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[Examen a TV3] El humor patriótico de 'Polònia'

[Examen a TV3] El humor patriótico de 'Polònia'

El programa ridiculiza a los independentistas de forma suave pero se muestra cruel con los no nacionalistas

09.12.2017 00:00 h.
4 min

Llevaba años desenganchado del programa humorístico Polònia, pero como esta columna es de las que convierten el periodismo en un sacerdocio, el jueves decidí tragármelo para ver si se habían cumplido mis peores presagios. Es decir, que lo que había comenzado como una propuesta divertida y necesaria se había sumado al prusés y convertido en un oxímoron, el humor patriótico. Toni Soler lleva años intentando compatibilizar su vocación de humorista con la de patriota de piedra picada. Cuando aceptó ser comisario de los fastos de 1714, ya intuí que el patriota empezaba a imponerse al humorista, y el Polònia del jueves pasado me lo confirmó.

Se supone que Polònia debería chotearse de todos los políticos, pero en la práctica se aplica un doble rasero: los nuestros, los buenos catalanes, son ridiculizados de manera suave, insinuando a veces cierta torpeza o ineptitud, pero demostrando que son, a lo sumo, unos nobles brutos como Tardà o unos idealistas quiméricos como Puigdemont. Los ajenos --es decir, los malos catalanes y los españoles-- encajan las burlas más crueles y se nos presentan como un tarugo (Albiol), una pija que habla mal el catalán (Arrimadas) o un oportunista bailón (Iceta). En uno de los sketches, Tardà le canta una canción a Pablo Iglesias con mensaje antiequidistante que podría haber sido un editorial del Ara. Reírme, lo que se dice reírme, me reí poco, más allá de la aparición de una doble de la inefable Pilarín Bayés en un supuesto autocar con destino a Bruselas. Toni Soler parece haber dimitido definitivamente de su condición de humorista, como confirma su logorrea en Twitter, donde ejerce de martillo de unionistas, equidistantes y demás gentuza.

Manifestación y misas

Ese jueves, TV3 querría haber ofrecido en directo la gran manifa de Bruselas, pero no lo hizo para ahorrarse problemas con la junta electoral. Lo cual obligó a dedicarle al acto un cuarto de hora en cada Telenotícies (a destacar el discurso histérico de Comín diciéndole al Gobierno español que son una pandilla de franquistas: ¡menos mal que su pobre padre, el de Cristianos para el Socialismo, no ha vivido para ver al niño berreando mentiras desde su seguro seudoexilio!).

Pero el auténtico scoop de la jornada fue en Els matins, donde el excarcelado Rull --quien ya nos había informado de que la comida del trullo es flatulenta: yo de él me querellaría con el Gobierno español por esos gases que, sin duda, deben haber alterado su convivencia con Turull y el ectoplasma de Tururull-- contó que él y Forn iban a misa, pero que a Junqueras no le permitían celebrar el Día del Señor. Tal como es el beato Junqueras, lo suyo debe ser como una desintoxicación del caballo sin pasar por la metadona, así que espero a la mayor brevedad posible una queja de la Iglesia catalana o, por lo menos, una buena homilía del abad de Montserrat. En fin, peor para los habitantes del penal de Estremera: puede que hayan ganado un inquilino, pero se están perdiendo a un monaguillo insuperable.