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Representantes de las principales instituciones de Cataluña y Quim Torra reunidos tras la cancelación del MWC / EFE

Torra ejerce de presidente en los minutos de la basura

La estampa del presidente de la Generalitat con los agentes económicos y sociales no deja de ser un brindis al sol, una formalidad en la fase terminal de su mandato, pese al efecto positivo

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El presidente de la Generalitat, Quim Torra, ha querido ejercer el cargo en su etapa final al frente de la Generalitat. Esa y no otra debe ser la razón por la que se muestra tan activo en los últimos días en las materias afectas a su condición presidencial. Este mismo lunes, por ejemplo, citó a los principales actores económicos y políticos implicados en la suspensión del Mobile World Congress a fin y efecto de arbitrar medidas paliativas, aunar esfuerzos y explorar nuevas iniciativas. 

Magnífica foto de unidad. Se debería haber producido antes de la cancelación del certamen, pero nunca es tarde para aparentar cohesión y fortaleza social. Dada la bondad del intento hasta cabe pasar por alto el interés partidista de Torra y su forzada atención respecto a la materia del futuro económico de Barcelona, algo que no ha formado parte precisamente de los objetivos de su agitado y rocambolesco mandato.

Brindis al sol

La estampa de Torra con los agentes económicos y sociales no deja de ser un brindis al sol, una formalidad en la fase terminal de su presidencia, un recuerdo de última hora de lo que tendría que haber sido su trayectoria al frente de la Generalitat, recoser heridas, reducir la fractura social, rearmar a la sociedad y superar el proceso. Si estaba capacitado para ello nunca se sabrá porque desde el primer momento se dedicó al activismo independentista y en lugar de reunirse con los representantes del tejido social se dedicó a arengar a los Comités de Defensa de la República (CDR). Una lástima.

En una jornada frenética, Torra se reunió también con las fuerzas secesionistas para preparar la mesa de diálogo con el Gobierno. Si por la mañana dio señales de que podría haber sido un gobernante estándar, por la tarde volvió a su ser al convocar tan solo a los partidos de su cuerda ideológica. Al menos no se preocupa por disimular y con ello no hace perder el tiempo a sus oponentes. Él es así, con ese punto activista que aflora más temprano que tarde. 

Torra, lo que puso ser y no fue

Las reuniones de gobernante y las de activista, en cualquier caso, son intentos poco depurados de ganar tiempo y estirar el mandato como un chicle tras el precipitado anuncio de fin de la legislatura. Con el tiempo muerto sobre la cabeza, los minutos de la basura en el argot del baloncesto, ha descubierto las posibilidades de la presidencia.

Tal vez si hubiera retirado las pancartas a tiempo, si no se hubiera declarado culpable en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña en una estrategia jurídica delirante y si no le hubiera vencido el genio en su última comparecencia institucional aún le quedaría crédito presidencial. Pero no es el caso y la única foto que se espera ya de Torra es la del calendario con un círculo en rojo sobre el día de las próximas elecciones autonómicas. Y eso pese a que la reunión con el tejido económico fue positiva.