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El expresidente Quim Torra, el vicepresidente Pere Aragonès y el consejero de Enseñanza Josep Bargalló, durante una visita a la escuela Francesc Macià de Barcelona / JORDI BEDMAR

De la tercera hora de castellano al proyecto fallido de Bargalló

El consejero de Educación, que rechaza la última sentencia que ordena impartir un 25% de clases en castellano, intentó flexibilizar la inmersión con un modelo similar al defendido por el PSC

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El paso del tiempo, y una sucesión de gobiernos nacionalistas, han demostrado que resulta imposible debatir sin apasionamiento y con criterios pedagógicos la vigencia de una inmersión lingüística que ahora, de una forma rotunda, ha cuestionado una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC).

Evitar dos líneas educativas segregadas, una en castellano y otra en catalán, fue el argumento más utilizado por los convergentes, para incluir en su Ley de Política Lingüística la utilización del catalán como lengua vehicular en la enseñanza. Ese modelo sería refrendado posteriormente por la Ley de Educación de Cataluña (LEC), aprobada con los votos de CiU, PSC, ERC e ICV-EUiA.

El candidato por ERC a la alcaldía de Barcelona, Ernest Maragall / EFE
El exconsejero de Educación y actual lider de ERC en la alcaldía de Barcelona, Ernest Maragall / EFE

De ahí que los socialistas nunca se atrevieran a abrir el melón de la revisión de un sistema que la Justicia tumbaría en repetidas ocasiones. Y cuando lo hicieron, callaron rápidamente. En 2007, el entonces consejero de Educación, Ernest Maragall --entonces militante socialista, aunque después se pasó a ERC--, propuso introducir una tercera hora de castellano en las escuelas catalanas, tras constatarse que en la mayoría de ellas ese idioma era testimonial y en algunas zonas de la Cataluña interior los alumnos no dominaban el español. La propuesta no se llegó a aplicar por el escándalo suscitado entre los nacionalistas y entidades favorables al monolingüismo escolar.

Desde entonces, se sucedieron las resoluciones judiciales a favor de ese 25% de clases en castellano. Incluso el Tribunal Constitucional dictaminó que una lengua no podía tener un rango superior respecto a otra en una comunidad con dos idiomas oficiales.

El documento de Bargalló

Hace dos años, el consejero de Enseñanza, Josep Bargalló, el mismo que ayer rechazaba el último fallo del TSJC, propuso flexibilizar de facto la inmersión, en el documento El modelo lingüístico del sistema educativo en Cataluña. El aprendizaje y el uso de las lenguas en un contexto educativo multilingüe y multicultural. Este informe venía a decir algo tan razonable como que era necesario reforzar en castellano en centros escolares donde el catalán tenía un fuerte arraigo social. [ Puede leerse en este enlace ]

“En los contextos en los que el castellano no tiene fuerza social y no es la primera lengua de buena parte de los alumnos habrá que hacer un enfoque didáctico cercano al que usamos con las segundas lenguas (inmersión lingüística en el caso del catalán). Si el número de horas de exposición a esta lengua no fuera suficiente para alcanzar, al terminar el sistema educativo, el mismo nivel de catalán y de castellano, el centro deberá decidir, en su proyecto lingüístico, incorporar bloques de contenidos curriculares en castellano y planificar actividades que potencien la expresión oral de los alumnos”, indicaba ese documento, que tampoco se llegó a aplicar debido al revuelo provocado en la comunidad educativa. Y también por la presión de la muy subvencionada Plataforma per la Llengua, conocida como la ONG del catalán, su incitación a delatar empresas, trabajadores y comercios que solo utilizan el castellano, y su espionaje en los patios escolares.

Miquel Iceta y Eva Granados, en una reunión con la Mesa del Parlament / EFE
Miquel Iceta y Eva Granados, en una reunión con la Mesa del Parlament / EFE

Más recientemente, el PSC abordaría por fin ese tema tabú en su congreso de diciembre de 2019. El borrador de la ponencia marco de los socialistas denunciaba la “instrumentalización” de la lengua por parte de los nacionalistas, “especialmente en la escuela”, y apelaba a la diversidad lingüística “defendiendo el catalán y el castellano a través de un modelo plurilingüe en la escuela” con la “flexibilidad” que requiera la “realidad sociolingüística”. Un modelo muy parecido al de Bargalló.

Pero ese asunto genera discrepancias internas. Mientras Miquel Iceta quiere pasar de puntillas sobre el debate de la inmersión y algunas agrupaciones se niegan a tocarla, Eva Granados es más favorable a abordarlo. Por lo que, finalmente, matizó su propuesta final, aunque en la línea de garantizar el dominio de ambas lenguas al final de la educación obligatoria.