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Pablo Casado, en su escaño, en la sesión de control en el Congreso / EP

La tenaza de Aznar condiciona a Casado para llegar a un acuerdo con Sánchez

El líder del PP gana tiempo y se reunirá con Sánchez la próxima semana, con la exigencia de un programa concreto para afrontar la reconstrucción económica

7 min

Con los postulados de Aznar y de Faes, pero con libertad de movimientos y con la necesidad de dejar claro que es el líder de la oposición y que tiene autonomía para llegar a acuerdos con el Gobierno de Pedro Sánchez. Ese es el terreno de juego en el que se mueve Pablo Casado, que siente la tenaza de Aznar, aunque pueda estar en gran medida de acuerdo con la posición del expresidente del Gobierno. Casado se entrevistará con Pedro Sánchez, pero lo hará la próxima semana, cuando los equipos de Moncloa y del PP puedan establecer algún guion de lo que se pretende abordar.

La posición de Casado es delicada. Su entorno señala que se puede y se debe aproximar al Ejecutivo de Pedro Sánchez, pero no de cualquier forma. El líder del PP necesita ser reconocido y tener un trato preferente, dado que su partido sigue muy pendiente de los pasos de Vox, con su líder, Santiago Abascal, totalmente desbocado y dispuesto a derribar al Ejecutivo de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos.

Un plan, una hoja de ruta detallada

Lo que exige Casado es “un plan”, una hoja de rota sobre lo que se pretende, no ahora, no a corto plazo, sino a medio, para “reconstruir” la economía española una vez se esclarezca la crisis sanitaria, y se tomen los primeros pasos para dejar a un lado el confinamiento de la población. El planteamiento de Casado no es distante del que propone Faes, el think tank que lidera José María Aznar. No lo puede ser, porque comparte las cuestiones de fondo, pero el líder del partido conservador precisa de un margen de maniobra que podría obtener si también Sánchez se lo facilita.

El núcleo central del problema es Unidas Podemos. El PP hará de ello su principal campo de batalla. Pero no se trata tanto de un ataque a lo que se considera un partido “populista” como a la necesidad de atacar “la incoherencia” de Sánchez.

Pablo Casado, durante su intervención en el Congreso en la sesión de control al Gobierno / EP
Pablo Casado, durante su intervención en el Congreso en la sesión de control al Gobierno / EP

Un pacto interno

 ¿Por qué? El punto de partida es claro y se expresa con convicción: es el Congreso el que debe ser el protagonista de los distintos acuerdos, los que se planteen, en fiscalidad, en ayudas concretas a diferentes sectores, en posibles reformas, en la llamada renta mínima o renta básica que se pueda formular (un de los grandes escollos). Y antes de llegar a esos acuerdos, el PP quiere saber “cómo Sánchez los lleva a otros partidos después de que los pueda consensuar en el interior de su propio Gobierno de coalición”.

Es decir, lo que no quiere Casado es hablar con Sánchez simplemente para que el presidente del Gobierno pueda tener una plataforma de diálogo sin demasiado contenido, y gobernando sin ninguna fisura con Unidas Podemos. Si se quiere un “tiempo nuevo”, como reclama Sánchez, éste deberá decidir sobre sus propios socios hasta ahora. Esa es la obsesión que muestra Faes en sus notas editoriales. Este mismo miércoles lo expresó de forma contundente: “La última pirueta de Sánchez es invocar el nombre de los Pactos de la Moncloa para asociar su imagen a la política de consenso de la Transición. Sin embargo, puede que sea demasiado tarde para sacar una nueva tajada de la política entendida como ejercicio de marketing. El líder del PSOE ya no es el candidato sin ataduras que podía jugar a reinventarse sin pagar un precio excesivamente alto por ello. Hoy Pedro Sánchez es un político obligado por las decisiones que ha tomado para subir a la cima del poder. Sobre todo la más importante: llegar a La Moncloa con el apoyo de todas las fuerzas antisistema a las que un día decía combatir”.

El encuentro se producirá

Esa es la cuestión de fondo, que el PP pueda suscribir algún acuerdo con un Gobierno que surgió, después de unas elecciones, tras una moción de censura en la que Sánchez logró el concurso de Unidas Podemos y los partidos nacionalistas vascos e independentistas catalanes. Y, aunque Sánchez en sus intervenciones ha dejado claro que no se moverá del marco de la Constitución de 1978, el PP se agarra a los “socios” independentistas y “populistas” para marcar todas las distancias posibles.

En todo caso, tanto el PSOE como el PP saben que esa imagen, la de una primera reunión entre los dos líderes, será necesaria y será posible. Otra cosa es cómo se traduzca después, con qué acuerdos concretos se pueda rubricar. Casado tiene interiorizado que deberá ser Sánchez quien deba encontrar un camino con su Ejecutivo, y poder, después, pasar cuentas.

La advertencia de Faes, sobre esa apuesta, es definitiva: “Si Sánchez plantea los pactos como una forma de apuntalar su fórmula de gobierno con Podemos y los demás acompañantes, simplemente fracasará. Si el PSOE se abre a una cooperación leal, abandonando iniciativas y compañías desestabilizadoras del marco constitucional y con una hoja de ruta razonable y pactada para salir de la crisis que tenemos encima, la aritmética parlamentaria no debería ser su mayor preocupación”.