gobierno simbólico en Bruselas

Carles Puigdemont se pelea con todos, también con los suyos / EFE
07.02.2018 00:00 h.
5 min

La enésima pirueta jurídica de Carles Puigdemont consiste en reformar la ley de presidencia de la Generalitat para dar efectividad a su gobierno desde el exilio. De esta forma, el cabeza de lista de Junts per Catalunya pretende zafarse de la pinza formada por PDeCAT y ERC, que en la reunión mantenida en Bruselas este fin de semana le propusieron una doble presidencia, una simbólica con sede en Bruselas y otra efectiva en el Palau de la Generalitat. “Solo habrá una investidura”, advirtió el diputado convergente Eduard Pujol, tras conocer esa propuesta, con la que los republicanos y la nueva Convergència mataban dos pájaros de un tiro, soslayando una intervención judicial y neutralizando la figura de Puigdemont, cada vez más enrocado en sí mismo.

Pero esa idea, que ya lanzó Oriol Junqueras durante la campaña electoral y que la semana pasada recuperó en una entrevista --la investidura correría a cargo de la Asamblea de Electos de Cataluña, integrada por unos 3.000 diputados, concejales y alcaldes--, no convence al presidenciable. De ahí que, una semana después de que el presidente del Parlament, Roger Torrent, decidiera aplazar la investidura de Puigdemont, provocando la ira de JxCat, todavía no se sepa qué fórmula se utilizará. "El gobierno debe estar en el Palau de la Generalitat, no en Waterloo", ironizaba ayer la portavoz del PSC, Eva Granados, en alusión a la mansión situada en la ciudad belga elegida para acoger ese ejecutivo en el exilio.

El esperado informe de los letrados

Si corre el tiempo o no lo deben decidir los letrados del Parlament, cuyo informe no llegó a tiempo de la reunión de la Mesa y de la Junta de Portavoces celebrada ayer. Parece ser que los juristas se inclinan por dictaminar que, al no haber investidura, no se produjo acto jurídico y, por tanto, no corre el plazo. Es decir, que el 31 de marzo ya no sería la fecha límite para investir al presidente y evitar nuevas elecciones catalanas. Los grupos de la oposición opinan lo contrario.

Por ello, en un nuevo intento de forzar las leyes catalanas --sus allegados lo llaman "astucia"--, el entorno de Puigdemont plantea la reforma de la ley de la presidencia y del Govern, cuyo artículo 4.3 indica: “El candidato o candidata propuesto presenta ante el pleno (del Parlament) su programa de gobierno y solicita la confianza de la Cámara". Como se sabe, el Tribunal Constitucional permite a Puigdemont ser investido, siempre y cuando acuda personalmente. Pero, previamente, debe pedir permiso al juez del Tribunal Supremo, que le investiga por malversación, rebelión y sedición. Algo que no ha hecho.

Lectura única

Los convergentes pretenden hacer esos cambios por la vía de urgencia, es decir, en lectura única, tal como se hizo en la legislatura anterior con las leyes del referéndum y de transitoriedad. Para ello, se reformó el reglamento del Parlament. Los técnicos de la Cámara entienden que, a pesar de que las comisiones legislativas no están constituidas –hay que esperar a que se forme gobierno--, los independentistas sí podrían impulsar esa reforma exprés. “Si la reforma es legal, se respetan los plazos y el dictamen del Consejo de Garantías Estatutarias, sí se podría hacer esa reforma exprés, pero no parece probable que Puigdemont quiera cumplir con esos requisitos”, explican fuentes parlamentarias.

El bloqueo, por tanto, se mantiene en la Cámara y uno de los motivos principales es el pulso que mantienen Junts per Catalunya y ERC. Los republicanos rechazan tomar decisiones que impliquen consecuencias penales para los diputados –y especialmente para Torrent, que preside el Parlament. Asimismo, insisten en la necesidad de gobernar desde el minuto uno y con garantías jurídicas. Solo así, dicen, es posible dar carpetazo a la aplicación del artículo 155 de la Constitución. 

Por el contrario, Puigdemont cuenta con la CUP, que insta a desobedecer y no quiere oír hablar de presidencias simbólicas.

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