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Quim Torra recibe el saludo del presidente del Parlament, Roger Torrent (ERC), en presencia de los republicanos Pere Aragonés y Sergi Sabrià / EFE

Torra eligió el formato de su discurso, ERC el contenido

Los republicanos exigieron al presidente catalán dar prioridad al diálogo en su conferencia del lunes. “Que no concretara nada es su problema”, alegan los socios de gobierno

06.09.2018 00:00 h.
6 min

Fue una conferencia pactada en la que ERC exigió poner el acento en el diálogo. El resultado fue una intervención vacua que exudaba agitprop, pero ninguna concreción respecto a la ruta a seguir de los independentistas en los próximos meses. “Si Torra no dijo nada en la conferencia, ya es cosa suya. Pactamos la idea de agotar toda las vías de diálogo. Y cumplió”, aseguran a Crónica Global fuentes republicanas.

La reflexión demuestra, una vez más, la división existente entre los socios de gobierno, Junts per Catalunya y ERC. Incluso hay discrepancias internas en la formación de Carles Puigdemont. Mientras los neoconvergentes quieren redoblar las amenazas y poner de nuevo rumbo de confrontación con el Estado, los republicanos llevan meses soltando lastre de plazos y ultimátums. Apuestan, pues así lo aprobaron en su último congreso, por un proyecto independentista más integrador que permita ampliar la base social.

No a imponer la independencia

Joan Tardà, portavoz de ERC en el Congreso, fue muy explícito: “Si hay algún independentista ingenuo o estúpido que cree que puede imponer la independencia al 50% de catalanes que no lo son, es evidente que está equivocado”. Lo dijo ayer, en plena resaca de una conferencia cuyo formato eligió el equipo del president. “Fue Torra quien decidió el diseño de su discurso. Y obviamente, para no decir nada, hubiera sido mejor no pronunciar una conferencia”, añaden las citadas fuentes.

Previamente, la portavoz del Govern, Elsa Artadi, insistió en ese rechazo a una ruptura a la brava. "Ni la unilateralidad ni la desobediencia son nuestro escenario", aseguró. “Si lo dice Artadi o Torra no pasa nada. Si lo decimos nosotros, nos linchan”, denuncian desde la formación republicana.

Sin embargo, el president no tardaría ni 24 horas en radicalizar su tono y ajustarlo al gusto de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y la CUP, que le reprocharon falta de acción en la implementación de la república catalana. Lo hizo en Waterloo (Bélgica) acompañado de Puigdemont, el expresidente fugado que le ungió sucesor, en el enésimo giro dialéctico de Torra en estos cien días largos de gobierno.

El mismo escenario, pero diferente puesta en escena

En efecto, Torra utilizó el mismo escenario en el que su predecesor, Carles Puigdemont, presentó hace un año el proyecto de ley del referéndum de autodeterminación: el Teatre Nacional de Catalunya. La puesta en escena fue algo diferente pues, en el acto de 2017, JxCAT y ERC se repartieron los papeles. El martes, un sombrío Torra --fondo negro, largo discurso leído, cero improvisación...-- comparecía en solitario y con la consigna, por parte de los republicanos, de pedir “diálogo y, sobre todo, negociación. Persistiremos siempre en ofrecer la mano abierta a España para encontrar, conjuntamente, bilateralmente, una solución política del gravísimo conflicto político entre España y Cataluña”, dijo Torra.

“Oferta permanente de diálogo y negociación políticas con el Gobierno del Estado para hacer un referéndum de autodeterminación acordado, vinculante y reconocido internacionalmente; con un respeto escrupuloso a la democracia y las vías pacíficas”, insistió.

Cero autocrítica, cero debate

Un formato, el elegido por Torra, en el que no hubo coloquio, ni preguntas, ni posibilidad de hacer autocrítica. Tradicionalmente, el curso político se abría en el Parlament con el Debate de Política General. Pero la Cámara catalana permanece cerrada hasta octubre, sin posibilidad de que la oposición ejerza su papel de control del Govern.

“El discurso de Torra sólo pretendía impulsar la movilización de cara la Diada del 11 de septiembre. Hubiera sido mejor que el curso hubiera comenzado con un debate en el Parlament”, aseguraba ayer el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, quien enmarcó las palabras del presidente catalán en la “desorientación y división en la mayoría independentista. Dicen que harán efectiva la independencia, pero trabajan en la autonomía. Que no harán caso a los jueces pero aceptan, la suspensión provisional de los diputados dictada por Pablo Llarena”.

Por su parte, la líder catalana de Ciudadanos, Inés Arrimadas, cree que la conferencia estaba dirigida exclusivamente a "calentar la calle y llamar a la desobediencia" y reprochó al president que en su "discurso de teatro vuelva a despreciar a más de media Cataluña".